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Cómo los indígenas descubrieron el cultivo del maíz

Publicado 21. mayo 2025 Actualizado 16. junio 2026

¿Cómo descubrieron los indígenas el cultivo de maíz?

El maíz (Zea mays) es hoy uno de los cereales más cultivados del planeta, pero su existencia como planta cultivada es el resultado de un proceso que tardó miles de años en completarse y que comenzó en las tierras bajas del sur de México. Fueron pueblos indígenas de Mesoamérica quienes, mediante observación sistemática, selección intencional de plantas y transmisión de conocimientos de generación en generación, transformaron una hierba silvestre prácticamente incomible en el grano que sustentaría civilizaciones enteras. La historia de este descubrimiento es una de las hazañas intelectuales y técnicas más extraordinarias de la prehistoria humana.

¿Cómo descubrieron los indígenas el cultivo de maíz?

El ancestro silvestre: el teosinte

El punto de partida de la domesticación del maíz es una planta silvestre conocida como teosinte (Zea mays ssp. parviglumis), también llamada "la madre del maíz". A primera vista, el teosinte apenas se parece al maíz moderno: sus espigas son pequeñas, con pocos granos duros envueltos en una cáscara dura que se fragmenta fácilmente al madurar, dispersando las semillas al suelo. Sin embargo, los estudios genéticos han demostrado de forma concluyente que el maíz cultivado desciende directamente de esta hierba que crece de forma silvestre en la cuenca del río Balsas, en el actual estado de Guerrero, México.

La diferencia morfológica entre el teosinte y el maíz moderno es tan drástica que durante mucho tiempo los botánicos dudaron de su parentesco. Fue el genetista John Doebley quien, a partir de las décadas de 1980 y 1990, identificó los genes clave —entre ellos el gen tb1— que explican los cambios estructurales entre la planta silvestre y la domesticada. Bastaron modificaciones en un número sorprendentemente pequeño de genes para producir mazorcas más grandes, granos más gruesos y una inflorescencia que no se desintegra al madurar, permitiendo la cosecha.

El proceso de selección: miles de años de experimentación

La domesticación del maíz no fue un descubrimiento súbito, sino un proceso gradual que se prolongó durante varios milenios. Los pueblos cazadores-recolectores de Mesoamérica conocían el teosinte y lo aprovechaban esporádicamente. Con el tiempo, aprendieron a distinguir las plantas con características más útiles: granos más grandes, espigas que no se deshacían fácilmente, mayor rendimiento. Al guardar las semillas de esas plantas y replantarlas al año siguiente, iniciaron sin saberlo un proceso de selección artificial.

Este método, que hoy se denomina selección artificial inconsciente, fue transformando paulatinamente las poblaciones de teosinte. Generación tras generación, las plantas cultivadas se alejaban del ancestro silvestre y adquirían rasgos más adecuados para el consumo humano. Las comunidades también aprendieron a detectar variantes espontáneas —mutaciones naturales con propiedades ventajosas— y a conservarlas deliberadamente. El resultado, acumulado durante cientos de generaciones, fue una planta radicalmente diferente de su pariente silvestre.

Investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y del Cinvestav han logrado extraer hasta el 40% del ADN de mazorcas halladas en el Valle de Tehuacán con más de cinco mil años de antigüedad. Los resultados revelan que las poblaciones de esa época aún no habían completado la domesticación: practicaban la selección, pero el maíz seguía siendo genéticamente intermedio entre el teosinte y la planta plenamente domesticada. Esto confirma que el proceso fue lento e iterativo, no un evento puntual.

Sitios arqueológicos clave

La arqueobotánica ha localizado los vestigios más antiguos del maíz domesticado en varios yacimientos del sur y centro de México:

  • Xihuatoxtla (cuenca del Balsas, Guerrero): restos de maíz y teosinte datados entre 8.960 y 8.630 años antes del presente, considerados entre los más antiguos conocidos hasta la fecha.
  • Santa Marta (Chiapas): evidencias de entre 9.000 y 8.300 años de antigüedad que indican el aprovechamiento temprano de gramíneas silvestres en transición hacia el cultivo.
  • Guilá Naquitz (Oaxaca): análisis de fragmentos de inflorescencia de Zea mays muestran que la selección agrícola del teosinte estaba ya en marcha hace unos 6.300 años. Es uno de los sitios con registro arqueobotánico más preciso sobre el proceso de domesticación.
  • Valle de Tehuacán (Puebla): cuevas como Coxcatlán y San Marcos aportaron semillas y olotes de maíz datados entre 5.600 y 5.050 años atrás. Los análisis de ADN antiguo realizados aquí han permitido reconstruir etapas intermedias del proceso.

Estos yacimientos, excavados en condiciones de aridez que favorecen la preservación orgánica, han permitido construir una línea de tiempo razonablemente precisa de cómo el maíz fue tomando forma.

