Cómo conquistó Ciro el Grande Babilonia en 539 a.C.
En la noche del 5 al 6 de octubre del año 539 antes de nuestra era, el rey persa Ciro el Grande logró lo que muchos consideraban imposible: tomar la ciudad de Babilonia, la metrópolis más poderosa del mundo antiguo, sin librar una batalla sangrienta dentro de sus murallas. La conquista de Babilonia no solo amplió el Imperio Aqueménida hasta convertirlo en el mayor de la Antigüedad, sino que también transformó para siempre la manera en que las potencias antiguas gobernaban a los pueblos conquistados. Entender cómo lo logró es adentrarse en uno de los episodios más fascinantes de la historia universal.
Babilonia en el siglo VI a.C.: la ciudad más grande del mundo
Para comprender la magnitud del logro de Ciro, es necesario conocer primero qué era Babilonia en aquella época. Situada en la llanura mesopotámica, a orillas del río Éufrates (en el actual territorio de Irak), Babilonia era la capital del Imperio Neobabilónico o Caldeo, fundado por Nabopolasar en 626 a.C. Bajo el reinado de su hijo Nabucodonosor II (605-562 a.C.), la ciudad había alcanzado su máximo esplendor.
Con una población estimada de entre 100.000 y 200.000 habitantes, Babilonia era con diferencia la mayor ciudad del mundo conocido. Sus impresionantes murallas, que según Heródoto medían hasta 25 metros de altura y eran tan anchas que permitían el paso de un carro de cuatro caballos sobre su cima, la hacían prácticamente inexpugnable mediante un asedio convencional. La ciudad contaba además con reservas de alimentos para años y con el Éufrates discurriendo por su interior, lo que garantizaba el suministro de agua.
Los Jardines Colgantes y el esplendor arquitectónico
Babilonia era también una ciudad de extraordinaria belleza. Nabucodonosor había mandado construir los legendarios Jardines Colgantes, considerados una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, supuestamente para consolar a su esposa Amytis, que echaba de menos los paisajes montañosos de su tierra natal. La Puerta de Ishtar, revestida de lapis lazuli y decorada con dragones y toros en relieve dorado, era uno de los monumentos más impresionantes de la Antigüedad. El Zigurat de Babilonia, probablemente el modelo histórico de la Torre de Babel bíblica, se elevaba sobre la ciudad como testimonio del poder religioso y político de sus gobernantes.
Ciro el Grande: el fundador del Imperio Aqueménida
Ciro II, conocido en la historia como Ciro el Grande, nació hacia el año 600 a.C. en la región de Persia (actual Irán). Pertenecía a la dinastía de los Aqueménidas y era el rey del pequeño reino de Anshan. Sin embargo, sus ambiciones y sus capacidades militares y diplomáticas eran desproporcionadamente grandes para el tamaño de su reino de origen.
Entre los años 559 y 550 a.C., Ciro protagonizó una serie de conquistas que transformaron el mapa político del Oriente Próximo. Primero derrotó al rey medo Astiages y unificó los pueblos persas y medos bajo su mando. Luego se enfrentó al riquísimo rey Creso de Lidia, a quien derrotó en torno al año 547 a.C., apoderándose de su fabuloso tesoro. A continuación extendió su dominio por las ciudades griegas de Asia Menor. Cuando en 539 a.C. su ejército se aproximó a Babilonia, Ciro era ya el gobernante del mayor imperio que el mundo había visto hasta entonces.
La situación interna del Imperio Neobabilónico
El estado interno de Babilonia en el momento de la llegada de Ciro era de notable debilidad política. El rey que ocupaba el trono en 539 a.C. era Nabónido, un monarca impopular que había desplazado al dios principal de Babilonia, Marduk, por la divinidad lunar Sin. Esta decisión religiosa había provocado una profunda tensión con el poderoso clero de Marduk y con amplias capas de la población babilónica, que veían en ella un sacrilegio y una amenaza para el orden cósmico establecido.
Además, Nabónido había pasado varios años residiendo en el oasis de Tayma (en la actual Arabia Saudita), delegando el gobierno en su hijo Belsasar, lo que había generado una sensación de abandono y desorden entre la población y las élites de la ciudad. Esta situación de malestar interno fue un factor fundamental que Ciro supo aprovechar con inteligencia política.
La campaña militar: la batalla de Opis y la caída de Sippar
La conquista de Babilonia no se produjo de un día para otro. Ciro preparó meticulosamente la campaña y realizó movimientos diplomáticos y militares durante meses. La primera fase fue la batalla de Opis, librada en la confluencia del río Diyala con el Tigris. En este enfrentamiento, el ejército persa derrotó a las fuerzas babilónicas que intentaban frenar el avance de Ciro. La derrota fue contundente y dejó el camino hacia Babilonia prácticamente abierto.
