Pueden oler los pájaros? El sentido del olfato en las aves
Durante siglos, la creencia dominante en la ciencia y la cultura popular fue que las aves carecían de sentido del olfato, o que este era tan rudimentario que resultaba irrelevante para su supervivencia. Hoy esa idea ha quedado completamente desacreditada. Las investigaciones acumuladas desde mediados del siglo XX —y especialmente los estudios publicados en la última década— demuestran con claridad que los pájaros sí pueden oler, que la intensidad y la función de ese olfato varía notablemente entre especies, y que el sentido del olfato juega un papel real en comportamientos tan distintos como la búsqueda de alimento, la navegación, el reconocimiento de depredadores y la reproducción.

El mito del pájaro sin nariz
El origen de la idea de que las aves eran, en términos científicos, "anósmicas" (incapaces de detectar olores) se remonta al naturalista estadounidense John James Audubon, quien en el siglo XIX realizó experimentos con buitres de pavo. Audubon observó que los buitres ignoraban carcasas ocultas pero reaccionaban ante representaciones visuales de comida, y concluyó que estos animales guiaban su búsqueda de alimento exclusivamente por la vista. El error metodológico de sus pruebas no fue cuestionado durante décadas, y la conclusión —que las aves en general tienen olfato nulo— se generalizó hasta convertirse en dogma.
La anatomía aparentemente respaldaba esta creencia: comparado con el de los mamíferos, el bulbo olfatorio de la mayoría de las aves es pequeño en relación con el tamaño total del cerebro. Sin embargo, el tamaño no equivale a ausencia de función. A partir de los años sesenta, investigadoras como Betsy Bang y Bernice Wenzel comenzaron a documentar variaciones significativas entre especies y a demostrar experimentalmente que algunas aves respondían a estímulos olfativos. El cambio de paradigma fue lento, pero fue irreversible.
La base anatómica y molecular del olfato aviar
Las aves poseen todos los elementos estructurales del sistema olfativo: neuronas receptoras en el epitelio nasal, nervios olfatorios que transmiten la señal al cerebro, un bulbo olfatorio y un tracto olfatorio que conecta con áreas corticales superiores. Lo que varía entre especies es el tamaño relativo del bulbo olfatorio y el número de genes receptores olfativos (OR) funcionales.
Estudios genómicos han confirmado que las aves conservan repertorios de genes OR funcionales, aunque generalmente menores que los de los mamíferos. Los kiwis (Apteryx spp.), aves nocturnas de Nueva Zelanda, presentan uno de los cocientes de bulbo olfatorio más grandes entre todas las aves; sus fosas nasales, situadas en la punta del largo pico, les permiten rastrear lombrices y otros invertebrados enterrados en el suelo. En el extremo opuesto, algunas aves paserinas (el grupo más diverso de aves canoras) tienen bulbos olfatorios comparativamente más reducidos, aunque eso no implica que el olfato sea irrelevante para ellas.
Casos documentados: cuándo y cómo usan el olfato las aves
Búsqueda de alimento
El caso más conocido es el del buitre de pavo (Cathartes aura), cuya rehabilitación científica resulta especialmente simbólica dado que fue precisamente este animal el que Audubon utilizó para justificar su error. Investigaciones posteriores demostraron que el buitre de pavo detecta el gas mercaptano —producido por la descomposición de tejidos animales— desde grandes distancias, incluso cuando las carcasas están cubiertas por vegetación densa. Los albatros y otras aves marinas de nariz tubular (Procellariiformes) también emplean el olfato para localizar zonas productivas en el océano abierto, donde las señales visuales de alimento son escasas. Estudios recientes indican que estos animales alternan entre el olfato a larga distancia y la visión cuando se acercan a la presa.
Navegación y orientación
Las palomas mensajeras (Columba livia domestica) han sido objeto de numerosos experimentos en los que se les seccionó el nervio olfatorio o se les anestesiaron las fosas nasales. Los resultados son consistentes: las aves con el olfato bloqueado tardan considerablemente más en regresar al palomar, o no regresan. La hipótesis de la navegación olfativa propone que las palomas construyen un "mapa de olores" en su hábitat natal, asociando determinados compuestos químicos volátiles con direcciones del viento, y que luego utilizan ese mapa para orientarse. Un estudio publicado en Scientific Reports en 2020 identificó los compuestos orgánicos volátiles específicos que las palomas usan en este proceso. Las aves marinas coloniales, como los petreles, también parecen guiarse por señales olfativas para localizar sus colonias de cría.
Detección de depredadores
Investigadoras del Museo Nacional de Ciencias Naturales de España (MNCN), entre ellas Irene Saavedra y Luisa Amo, publicaron la primera evidencia experimental de que las aves diferencian a sus depredadores mediante señales químicas. En sus experimentos, las aves no solo respondían ante los olores de depredadores, sino que modificaban su comportamiento de forma proporcional al riesgo percibido. Estudios similares han confirmado esta capacidad en colibríes y otras especies. Un artículo de 2025 en la revista Ibis dedicado a revisar el conjunto de la investigación olfativa en aves señala que la detección de depredadores es una de las áreas donde los estudios experimentales se han multiplicado en los últimos años.