La evidencia genética y los últimos hallazgos

La genómica moderna ha aportado una dimensión nueva a la investigación. El comparar genomas de maíz antiguo con los de teosinte silvestre y con variedades actuales ha permitido identificar los genes que fueron sometidos a mayor presión de selección durante la domesticación. Algunos de estos genes están relacionados con la respuesta al ambiente, incluyendo la tolerancia a metales pesados en el suelo.

Una hipótesis que ha ganado atención en años recientes plantea que las erupciones volcánicas del Nevado de Toluca, que modificaron la composición de los suelos mesoamericanos en distintos períodos, podrían haber favorecido la aparición de variantes genéticas del teosinte que resultaron especialmente útiles para los cultivadores tempranos. Esta línea de investigación, que combina arqueobotánica, paleoclimatología y genómica, ilustra la complejidad del proceso de domesticación.

En 2025, nuevas investigaciones del INAH retomaron restos faunísticos del Valle de Tehuacán para reconstruir el entorno ecológico en el que los primeros agricultores adoptaron el cultivo del maíz, ampliando el marco contextual más allá de la planta en sí.

La difusión del maíz por las Américas

Una vez domesticado, el maíz se difundió con notable rapidez. En el plazo de unos 1.500 años tras la domesticación inicial en el suroeste de México, la planta ya había llegado a América del Sur. La expansión hacia el norte fue algo más lenta: las primeras evidencias de maíz en el suroeste de América del Norte aparecen aproximadamente 5.000 años después de que comenzara el proceso de domesticación en México.

Esta difusión no fue un fenómeno pasivo. Los agricultores indígenas llevaban consigo semillas cuando migraban y las intercambiaban con otras comunidades a través de redes de comercio. En cada región, el maíz fue adaptado a nuevas condiciones climáticas y edáficas mediante selección local, lo que explica la extraordinaria diversidad de razas de maíz que existe actualmente, con miles de variedades en todo el continente americano.

El sistema de la milpa y la consolidación del cultivo

La integración del maíz en sistemas agrícolas complejos fue otro factor decisivo en su expansión. En Mesoamérica y gran parte de América del Norte, los pueblos indígenas desarrollaron el sistema conocido como milpa, que combina el cultivo simultáneo de maíz, frijol y calabaza en el mismo espacio. Este sistema, denominado también "las tres hermanas" en muchas tradiciones indígenas norteamericanas, resulta ecológicamente eficiente: el maíz aporta soporte físico al frijol, el frijol fija nitrógeno en el suelo que beneficia al maíz y la calabaza, y la calabaza cubre el suelo con sus hojas anchas, reduciendo la evaporación y el crecimiento de malas hierbas.

La milpa no es solo una técnica agrícola: representa un modelo de conocimiento ecológico acumulado durante generaciones que maximizaba la producción sin agotar el suelo. Su eficacia explica en parte por qué el maíz se convirtió en la base alimentaria de civilizaciones como la olmeca, la maya y la azteca, entre muchas otras.

Preguntas frecuentes

¿De dónde procede originalmente el maíz?

El maíz procede del sur de México, concretamente de la cuenca del río Balsas en el actual estado de Guerrero. Allí fue domesticado a partir del teosinte (Zea mays ssp. parviglumis), una hierba silvestre, hace aproximadamente 9.000 años.

¿Qué es el teosinte y qué relación tiene con el maíz?

El teosinte es el ancestro silvestre directo del maíz. Es una hierba que crece de forma natural en México y Centroamérica. Los estudios genéticos han demostrado que el maíz moderno desciende de él mediante un proceso de selección artificial realizado por comunidades indígenas a lo largo de miles de años.

¿Cuánto tiempo tardó en domesticarse el maíz?

El proceso de domesticación fue gradual y se prolongó durante varios miles de años. Los análisis de ADN antiguo de mazorcas halladas en el Valle de Tehuacán, con más de 5.000 años de antigüedad, muestran que en esa época el maíz seguía siendo genéticamente intermedio entre el teosinte y la planta plenamente domesticada.

¿Cuáles son los sitios arqueológicos más importantes para el estudio del origen del maíz?

Los más relevantes son Xihuatoxtla (Guerrero), con restos de casi 9.000 años de antigüedad; Guilá Naquitz (Oaxaca), donde se documentó la selección agrícola hace más de 6.000 años; y el Valle de Tehuacán (Puebla), donde se han obtenido datos de ADN antiguo cruciales para entender las etapas intermedias de la domesticación.

¿Cómo se extendió el maíz por el continente americano?

Los agricultores indígenas transportaron semillas al migrar e intercambiaron variedades a través de redes comerciales. En unos 1.500 años tras la domesticación en México, el maíz ya había llegado a América del Sur. La expansión hacia el norte de América fue más lenta, tardando unos 5.000 años en alcanzar el suroeste actual de los Estados Unidos.

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