El Tratado de Roma de 1957: importancia y legado para Europa
El Tratado de Roma de 1957 es uno de los documentos fundacionales más trascendentes de la historia contemporánea europea. Firmado el 25 de marzo de 1957 en el Palacio de los Conservadores del Capitolio romano, por los representantes de seis naciones —Alemania Occidental, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos—, estableció la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom). En vigor desde el 1 de enero de 1958, este instrumento jurídico no solo reorganizó la economía del continente, sino que trazó la arquitectura institucional que, casi siete décadas después y en 2026, sigue siendo el esqueleto de la Unión Europea.

Contexto histórico: Europa en la posguerra
Para comprender la magnitud del Tratado de Roma es imprescindible situarlo en su contexto. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) había devastado el continente: millones de muertos, ciudades arrasadas y economías en quiebra. Ante semejante catástrofe, los dirigentes europeos de la posguerra apostaron por una vía radicalmente distinta: la integración, como antídoto contra el nacionalismo exacerbado y el militarismo que habían provocado dos guerras mundiales en menos de treinta años.
El primer paso concreto fue la Declaración Schuman de mayo de 1950, con la que el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, propuso colocar la producción franco-alemana de carbón y acero bajo una autoridad supranacional común. La idea, impulsada también por Jean Monnet, cristalizó en el Tratado de París de 1951, que creó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), primera organización supranacional europea. La CECA demostró que la integración sectorial funcionaba, y abrió el camino a proyectos más ambiciosos.
En 1955, la Conferencia de Mesina encargó al político belga Paul-Henri Spaak un informe sobre la viabilidad de extender la integración a toda la economía. El llamado Informe Spaak sentó las bases de lo que se negociaría en los meses siguientes y culminaría en la firma de los Tratados de Roma.
Qué estableció el Tratado: la CEE y el Euratom
En realidad, en Roma se firmaron dos tratados distintos de forma simultánea. El primero —y más influyente— instituyó la Comunidad Económica Europea (CEE). El segundo creó la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom), orientada a desarrollar conjuntamente el uso pacífico de la energía nuclear, sector estratégico en plena Guerra Fría. Aunque ambos son históricamente relevantes, fue el tratado de la CEE el que transformó de manera más profunda la vida de los europeos y el que generalmente se conoce como "el Tratado de Roma".
El objetivo central de la CEE era alcanzar la integración y el crecimiento económico mediante el fomento del comercio entre sus miembros. Para ello, la pieza angular era la construcción de un mercado común, un espacio económico sin fronteras interiores donde circulasen libremente mercancías, personas, servicios y capitales.
Las cuatro libertades fundamentales
El concepto de las cuatro libertades es, quizás, la aportación más duradera del Tratado de Roma. Estas libertades —libre circulación de mercancías, de personas, de servicios y de capitales— constituyen el núcleo del mercado interior europeo y siguen siendo el principio rector de la economía de la Unión Europea en 2026.
- Libre circulación de mercancías: eliminación de aranceles y barreras aduaneras entre los estados miembros, y establecimiento de un arancel exterior común frente a terceros países.
- Libre circulación de personas: derecho de trabajadores y ciudadanos a desplazarse, residir y trabajar en cualquier país de la Comunidad.
- Libre circulación de servicios: posibilidad de ofrecer servicios en todo el territorio comunitario sin restricciones nacionales.
- Libre circulación de capitales: supresión de las restricciones a las inversiones y transferencias de dinero entre estados miembros.
El tratado previó un período transitorio de doce años para alcanzar estos objetivos, lo que sentó un precedente clave: la integración europea sería un proceso gradual y progresivo, no un salto repentino.
Las instituciones comunitarias que creó
Uno de los aspectos más revolucionarios del Tratado de Roma fue la creación de un entramado institucional supranacional, es decir, órganos con capacidad de adoptar decisiones vinculantes para los estados miembros más allá de la voluntad de cada gobierno nacional. Las instituciones fundamentales fueron:
- El Consejo de Ministros: máximo órgano decisorio, compuesto por representantes de los gobiernos de cada estado miembro.
- La Comisión Europea: cuerpo ejecutivo e independiente, encargado de proponer legislación, gestionar políticas y velar por el cumplimiento de los tratados.
