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Tsunamis: origen, causas y mecanismo de formación

Publicado 4. agosto 2025 Actualizado 15. junio 2026

¿Cómo se originan los tsunamis y qué los causa?

Un tsunami es una serie de olas oceánicas de gran longitud y energía que se generan cuando una perturbación brusca desplaza verticalmente una masa de agua de considerable volumen. La palabra procede del japonés tsu (puerto) y nami (ola), y describe con precisión el fenómeno que los marineros japoneses observaban al regresar a puerto y encontrar sus costas devastadas por olas que no habían visto en alta mar. Aunque popularmente se les llama «maremotos», los tsunamis no son olas de viento: su origen es geológico y su comportamiento físico difiere radicalmente del de las olas ordinarias. Comprender cómo se forman resulta esencial tanto para la ciencia como para los sistemas de alerta temprana que hoy protegen a cientos de millones de personas.

El mecanismo fundamental: el desplazamiento vertical del fondo marino

El principio físico que subyace a todos los tsunamis es el mismo, independientemente de su causa: una masa de agua es desplazada verticalmente de forma repentina. Cuando el fondo oceánico sube o baja de manera abrupta, arrastra consigo la columna de agua que lo cubre desde el lecho hasta la superficie. Esa perturbación inicial se propaga en todas direcciones en forma de ondas de muy larga longitud —del orden de cientos de kilómetros entre cresta y cresta—, lo que las distingue de las olas de viento, cuya longitud rara vez supera los 300 metros.

En aguas profundas, donde el océano puede alcanzar los 5.000 metros, estas ondas son prácticamente imperceptibles: su altura puede ser de apenas 30 a 60 centímetros, mientras que viajan a velocidades de entre 700 y 1.000 kilómetros por hora —comparable a la de un avión de pasajeros—. Es al aproximarse a la costa, donde el fondo asciende y el agua se vuelve somera, cuando el tsunami revela su verdadera naturaleza: la fricción con el fondo frena la ola, pero la energía acumulada en kilómetros de océano se comprime verticalmente, disparando la altura hasta los 10, 20 o incluso 30 metros en los casos más extremos.

Principales causas de los tsunamis

Terremotos submarinos

Los terremotos submarinos son la causa más frecuente: se estima que generan más del 80% de los tsunamis registrados históricamente. No obstante, no cualquier sismo marino produce un tsunami. Para que ello ocurra deben cumplirse varias condiciones simultáneas: el epicentro debe situarse bajo el océano o muy próximo a la costa; la magnitud ha de superar aproximadamente los 6,5 en la escala de momento sísmico; el foco debe encontrarse a poca profundidad, generalmente menos de 70 kilómetros; y, sobre todo, el movimiento de las placas tectónicas ha de ser predominantemente vertical, no horizontal.

Este último requisito explica por qué los terremotos más peligrosos a efectos de tsunami son los que ocurren en zonas de subducción, donde una placa tectónica oceánica se hunde bajo otra placa continental o bajo otra placa oceánica más joven. En esas zonas, la placa que subduce arrastra hacia abajo a la que está por encima durante décadas o siglos; cuando la tensión acumulada se libera bruscamente, la placa continental «rebota» hacia arriba, empujando violentamente la columna de agua. Este mecanismo, conocido como megathrust, fue el responsable del devastador tsunami del océano Índico de 2004, que generó olas de hasta 24 metros y causó más de 220.000 víctimas.

Erupciones volcánicas

Los volcanes submarinos o costeros pueden desencadenar tsunamis mediante dos mecanismos distintos. El primero es la expulsión explosiva de material: una erupción de gran violencia desplaza el agua circundante con fuerza suficiente para generar ondas tsunamigénicas. El segundo, y a menudo más destructivo, es el colapso del edificio volcánico: cuando la cámara magmática se vacía, la estructura del volcán puede hundirse de forma repentina, provocando un desplazamiento masivo del agua. El tsunami generado por la erupción del volcán Krakatoa en 1883 mató a más de 36.000 personas por este mecanismo. En enero de 2022, la erupción del volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Ha'apai en el Pacífico Sur produjo un tsunami que se propagó por todo el océano y llegó a detectarse en costas tan lejanas como las de Japón y América del Sur.

Deslizamientos submarinos y costeros

Los deslizamientos de grandes masas de sedimento o roca en el fondo oceánico constituyen una causa menos frecuente pero igualmente peligrosa. Cuando un talud submarino colapsa, el material se desplaza a gran velocidad y empuja la columna de agua, generando ondas de tsunami localizadas que pueden alcanzar alturas muy elevadas en las costas cercanas. Los deslizamientos costeros, como los provocados por erupciones volcánicas o seísmos en islas con fuertes pendientes, producen el mismo efecto al proyectar grandes volúmenes de roca o hielo al mar de forma súbita. El tsunami de Papua Nueva Guinea de 1998, que mató a más de 2.000 personas, fue causado por un deslizamiento submarino desencadenado por un terremoto de magnitud 7,0.