Pocos días después de Opis, la importante ciudad de Sippar, situada al norte de Babilonia, abrió voluntariamente sus puertas al ejército persa sin presentar resistencia. La rapidez de esta rendición fue un claro indicador de que la voluntad de combatir del Imperio Neobabilónico se había desmoronado. El propio Nabónido huyó de Sippar sin presentar batalla y fue capturado poco después.
El ingenioso plan para tomar Babilonia
Ante las formidables murallas de Babilonia, Ciro recurrió a una estrategia tan ingeniosa como audaz. En lugar de intentar escalarlas o derribarlas, optó por eliminar el obstáculo que representaba el río Éufrates, que fluía a través de la ciudad. Sus ingenieros militares excavaron un sistema de canales y desvíos que permitió reducir drásticamente el nivel de las aguas del Éufrates en el punto en que el río atravesaba las murallas de la ciudad.
Con el nivel del río suficientemente bajo, los soldados persas pudieron vadear el cauce del Éufrates por donde este entraba y salía de la ciudad, avanzando por el lecho del río hasta llegar al interior de Babilonia. Las puertas que daban acceso al río desde el interior de la ciudad estaban, según las fuentes antiguas, inadvertidamente abiertas o desguarnecidas aquella noche. El ejército persa entró en Babilonia prácticamente sin encontrar resistencia.
La toma de Babilonia: ¿conquista o liberación?
La noche del 5 al 6 de octubre de 539 a.C. quedó grabada en los registros históricos como uno de los momentos más extraordinarios de la Antigüedad. Los soldados de Ciro tomaron el control de Babilonia mientras, según algunas fuentes antiguas, la élite de la ciudad celebraba un banquete. La resistencia fue mínima o nula. El gobernante babilónico Belsasar fue muerto aquella noche, y el control de la ciudad pasó a manos persas de manera casi incruenta.
Lo que sucedió a continuación fue igualmente sorprendente. A diferencia de la mayoría de los conquistadores de la Antigüedad, Ciro no ordenó el saqueo de la ciudad, no destruyó sus templos ni masacró a su población. Al contrario, se presentó ante los babilonios como el elegido del dios Marduk, como un liberador que devolvía el favor divino a la gran ciudad tras el sacrilegio de Nabónido. Esta narración, enormemente hábil desde el punto de vista político y propagandístico, fue reproducida en el propio Cilindro de Ciro.
El Cilindro de Ciro: el primer documento de derechos humanos
El Cilindro de Ciro es un objeto cilíndrico de arcilla cocida, de unos 23 centímetros de longitud, descubierto en 1879 durante excavaciones arqueológicas en las ruinas de Babilonia. En él, inscrito en escritura cuneiforme acadiana, Ciro relata su conquista de Babilonia, se proclama elegido de Marduk y declara su política de tolerancia y benevolencia hacia los pueblos conquistados.
El cilindro anuncia la liberación de los esclavos, la restauración de los templos destruidos y el retorno a sus tierras de los pueblos deportados. Por este motivo, muchos historiadores y juristas lo consideran el primer documento de la historia en el que un gobernante proclama derechos universales para sus súbditos. La Organización de las Naciones Unidas reconoce el Cilindro de Ciro como un precursor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Una réplica del cilindro se exhibe en la sede de la ONU en Nueva York.
Las consecuencias de la conquista: el Imperio Aqueménida en su apogeo
La toma de Babilonia en 539 a.C. tuvo consecuencias de enorme alcance. En primer lugar, convirtió el dominio de Ciro en el mayor imperio que el mundo había conocido hasta entonces: el Imperio Aqueménida se extendía desde el mar Egeo y el norte de África hasta las fronteras de la India, abarcando una extensión de casi cinco millones de kilómetros cuadrados.
Pero quizás más importante que la extensión geográfica fue el modelo político que Ciro estableció. A diferencia de los imperios anteriores, como el asirio, que gobernaban mediante el terror, la deportación masiva y la destrucción sistemática de las culturas conquistadas, Ciro articuló un sistema de gobierno basado en la tolerancia cultural y religiosa. Los pueblos sometidos podían conservar sus lenguas, sus costumbres y sus dioses, siempre que reconocieran la autoridad del Gran Rey y pagasen sus tributos.
La liberación del pueblo hebreo
Una de las consecuencias más conocidas de la conquista de Babilonia fue la liberación del pueblo judío. Desde el año 586 a.C., cuando Nabucodonosor destruyó Jerusalén y el Templo de Salomón, la élite del pueblo hebreo había estado deportada en Babilonia, en lo que se conoce como el Cautiverio de Babilonia. Ciro, fiel a su política de tolerancia, permitió que los judíos regresaran a Judá y reconstruyesen su templo en Jerusalén.
