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Atención a los heridos de guerra a lo largo de la historia

Publicado 30. septiembre 2025 Actualizado 24. junio 2026

¿Cómo se atendieron los heridos en las guerras a lo largo de la historia?

Desde las primeras batallas registradas hasta los conflictos actuales, la forma en que los ejércitos han cuidado a sus soldados heridos refleja tanto el estado del conocimiento médico de cada época como la organización y los valores de cada sociedad. La historia de la medicina militar es, en gran medida, la historia de la medicina en general: muchos de los avances más importantes en cirugía, transfusiones, anestesia y atención de urgencias nacieron en el campo de batalla, impulsados por la presión de tratar masas de heridos en condiciones extremas.

Los primeros cuidados: Antigüedad y civilizaciones tempranas

Las evidencias más antiguas de atención médica en contextos bélicos proceden del Antiguo Egipto. Los papiros médicos, como el Papiro Edwin Smith (circa 1600 a.C.), describen técnicas de sutura de heridas, inmovilización de fracturas y tratamiento de lesiones punzantes. En Egipto, la disección de cadáveres humanos estaba permitida, lo que impulsó un conocimiento anatómico notable para la época.

En la Grecia clásica, la medicina dejó de ser exclusivamente mágico-religiosa para convertirse en una práctica racional. Durante la Guerra del Peloponeso (431–404 a.C.) y en episodios como la Guerra de Troya descritos en la Ilíada, los médicos militares griegos actuaban en el campo de batalla extrayendo flechas, limpiando heridas y aplicando vendajes. Eran profesionales que cobraban honorarios y que dominaban técnicas de reducción de fracturas y amputaciones rudimentarias. El contacto posterior con la tradición alejandrina, a través de Herófilo y Erasístrato, permitió distinguir con mayor precisión entre arterias y venas, sentando las bases de la cirugía vascular.

La organización romana: el primer sistema médico militar estructurado

Las legiones romanas desarrollaron el primer sistema sanitario militar verdaderamente organizado de la historia occidental. Cada legión disponía de medici —médicos militares— y contaba con hospitales de campaña conocidos como valetudinaria, estructuras permanentes o móviles con salas diferenciadas para operaciones, recuperación y suministro de agua limpia. Los estudios arqueológicos han revelado la sofisticación de estas instalaciones en los campamentos fronterizos del limes.

Los cirujanos romanos dominaban técnicas que no volverían a emplearse con la misma eficacia hasta siglos después: el torniquete hemostático para contener hemorragias masivas, grapas quirúrgicas para suturar arterias y ungüentos antisépticos a base de vinagre y miel. Se calcula que el sistema romano conseguía salvar la vida del 70 % de los heridos que llegaban al hospital —una tasa que no se superaría hasta la guerra ruso-japonesa de 1905—. También se estandarizó la formación: a principios del siglo I d.C. todos los médicos del ejército debían asistir a una escuela de medicina militar.

La Edad Media y las Cruzadas: cirujanos-barberos y órdenes hospitalarias

Con la caída del Imperio Romano de Occidente, el conocimiento médico sistematizado se fragmentó en Europa, aunque sobrevivió y se enriqueció en el mundo islámico. En el medievo europeo, la atención a los heridos de guerra quedó en manos de los cirujanos-barberos, practicantes de rango inferior a los médicos académicos que, sin embargo, poseían la habilidad manual necesaria para extraer proyectiles, drenar heridas infectadas y amputar miembros gangrenados.

Las Cruzadas (siglos XI–XIII) fueron un catalizador inesperado. El contacto con la medicina árabe y persa —heredera del saber griego y romano— introdujo en Europa el uso del vino como antiséptico para limpiar heridas, así como anestésicos naturales como el opio, la mandrágora y la cicuta. Las órdenes militares religiosas, especialmente los Caballeros Hospitalarios de San Juan y los Templarios, fundaron hospitales a lo largo de las rutas de peregrinación y en los Estados Cruzados, donde se atendía a heridos de ambos bandos. El hospital de los Hospitalarios en Jerusalén llegó a albergar más de dos mil pacientes. Los cirujanos de campaña cruzados desarrollaron además la habilidad de distinguir rápidamente en el campo de batalla entre heridos recuperables y quienes no podían sobrevivir, una forma primitiva del triaje moderno.

El siglo XIX: Dunant, la Cruz Roja y la Convención de Ginebra

El 24 de junio de 1859, en la localidad italiana de Solferino, chocaron los ejércitos austriaco y franco-piamontés en una de las batallas más sangrientas del siglo. El empresario suizo Henri Dunant llegó a la zona pocas horas después y encontró decenas de miles de heridos abandonados sin atención en iglesias y graneros improvisados. La experiencia le llevó a publicar Un recuerdo de Solferino (1862) y, junto con Gustave Moynier y otros filántropos ginebrinos, a fundar el Comité Internacional de la Cruz Roja en 1863.

Un año después, en 1864, dieciséis estados firmaron la primera Convención de Ginebra, que establecía la neutralidad del personal sanitario en combate y obligaba a los ejércitos a recoger y atender a los heridos, independientemente del bando. Era la primera vez que el derecho internacional regulaba la atención médica en tiempos de guerra. A lo largo del siglo XIX, los ejércitos europeos desarrollaron también los primeros sistemas de ambulancias de campaña —unidades móviles de primeros auxilios— y los denominados «hospitales de sangre», instalados lo más cerca posible del frente para reducir el tiempo de traslado.

