Cómo eliminar los ruidos intestinales de forma efectiva
Los ruidos intestinales, conocidos médicamente como borborigmos, son sonidos producidos por el movimiento de gas y líquidos a través del tracto gastrointestinal durante la digestión. En la gran mayoría de los casos constituyen un fenómeno completamente normal, resultado de la peristalsis —las contracciones musculares que desplazan el contenido del intestino—. Sin embargo, cuando los ruidos son frecuentes, intensos o van acompañados de otros síntomas, pueden resultar molestos o indicar una alteración digestiva subyacente. Existen estrategias dietéticas, de estilo de vida y médicas que permiten reducirlos de manera significativa.

Qué son los ruidos intestinales y por qué se producen
El aparato digestivo funciona como un tubo muscular en constante movimiento. Las ondas peristálticas empujan el contenido —alimentos, líquidos y gas— desde el esófago hasta el intestino grueso. Cuando el volumen de gas es elevado o los movimientos intestinales se aceleran, el resultado es un sonido audible que puede ir desde un leve murmullo hasta un rugido de intensidad notable.
Los borborigmos se producen tanto en situación de ayuno como tras las comidas. En el primer caso, el intestino genera los denominados complejos motores migratorios, una especie de "limpieza" del tracto digestivo que ocurre entre 90 y 120 minutos y que provoca ruidos característicos, especialmente cuando el estómago lleva varias horas vacío. Tras la ingesta, la intensidad del ruido depende en gran medida de la composición de lo que se ha consumido y de la velocidad a la que se digiere.
Causas más comunes
Identificar la causa es el primer paso para reducir los ruidos de manera efectiva. Las más frecuentes son:
- Hambre o ayuno prolongado: el intestino vacío amplifica el sonido de los complejos motores migratorios.
- Comer deprisa o tragar aire: la ingesta rápida introduce aire en el sistema digestivo, aumentando el volumen de gas.
- Alimentos flatulentos: legumbres, brócoli, coliflor, cebolla, puerro y algunos edulcorantes artificiales como el sorbitol o el manitol producen grandes cantidades de gas durante su fermentación en el colon.
- Intolerancia a la lactosa: la incapacidad de digerir el azúcar de la leche provoca fermentación bacteriana en el intestino grueso, con borborigmos, hinchazón y diarrea entre 30 minutos y 2 horas después de consumir lácteos.
- Sensibilidad al gluten o enfermedad celíaca: la inflamación de la mucosa intestinal altera la absorción y puede provocar ruidos persistentes junto con otros síntomas.
- Síndrome del intestino irritable (SII): trastorno funcional que cursa con hipersensibilidad visceral, alteraciones del tránsito intestinal y ruidos frecuentes.
- Estrés y ansiedad: el eje intestino-cerebro es bidireccional; los estados de tensión emocional aceleran o desregulan la motilidad intestinal, incrementando los borborigmos.
- Gastroenteritis o infecciones intestinales: las infecciones aumentan las contracciones del intestino delgado y grueso, produciendo ruidos intensos habitualmente acompañados de diarrea.
Cambios dietéticos para reducir los ruidos intestinales
Reducir el consumo de alimentos productores de gas
Una dieta baja en fermentables —conocida como dieta baja en FODMAP (oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables)— ha demostrado en diversos estudios clínicos reducir de forma notable los síntomas digestivos en personas con SII y en quienes experimentan borborigmos frecuentes. Esta dieta implica limitar temporalmente el consumo de trigo, centeno, cebolla, ajo, legumbres, algunos lácteos, manzanas, peras y edulcorantes artificiales, para reintroducirlos progresivamente e identificar cuáles desencadenan los síntomas.
Comer despacio y masticar bien
La velocidad de ingesta tiene un impacto directo sobre la cantidad de aire que entra al sistema digestivo. Masticar cada bocado un mínimo de 20 veces, apoyar los cubiertos entre toma y toma y evitar hablar mientras se come reduce la aerofagia y, por consiguiente, el volumen de gas intestinal.
Evitar bebidas carbonatadas y chicles
Las bebidas con gas introducen directamente dióxido de carbono en el estómago. Los chicles y caramelos duros, por su parte, favorecen la deglución de aire. Sustituir los refrescos por agua o infusiones y eliminar el chicle de la dieta cotidiana son medidas sencillas con un efecto apreciable.
Mantener horarios de comida regulares
Los ayunos prolongados disparan los complejos motores migratorios. Distribuir la ingesta diaria en 4 o 5 tomas de volumen moderado, sin saltarse el desayuno ni pasar más de 4 horas sin comer, ayuda a estabilizar la actividad intestinal y a reducir los episodios de ruidos por hambre.