Otras causas menos frecuentes

Existen causas adicionales de naturaleza extraordinaria. El impacto de un meteorito de grandes dimensiones en el océano podría generar tsunamis de proporciones catastróficas, aunque no se ha registrado ningún caso en la historia documentada. Las explosiones nucleares submarinas también tienen capacidad teórica para producir este fenómeno. Por otro lado, los llamados meteotsunamis —generados por cambios bruscos de presión atmosférica asociados a tormentas severas— son tsunamis de menor escala que se confunden a veces con el fenómeno geológico, aunque su origen es puramente meteorológico.

El Anillo de Fuego y la distribución geográfica

Aproximadamente el 78% de los tsunamis del mundo se producen en el océano Pacífico, en lo que los científicos denominan el Anillo de Fuego: una franja de intensa actividad sísmica y volcánica que rodea el Pacífico y que coincide con los límites de varias placas tectónicas mayores. En esta zona se encuentran algunas de las zonas de subducción más activas del planeta: la fosa de las Aleutianas, la fosa de Japón, la fosa de las Marianas, la fosa de Chile y la fosa de Cascadia, entre otras. El océano Índico y el Mediterráneo también han sido escenario de tsunamis destructivos a lo largo de la historia, aunque con menor frecuencia.

En abril de 2026, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió la costa nororiental de Japón, lo que llevó a la Agencia Meteorológica Japonesa a emitir una alerta de tsunami de hasta tres metros para las prefecturas de Iwate, Hokkaido y Aomori. El suceso puso de manifiesto la vigencia de los sistemas de alerta y la vulnerabilidad permanente de las costas del Pacífico norte.

Propagación y comportamiento en costa

Una vez generado, el tsunami se propaga como un tren de ondas que puede atravesar océanos enteros en pocas horas. A diferencia de las olas de viento, que solo mueven el agua superficial, las ondas de tsunami afectan a toda la columna de agua desde el fondo hasta la superficie. Esto explica su enorme energía y la escasa pérdida de fuerza durante la propagación oceánica.

Al acercarse a la costa, el fenómeno conocido como shoaling (o asomeramiento) concentra la energía verticalmente. Un indicador habitual —aunque no infalible— de la llegada de un tsunami es la retirada inusual del mar: el agua se aleja de la costa antes de que llegue la primera ola, exponiendo el fondo durante varios minutos. Esta señal, si es reconocida, puede dar tiempo para evacuar. Los tsunamis no llegan como una ola única: son una sucesión de varias olas separadas por períodos de entre 10 y 60 minutos, y no siempre la primera es la más destructiva.

Sistemas de detección y alerta

La ciencia moderna dispone de herramientas sofisticadas para detectar tsunamis antes de que alcancen las costas habitadas. El sistema DART (Deep-ocean Assessment and Reporting of Tsunamis), desarrollado por la NOAA de Estados Unidos, combina sensores de presión en el fondo oceánico con boyas de superficie para detectar la señal de un tsunami con precisión y transmitirla en tiempo real a los centros de alerta. Cuando un sismógrafo registra un terremoto con potencial tsunamigénico, los datos de los sensores DART permiten confirmar o descartar la existencia de ondas peligrosas en cuestión de minutos, dando margen para emitir avisos de evacuación.

El Pacífico cuenta con el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico (PTWC), con sede en Hawái, operativo desde 1949. Tras el tsunami del Índico de 2004, que sorprendió a regiones sin sistema de alerta alguno, se establecieron redes similares en ese océano y en el Mediterráneo.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre un tsunami y una ola normal?

Las olas ordinarias son generadas por el viento y solo afectan a los metros superficiales del agua. Los tsunamis, en cambio, mueven toda la columna de agua desde el fondo hasta la superficie, tienen longitudes de onda de cientos de kilómetros y transportan una energía enormemente mayor. En alta mar son casi imperceptibles; su altura aumenta drásticamente al acercarse a la costa.

¿Todo terremoto submarino genera un tsunami?

No. Para que un terremoto genere un tsunami debe tener una magnitud superior a aproximadamente 6,5, producirse a poca profundidad (menos de 70 km), situarse bajo el océano y provocar un desplazamiento vertical del fondo marino. Muchos seísmos submarinos son de tipo horizontal (de cizalla) y no desplazan significativamente la columna de agua.

¿A qué velocidad viaja un tsunami?

En aguas profundas, los tsunamis pueden propagarse a velocidades de entre 700 y 1.000 kilómetros por hora, comparable a la de un avión de pasajeros. Al acercarse a la costa y encontrar aguas someras, la velocidad disminuye pero la altura de las olas aumenta considerablemente.

¿Dónde se producen más tsunamis en el mundo?

Aproximadamente el 78% de los tsunamis registrados ocurren en el océano Pacífico, en el llamado Anillo de Fuego, donde convergen varias placas tectónicas y se concentran las zonas de subducción más activas del planeta. Japón, Chile, Indonesia y Alaska son algunas de las regiones con mayor historial tsunamigénico.

¿Se puede predecir un tsunami con antelación suficiente para evacuar?

Los sistemas actuales, como la red DART, permiten detectar un tsunami minutos después de generarse y emitir alertas con antelación suficiente para poblaciones alejadas del epicentro. Sin embargo, las costas muy cercanas al origen pueden recibir las olas en cuestión de minutos, lo que hace crucial reconocer las señales naturales de alerta, como la retirada repentina del mar.

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