Las guerras mundiales: transfusiones, antisépticos y antibióticos

La Primera Guerra Mundial (1914–1918) generó un número de bajas sin precedentes y forzó avances médicos decisivos. A partir de 1915, los equipos quirúrgicos británicos se desplazaron más cerca del frente. El cirujano Hugh Owen Thomas perfeccionó una férula para fracturas de fémur que redujo la mortalidad por esta lesión del 80 % al comienzo del conflicto a menos del 20 % en 1916. Las transfusiones de sangre se consolidaron como herramienta esencial: se desarrollaron los primeros bancos de sangre capaces de conservarla varios días, lo que permitió disponer de reservas en los puestos de evacuación. También se generalizó el uso de suero antitetánico y se avanzó en técnicas de cirugía reconstructiva para heridas faciales.

La Segunda Guerra Mundial (1939–1945) transformó definitivamente la medicina de urgencias. La penicilina, descubierta por Alexander Fleming en 1928, fue producida en masa gracias a la presión bélica y comenzó a distribuirse en el frente aliado desde 1943, reduciendo drásticamente las muertes por infección. Las sulfamidas también desempeñaron un papel importante. Charles Drew sistematizó los programas de donación y conservación de sangre para transfusiones en el campo de batalla. La morfina se convirtió en el analgésico estándar para heridos graves y amputados.

Corea y Vietnam: el helicóptero y la «hora dorada»

La Guerra de Corea (1950–1953) introdujo un cambio de paradigma en la evacuación médica: el uso sistemático del helicóptero para trasladar heridos directamente desde el campo de batalla a los Mobile Army Surgical Hospitals (MASH), unidades quirúrgicas móviles situadas a pocos kilómetros del frente. El Bell H-13 Sioux fue el aparato que realizó la mayor parte de estas evacuaciones. El resultado fue espectacular: el 97 % de los soldados que llegaban a un MASH con vida sobrevivían. Además, la cirugía vascular avanzó considerablemente en Corea, con técnicas de reparación arterial que habrían parecido imposibles una década antes.

Durante la Guerra de Vietnam (1955–1975), la evacuación en helicóptero se generalizó a escala masiva y se consolidó el concepto de la «hora dorada»: la idea de que el tratamiento definitivo de un herido grave debe producirse en la primera hora desde que se produjo la lesión para maximizar las posibilidades de supervivencia. Este principio, formulado entonces, ha guiado desde entonces todos los protocolos de medicina de emergencia, tanto militares como civiles.

La medicina de combate en el siglo XXI

Los conflictos en Irak y Afganistán (2001–2021) impulsaron una nueva generación de protocolos y materiales. El sistema TCCC (Tactical Combat Casualty Care), adoptado por las fuerzas armadas estadounidenses y posteriormente por numerosos ejércitos occidentales, establece tres fases de atención: bajo el fuego, en zona táctica de campo y en zona táctica de evacuación. Su protocolo derivado, el MARCH (Hemorragia masiva, Vías aéreas, Respiración, Circulación e Hipotermia), prioriza el control de la hemorragia como causa número uno de muerte prevenible en combate.

Estudios publicados en JAMA Surgery concluyeron que el uso combinado de torniquetes, transfusiones sanguíneas y transporte prehospitalario rápido explicó el 44,2 % de la reducción total de mortalidad en los conflictos de Irak y Afganistán. Los materiales hemostáticos modernos, como las gasas impregnadas de kaolín (Combat Gauze), permiten controlar hemorragias no compresibles con torniquete. Los kits individuales de primeros auxilios (IFAK) dotaron a cada combatiente de los elementos básicos para autoatenderse o atender a un compañero antes de que llegue un sanitario. En 2026, estos avances se han extendido también a la medicina de emergencias prehospitalaria civil, en una transferencia tecnológica que ilustra cómo, una vez más, la urgencia de la guerra ha acelerado el progreso médico.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se creó la Cruz Roja y por qué?

La Cruz Roja Internacional fue fundada en 1863 en Ginebra por Henri Dunant y otros filántropos, tras la experiencia de Dunant en la batalla de Solferino (1859), donde encontró decenas de miles de heridos sin atención. En 1864 se firmó la primera Convención de Ginebra, que reguló por primera vez la neutralidad del personal sanitario en combate.

¿Qué eran los hospitales MASH y cuándo se usaron?

Los MASH (Mobile Army Surgical Hospitals) fueron hospitales quirúrgicos móviles desplegados cerca del frente durante la Guerra de Corea (1950–1953). Combinados con la evacuación en helicóptero, lograron que el 97 % de los heridos que llegaban con vida sobrevivieran. Popularizados por la serie de televisión homónima, marcaron un antes y un después en la medicina militar.

¿Qué es la «hora dorada» en medicina de combate?

La «hora dorada» es el principio según el cual un herido grave tiene mayores posibilidades de sobrevivir si recibe tratamiento médico definitivo dentro de los primeros 60 minutos desde que se produjo la lesión. El concepto se consolidó durante la Guerra de Vietnam gracias a la evacuación masiva en helicóptero y sigue siendo el eje de los protocolos de emergencia modernos.

¿Qué avances médicos surgieron de las guerras mundiales?

La Primera Guerra Mundial impulsó las transfusiones de sangre, las férulas ortopédicas modernas y los bancos de sangre. La Segunda Guerra Mundial aceleró la producción industrial de penicilina y otros antibióticos, generalizó las transfusiones con sangre conservada y estableció la morfina como analgésico estándar en el campo de batalla.

¿Cómo se atendía a los heridos en la Edad Media?

En la Edad Media, la atención a heridos de guerra recaía principalmente en cirujanos-barberos, que extraían proyectiles, drenaban heridas y realizaban amputaciones. Las órdenes militares como los Hospitalarios fundaron hospitales a lo largo de las rutas cruzadas. Se empleaba vino como antiséptico y sustancias como el opio o la mandrágora como anestésicos. El contacto con la medicina árabe durante las Cruzadas introdujo conocimientos y técnicas que enriquecieron la práctica europea.

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