Este acto está documentado en el propio Cilindro de Ciro y también en varios libros del Antiguo Testamento, donde Ciro es presentado de manera extraordinariamente positiva para tratarse de un rey extranjero. En el libro de Esdras se recoge el edicto de Ciro que ordena la reconstrucción del Templo. En el libro de Isaías, el profeta llama a Ciro directamente "ungido de Dios", un título que habitualmente se reservaba solo a los reyes de Israel.
Heródoto, Jenofonte y las fuentes antiguas sobre Ciro
El relato de la conquista de Babilonia ha llegado a nosotros a través de varias fuentes antiguas, que no siempre coinciden en los detalles. El historiador griego Heródoto, que escribió su Historia en el siglo V a.C., describe la estrategia de desvío del Éufrates con bastante detalle, aunque algunos investigadores modernos cuestionan la exactitud de su relato. Jenofonte, en su obra Ciropedia, ofrece una versión en parte novelada de la vida de Ciro que subraya sus virtudes como gobernante y general.
Las fuentes mesopotámicas contemporáneas, como la Crónica de Nabónido y el Verso Babilónico de Nabónido, confirman los datos esenciales: la derrota en Opis, la caída de Sippar, la entrada de Ciro en Babilonia y la ausencia de violencia durante la toma de la ciudad. La combinación de todas estas fuentes permite reconstruir un cuadro bastante nítido de lo que sucedió en el otoño de 539 a.C.
El legado de Ciro para la historia posterior
El modelo político inaugurado por Ciro el Grande influyó profundamente en los gobernantes que vinieron después. Alejandro Magno, admirador confeso de Ciro, visitó su tumba en Pasargadae (actual Irán) y se propuso seguir su ejemplo de gobierno tolerante en su propio imperio. El Ciro de la historia fue también el Ciro de la leyenda, y su figura ha sido reivindicada por muy distintas tradiciones, desde la judía y la cristiana hasta la persa y la occidental.
Preguntas frecuentes
¿Cómo entró Ciro el Grande en Babilonia?
Ciro entró en Babilonia en la noche del 5 al 6 de octubre de 539 a.C. mediante una estrategia de desvío del río Éufrates. Sus ingenieros rebajaron el nivel del agua lo suficiente para que los soldados persas pudieran vadear el cauce del río por donde este atravesaba las murallas de la ciudad, entrando por las puertas que daban al río, que estaban desguarnecidas aquella noche.
¿Por qué Babilonia no opuso resistencia a Ciro?
La escasa resistencia de Babilonia se debió a varios factores combinados: la impopularidad del rey Nabónido por su política religiosa contraria al culto de Marduk, la derrota previa del ejército babilónico en la batalla de Opis, la hábil campaña de propaganda de Ciro presentándose como liberador elegido por Marduk, y el estado general de desmoralización de la ciudad tras años de gobierno errático.
¿Qué es el Cilindro de Ciro?
El Cilindro de Ciro es un objeto de arcilla cocida descubierto en 1879 en las ruinas de Babilonia. Contiene en escritura cuneiforme una declaración de Ciro sobre su conquista de Babilonia y su política de tolerancia hacia los pueblos sometidos. Muchos historiadores lo consideran el primer documento de la historia que proclama derechos universales, y la ONU lo reconoce como precursor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
¿Qué ocurrió con el pueblo judío tras la conquista persa de Babilonia?
Ciro el Grande autorizó el regreso de los judíos deportados a su tierra natal y ordenó la reconstrucción del Templo de Jerusalén. Este acto puso fin al denominado Cautiverio de Babilonia (586-539 a.C.) y es considerado uno de los momentos más importantes de la historia del pueblo judío. El propio Antiguo Testamento presenta a Ciro con notable admiración por esta decisión.
¿Qué importancia tuvo la conquista de Babilonia en la historia del Imperio Persa?
La toma de Babilonia en 539 a.C. convirtió al Imperio Aqueménida en la mayor potencia del mundo antiguo, con un territorio de casi cinco millones de kilómetros cuadrados. Además, consolidó el modelo político de Ciro basado en la tolerancia religiosa y cultural, que permitió gobernar pueblos muy diversos con relativa estabilidad durante generaciones y que influyó en todos los grandes imperios posteriores.
¿Cuándo murió Ciro el Grande?
Ciro el Grande murió en el año 530 a.C., nueve años después de la conquista de Babilonia, durante una campaña militar en Asia Central contra el pueblo de los masagetas. Fue sucedido por su hijo Cambises II, quien continuó la expansión del Imperio Aqueménida con la conquista de Egipto en 525 a.C. La tumba de Ciro se encuentra en Pasargadae, en el actual Irán, y es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.