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Los cuatro humores y su influencia en la medicina antigua

Publicado 2. junio 2025 Actualizado 23. junio 2026

¿Cómo afectaron los cuatro humores a la medicina antigua?

Durante más de dos mil años, la medicina occidental estuvo guiada por una sola idea central: la salud es equilibrio y la enfermedad es ruptura de ese equilibrio. El sistema que articuló esta convicción fue la teoría de los cuatro humores, un modelo que explicaba el funcionamiento del cuerpo humano a partir de cuatro fluidos fundamentales —sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra— cuyas proporciones determinaban tanto el estado físico como el carácter de cada persona. Formulada en la Grecia clásica, perfeccionada por Roma y transmitida a la medicina árabe y europea medieval, esta teoría estructuró diagnósticos, tratamientos y concepciones del ser humano hasta bien entrado el siglo XIX.

Orígenes de la teoría humoral

Las raíces de la medicina humoral se encuentran en la filosofía natural griega de los siglos V y IV a. C. El filósofo Empédocles de Agrigento había propuesto que toda la materia estaba compuesta de cuatro elementos —tierra, agua, fuego y aire—, cada uno con cualidades propias: frío, calor, humedad y sequedad. Los médicos del entorno hipocrático adoptaron este esquema y lo trasladaron al cuerpo humano, identificando cuatro fluidos que reproducían esas mismas cualidades en el interior del organismo.

El tratado Sobre la naturaleza del hombre, atribuido a Pólibo —yerno de Hipócrates de Cos (c. 460-370 a. C.)—, constituye la primera exposición sistemática y ordenada de los cuatro humores. Hipócrates es considerado el padre de la medicina occidental precisamente porque desplazó las explicaciones sobrenaturales de la enfermedad —divinas o demoníacas— hacia causas naturales, observables y racionales. Para la escuela hipocrática, el médico debía estudiar al paciente, el clima, la dieta y el entorno, no invocar a los dioses.

Los cuatro humores: propiedades y correspondencias

Cada humor poseía cualidades específicas y se asociaba con un elemento, una estación del año y una etapa de la vida:

  • Sangre: caliente y húmeda, vinculada al aire y a la primavera. Se producía principalmente en el hígado y era el humor más vital. Su exceso daba lugar al temperamento sanguíneo.
  • Flema: fría y húmeda, vinculada al agua y al invierno. Se asociaba con el cerebro y las mucosas. Su predominio producía el temperamento flemático: personas tranquilas, lentas y poco emotivas.
  • Bilis amarilla (o cólera): caliente y seca, vinculada al fuego y al verano. Se generaba en la vesícula biliar y era esencial para la digestión. Su exceso caracterizaba al temperamento colérico: individuos irritables, enérgicos e impulsivos.
  • Bilis negra (o melancolía): fría y seca, vinculada a la tierra y al otoño. Se asociaba con el bazo. Su desequilibrio producía el temperamento melancólico: personas tristes, reflexivas y propensas a la depresión.

Esta correspondencia entre humores, elementos, estaciones y temperamentos no estaba planteada así de forma explícita en los textos hipocráticos originales; fue sistematizada por eruditos posteriores. No obstante, la lógica subyacente —que el cuerpo humano refleja el orden del cosmos— impregnó toda la práctica médica antigua.

La enfermedad como desequilibrio

Para la medicina humoral, la salud dependía de la crasis, es decir, la mezcla armónica de los cuatro humores. Cuando uno de ellos se acumulaba en exceso o disminuía de forma anómala, se producía la discrasia: el desequilibrio que causaba la enfermedad. Este enfoque tenía una consecuencia práctica inmediata: el médico debía identificar cuál de los humores estaba alterado antes de proponer cualquier tratamiento.

Los síntomas se interpretaban como señales del humor problemático. La fiebre alta y la inflamación indicaban exceso de sangre o bilis amarilla; la mucosidad abundante, exceso de flema; el estado depresivo prolongado o la tez oscura, exceso de bilis negra. Las estaciones influían también en el diagnóstico: se esperaba que en invierno predominase la flema y que en verano aumentase el riesgo de enfermedades biliosas.

Prácticas terapéuticas derivadas de la teoría humoral

La lógica del tratamiento era sencilla: si la enfermedad era exceso de un humor, la terapia debía eliminarlo o contrarrestarlo. Si era déficit, había que estimular su producción. De esta premisa se derivaron las intervenciones características de la medicina antigua y medieval:

La sangría y la flebotomía

La extracción de sangre fue el procedimiento terapéutico más emblemático de la medicina humoral. Se realizaba mediante incisiones en venas superficiales con lancetas o mediante la aplicación de sanguijuelas en zonas específicas del cuerpo. La idea era eliminar el exceso sanguíneo que causaba fiebres, inflamaciones y apoplejías. La flebotomía fue práctica habitual desde la Antigüedad grecorromana hasta el siglo XIX, cuando los avances en fisiología y anatomía patológica comenzaron a demostrar su ineficacia y peligrosidad.