Introducir probióticos y prebióticos
La microbiota intestinal influye directamente en la producción de gas. Una flora equilibrada fermenta los carbohidratos de manera más eficiente y genera menos subproductos gaseosos. El consumo regular de alimentos fermentados —yogur natural, kéfir, chucrut, kimchi, tempeh— o suplementos con cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium puede contribuir a mejorar la digestión y reducir los borborigmos, especialmente en personas con disbiosis o SII.
Remedios naturales con respaldo científico
- Jengibre: posee propiedades antiinflamatorias y procinéticas; acelera el vaciado gástrico y reduce las náuseas y los gases. Se puede consumir en infusión, rallado sobre los alimentos o en cápsulas.
- Menta piperita: el aceite esencial de menta relaja la musculatura lisa del intestino, aliviando los espasmos y el exceso de gases. Las cápsulas con cubierta entérica de aceite de menta han mostrado eficacia en ensayos clínicos en pacientes con SII.
- Manzanilla: con efectos antiespasmódicos y carminativos, la infusión de manzanilla tras las comidas es uno de los remedios tradicionales mejor documentados para reducir la distensión y los ruidos intestinales.
- Hinojo: las semillas de hinojo contienen anetol, un compuesto que relaja el músculo liso intestinal y facilita la expulsión de gases acumulados.
- Carbón activado: disponible en farmacia en cápsulas o comprimidos, adsorbe parte del gas intestinal. Su uso debe ser puntual, ya que puede interferir con la absorción de medicamentos y nutrientes.
Cambios en el estilo de vida
El ejercicio físico moderado —caminar 30 minutos diarios, nadar o practicar yoga— estimula la motilidad intestinal de manera ordenada y contribuye a reducir el estreñimiento, una de las causas frecuentes de acumulación de gas y borborigmos. La actividad física también reduce los niveles de cortisol, lo que mitiga el impacto del estrés sobre el intestino.
Técnicas de manejo del estrés como la meditación, la respiración diafragmática o la terapia cognitivo-conductual han mostrado resultados positivos en pacientes con trastornos funcionales digestivos, al modular la respuesta del eje intestino-cerebro.
Cuándo consultar a un médico
Los borborigmos aislados no requieren atención médica. Sin embargo, deben evaluarse por un especialista si se acompañan de alguno de los siguientes signos de alarma:
- Dolor abdominal intenso o prolongado.
- Distensión abdominal marcada y persistente.
- Pérdida de peso no intencionada.
- Sangre en las heces.
- Diarrea crónica o alternancia diarrea-estreñimiento.
- Ruidos intestinales acompañados de ausencia total de deposiciones, que podrían indicar obstrucción intestinal.
Ante la sospecha de intolerancia a la lactosa o al gluten, el médico puede solicitar pruebas de aliento o análisis de anticuerpos para confirmar el diagnóstico y establecer el plan dietético adecuado. En casos de SII, el gastroenterólogo puede valorar tratamientos farmacológicos específicos, como antiespasmódicos, reguladores del tránsito o probióticos de prescripción.
Preguntas frecuentes
¿Los ruidos intestinales son siempre señal de un problema digestivo?
No. Los borborigmos son en la mayoría de los casos un fenómeno fisiológico normal, resultado de la peristalsis y del movimiento de gas durante la digestión o en períodos de ayuno. Solo cuando son muy frecuentes, intensos o van acompañados de dolor, distensión, cambios en el tránsito o pérdida de peso pueden indicar una alteración que requiere evaluación médica.
¿Qué alimentos debo evitar para reducir los ruidos intestinales?
Los alimentos más asociados a la producción de gas y borborigmos son las legumbres, la col, el brócoli, la cebolla, el ajo, los lácteos en personas con intolerancia a la lactosa, las bebidas carbonatadas y los edulcorantes artificiales como el sorbitol. Reducir o eliminar temporalmente estos alimentos suele producir una mejora notable en pocos días.
¿Los probióticos ayudan a eliminar los ruidos intestinales?
Sí, especialmente en personas con disbiosis intestinal o síndrome del intestino irritable. Las cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium contribuyen a equilibrar la microbiota, lo que reduce la fermentación excesiva de carbohidratos y, con ello, la producción de gas. Su efecto no es inmediato; suele observarse tras 2 a 4 semanas de consumo regular.
¿El estrés puede causar ruidos intestinales?
Sí. El intestino posee un sistema nervioso propio —el sistema nervioso entérico— que está estrechamente comunicado con el cerebro. El estrés y la ansiedad alteran la motilidad intestinal, acelerando o desregulando las contracciones, lo que puede incrementar la frecuencia e intensidad de los borborigmos. Técnicas de relajación y manejo del estrés contribuyen a mejorar este síntoma.
¿Cuándo son urgentes los ruidos intestinales?
Se debe acudir a urgencias o consultar con un médico sin demora si los ruidos intestinales van acompañados de dolor abdominal agudo, ausencia total de gases y deposiciones, distensión muy marcada o vómitos, ya que estos síntomas pueden indicar una obstrucción intestinal, que requiere atención médica inmediata.