- La Asamblea Parlamentaria: órgano representativo que, en 1962, adoptó el nombre de Parlamento Europeo y que desde 1979 es elegido por sufragio universal directo.
- El Tribunal de Justicia: garante de la aplicación uniforme del derecho comunitario en todos los estados miembros.
Este esquema institucional, compartido con el de la CECA, supuso la transferencia voluntaria de soberanía por parte de los estados en determinadas materias económicas, algo sin precedentes en la historia moderna.
Las políticas comunes: agricultura, transportes y competencia
Además del mercado común, el Tratado de Roma estableció la base para varias políticas comunes. La más destacada fue la Política Agrícola Común (PAC), que buscaba garantizar el abastecimiento alimentario, estabilizar los mercados y asegurar ingresos dignos a los agricultores. La PAC, que en sus primeros años consumió más del 70 % del presupuesto comunitario, fue el principal instrumento redistributivo de la CEE durante décadas y sigue siendo una de las políticas más relevantes de la UE.
El tratado también fijó normas de competencia para impedir que empresas o gobiernos distorsionaran el mercado mediante cárteles, abusos de posición dominante o ayudas de Estado ilegales. Estas normas, ampliadas con el tiempo, constituyen hoy uno de los pilares del derecho europeo de la competencia.
Legado: del Tratado de Roma a la Unión Europea
El Tratado de Roma no fue un punto de llegada, sino de partida. A lo largo de las décadas siguientes, fue modificado y ampliado por sucesivos tratados: el Acta Única Europea de 1986, que completó el mercado interior; el Tratado de Maastricht de 1992, que creó la Unión Europea y dio paso a la moneda única; el Tratado de Amsterdam (1997), el de Niza (2001) y finalmente el Tratado de Lisboa de 2007, que reformó en profundidad las instituciones y bajo cuyo nombre actual se conoce como el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE). En esencia, el TFUE es la evolución directa del Tratado de Roma original.
La CEE creada en 1957 con seis miembros ha dado paso, en 2026, a una Unión Europea de 27 estados miembros —tras la salida del Reino Unido en 2020— que representa a más de 440 millones de ciudadanos y constituye uno de los bloques económicos más poderosos del mundo. El euro, el mercado único, la libre circulación de ciudadanos europeos o el sistema de instituciones supranacionales: todo ello hunde sus raíces en aquel documento firmado en Roma el 25 de marzo de 1957.
Más allá de los logros económicos, el Tratado de Roma encarnó una apuesta política de fondo: la convicción de que la integración progresiva era la mejor garantía de paz y prosperidad en un continente que había conocido las dos guerras más destructivas de la historia humana. En ese sentido, su importancia trasciende lo económico para situarse en el terreno de los valores y del proyecto civilizatorio.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo y dónde se firmó el Tratado de Roma?
El Tratado de Roma fue firmado el 25 de marzo de 1957 en el Palacio de los Conservadores del Capitolio, en Roma (Italia). Entró en vigor el 1 de enero de 1958 tras su ratificación por los parlamentos de los seis países fundadores.
¿Qué países firmaron el Tratado de Roma en 1957?
Los seis estados fundadores fueron Alemania Occidental, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos, los mismos que ya formaban parte de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) desde 1951.
¿Qué es el mercado común que instauró el Tratado de Roma?
El mercado común es un espacio económico integrado entre los estados miembros basado en las cuatro libertades fundamentales: libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales. Implicó la supresión de aranceles internos y el establecimiento de un arancel exterior común.
¿Sigue vigente el Tratado de Roma?
En su forma original, el Tratado de Roma ha sido sucesivamente modificado y refundido. Hoy su contenido vive bajo el nombre de Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE), resultado final de décadas de reformas, siendo el Tratado de Lisboa de 2007 la última revisión de gran calado.
¿Cuál es la diferencia entre el Tratado de Roma y la Unión Europea?
El Tratado de Roma de 1957 creó la Comunidad Económica Europea (CEE), una organización de integración económica. La Unión Europea como tal fue creada por el Tratado de Maastricht en 1992, que añadió dimensiones políticas, monetarias y de cooperación en asuntos de interior y política exterior, superando el marco puramente económico de la CEE original.