Purgas y eméticos

Para expulsar el exceso de bilis o flema, los médicos hipocráticos recurrían a preparados que provocaban vómitos (eméticos) o diarrea (purgantes). Plantas como el eléboro negro se usaban como purgantes enérgicos. Las ventosas, aplicadas sobre la piel para atraer humores hacia la superficie, completaban el arsenal terapéutico.

Dieta y régimen de vida

La modificación de la alimentación era el pilar menos agresivo y más sostenido del tratamiento humoral. Los alimentos se clasificaban según sus cualidades: calientes, fríos, húmedos o secos. Un paciente con exceso de bilis amarilla —un humor caliente y seco— debía consumir alimentos fríos y húmedos. El ejercicio, el baño, el sueño y hasta las actividades del paciente entraban en el régimen que el médico prescribía para restaurar el equilibrio.

La aportación de Galeno y la consolidación del sistema

Si Hipócrates formuló los cimientos, fue el médico grecorromano Galeno de Pérgamo (129-216 d. C.) quien construyó el edificio completo. Galeno sistematizó la teoría humoral en una obra enciclopédica de decenas de tratados que se convirtieron en la autoridad médica indiscutida durante más de un milenio. Integró los cuatro humores con la anatomía, la fisiología y la psicología, y estableció que los desequilibrios humorales no solo causaban enfermedades físicas, sino que moldeaban el carácter y las emociones de las personas.

Galeno también relacionó los humores con tres órganos principales: el hígado (sangre), el corazón (calor vital) y el cerebro (espíritu animal). Este esquema anatómico-fisiológico, aunque erróneo en muchos aspectos, proporcionó a la medicina antigua un marco coherente y comprensivo que ninguna otra teoría de la época podía igualar en sistematicidad.

La obra galénica fue traducida al árabe por los médicos islámicos medievales —Ibn Sina (Avicena), Al-Razi (Rhazes)— que la enriquecieron y la transmitieron de vuelta a Europa en los siglos XII y XIII. Las universidades europeas enseñaron a Galeno como texto canónico hasta bien entrado el Renacimiento.

El declive de la teoría humoral

El cuestionamiento sistemático del humorismo comenzó en el siglo XVI con las disecciones anatómicas de Andreas Vesalio, que refutó errores concretos de Galeno. William Harvey, al describir la circulación sanguínea en 1628, mostró que la sangre no se producía continuamente en el hígado, como sostenía Galeno, sino que circulaba de manera cerrada. El microscopio abrió el mundo celular e invisible. Aun así, la sangría y las purgas continuaron siendo prácticas habituales hasta mediados del siglo XIX, impulsadas por la inercia de una tradición de dos mil años.

Fue la medicina de laboratorio —la bacteriología de Pasteur y Koch, la anatomía patológica de Virchow— la que terminó de desplazar el modelo humoral al establecer causas específicas y demostrables para las enfermedades. Sin embargo, el legado de los cuatro humores pervive en el lenguaje cotidiano: palabras como melancólico, flemático, colérico o sanguíneo para describir tipos de personalidad son vestigios directos de aquella teoría.

Preguntas frecuentes

¿Quién inventó la teoría de los cuatro humores?

La formulación más sistemática se atribuye a la escuela hipocrática, concretamente al tratado Sobre la naturaleza del hombre (c. 400 a. C.), vinculado a Pólibo, yerno de Hipócrates. Galeno de Pérgamo la desarrolló y sistematizó siglos después, dándole su forma más influyente.

¿Cuáles son los cuatro humores y a qué corresponden?

Los cuatro humores son: sangre (caliente y húmeda, asociada al aire y la primavera), flema (fría y húmeda, asociada al agua y el invierno), bilis amarilla (caliente y seca, asociada al fuego y el verano) y bilis negra (fría y seca, asociada a la tierra y el otoño). Cada uno también determinaba un temperamento: sanguíneo, flemático, colérico y melancólico.

¿Cómo se trataban las enfermedades según la teoría humoral?

El tratamiento buscaba restaurar el equilibrio alterado. Los métodos más habituales eran la sangría o flebotomía (extracción de sangre mediante lancetas o sanguijuelas), los purgantes y eméticos para expulsar excesos de otros humores, y la modificación de la dieta y el régimen de vida según las cualidades del humor en exceso.

¿Cuánto tiempo dominó la teoría de los cuatro humores en la medicina?

La teoría humoral fue el paradigma médico dominante en Occidente durante aproximadamente dos mil años, desde la Grecia clásica (siglo V a. C.) hasta mediados del siglo XIX, cuando la bacteriología y la anatomía patológica ofrecieron explicaciones causales más precisas y verificables de las enfermedades.

¿Qué legado dejó la teoría humoral en la cultura actual?

El legado más visible es léxico: términos como melancólico, flemático, colérico y sanguíneo para describir tipos de personalidad provienen directamente de los cuatro humores. También influyó en el desarrollo de la psicología del temperamento y en la forma en que la medicina occidental relacionó cuerpo y mente durante siglos.

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