Nidificación y comportamiento social
Varias especies incorporan materiales aromáticos en sus nidos —plantas con propiedades antimicrobianas o repelentes de insectos— lo que sugiere una selección activa basada en señales olfativas. Existen además indicios de que el olfato interviene en el reconocimiento entre individuos de la misma especie y, posiblemente, en la elección de pareja. Un estudio de 2025 publicado en Animal Behaviour analiza específicamente cómo el olfato contribuye al aislamiento reproductivo en aves, un área históricamente ignorada porque se asumía que estas eran anósmicas.
¿Cuánto varía el olfato entre especies?
La respuesta más honesta es que varía mucho, y que la ciencia todavía no tiene un mapa completo de esa variación. Las aves se dividen en más de diez mil especies con ecologías radicalmente distintas, y el olfato parece especialmente desarrollado en aquellas que viven en entornos donde la visión es limitada (nocturnidad, océano abierto, vegetación densa) o en las que localizan recursos distribuidos de forma impredecible. Las aves con mayor dependencia del olfato documentada incluyen: kiwis, buitres del Nuevo Mundo, petreles, albatros y algunas gaviotas. Las aves de presa del Viejo Mundo (águilas, gavilanes) parecen depender menos del olfato, aunque algunos estudios han comenzado a cuestionar incluso esa generalización.
Un artículo de revisión publicado en Ibis en 2025 por Creece y colaboradores analiza más de 150 estudios experimentales y concluye que la mayor parte de la investigación se ha concentrado en la búsqueda de alimento (52 estudios) y en el comportamiento de nidificación (42 estudios), mientras que la navegación (20 estudios) y la detección de depredadores (21 estudios) siguen siendo áreas con lagunas significativas. Los autores identifican la comprensión del aprendizaje olfativo —cómo los pájaros aprenden a asociar ciertos olores con peligro o con alimento— como una de las prioridades para la investigación futura.
Por qué tardó tanto la ciencia en aceptarlo
El retraso no fue solo un error de Audubon. Durante décadas, el enfoque predominante en la ornitología se centró en las capacidades visuales y auditivas de las aves —que son extraordinarias— y el olfato quedó en segundo plano metodológico. Además, la investigación sobre olfato en animales es más difícil de diseñar: no se puede medir directamente qué olores percibe un ave, sino solo inferirlo a través de su comportamiento ante estímulos olfativos o cuando se les impide oler. Estos problemas metodológicos generaron escepticismo que ahora se considera injustificado. A partir de los años noventa, la genómica molecular añadió una herramienta nueva: contar y caracterizar los genes de receptores olfativos en diferentes especies reveló que el sistema olfativo aviar tiene una base genética real y funcional, aunque diversa.
Preguntas frecuentes
¿Todos los pájaros pueden oler?
Todas las aves poseen las estructuras anatómicas básicas del sistema olfativo —neuronas receptoras, bulbo olfatorio y tracto olfatorio—, por lo que se asume que todas tienen algún grado de capacidad olfativa. Sin embargo, la intensidad y la relevancia funcional del olfato varía considerablemente entre especies: es muy desarrollado en kiwis, buitres del Nuevo Mundo y aves marinas como los petreles, y aparentemente menos relevante en algunas aves paserinas, aunque la investigación en este grupo todavía es limitada.
¿Por qué se creía que los pájaros no podían oler?
El error se popularizó a partir de los experimentos mal diseñados del naturalista John James Audubon en el siglo XIX con buitres de pavo. Sus conclusiones erróneas se generalizaron como dogma científico durante décadas. La creencia se reforzó por la comparación anatómica con mamíferos: el bulbo olfatorio de las aves es relativamente pequeño, aunque el tamaño no determina la funcionalidad del sentido.
¿Para qué usan el olfato las aves?
Las investigaciones han documentado su uso en al menos cinco contextos: búsqueda de alimento (como en el buitre de pavo detectando carroña), navegación y orientación (como en las palomas mensajeras), detección de depredadores, selección de materiales para el nido y, posiblemente, reconocimiento social y selección de pareja. La importancia relativa de cada función varía según la especie.
¿Pueden las palomas usar el olfato para orientarse?
Sí. Múltiples experimentos han demostrado que las palomas mensajeras con el nervio olfativo bloqueado pierden capacidad de orientación o tardan mucho más en regresar al palomar. La hipótesis del mapa olfativo propone que estas aves asocian compuestos químicos volátiles del entorno con direcciones del viento para construir una referencia espacial. Un estudio de 2020 en Scientific Reports identificó los compuestos específicos implicados en este proceso.
¿Qué pájaro tiene el olfato más desarrollado?
El kiwi (Apteryx spp.) de Nueva Zelanda es considerado el ave con el olfato más desarrollado en relación con su cerebro, según el cociente de bulbo olfatorio. Sus fosas nasales están en la punta del pico, lo que le permite olfatear el suelo en busca de lombrices e invertebrados mientras sondea con el pico. Los buitres de pavo y los petreles también figuran entre las aves con olfato especialmente agudizado.