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Odiseo en el inframundo: el descenso de la Odisea

Publicado 21. mayo 2026

Odiseo en el inframundo: el descenso de la Odisea

El descenso de Odiseo al inframundo, narrado en el Canto XI de la Odisea de Homero, es uno de los episodios más poderosos y enigmáticos de toda la literatura occidental. Conocido en griego como nekyia, es decir, evocación o consulta de los muertos, este pasaje lleva al héroe itacense hasta el umbral del reino de Hades para hablar con las sombras de los fallecidos y, sobre todo, recibir la profecía que le permita regresar a su hogar. Pocas escenas de la épica antigua concentran tanta densidad filosófica, emocional y religiosa en tan pocas páginas.

El contexto del descenso: Circe y el mandato de la profecía

El Canto XI no comienza en el vacío. Odiseo y sus compañeros llevan un año en la isla de Eea, residencia de la hechicera Circe. Tras haber rescatado a sus hombres de la transformación en cerdos, Odiseo convive con la diosa menor y finalmente expresa su deseo de regresar a Ítaca. Circe no se opone, pero impone una condición sorprendente: antes de emprender el viaje de regreso, Odiseo debe descender al Hades y consultar al alma del adivino Tiresias, el único que conoce el camino seguro de vuelta y el modo de aplacar la cólera de Posidón, que persigue al héroe desde la cegación de su hijo Polifemo.

Las instrucciones de Circe para el ritual

Circe proporciona a Odiseo instrucciones precisas para el ritual necromántico. El héroe debe navegar hacia los confines del Océano, donde los cimerios viven envueltos en niebla perpetua, en un lugar que nunca ve la luz del sol. Allí debe cavar una fosa de un codo de anchura, verter libaciones de leche con miel, vino dulce y agua, esparcir harina de cebada y, sobre todo, degollar animales para que la sangre colme la fosa. La sangre, sustancia vital por excelencia, es el elemento que permite a las sombras recuperar temporalmente la consciencia y la capacidad de comunicarse con los vivos. Sin sangre, los muertos son apenas espectros mudos e incapaces de reconocimiento.

La muerte inesperada de Elpénor

Antes de la partida, un suceso menor pero significativo anticipa el tono del Canto XI: uno de los compañeros de Odiseo, Elpénor, muere accidentalmente al caer del tejado de la mansión de Circe mientras dormía borracho. Su cuerpo queda sin enterrar, porque la expedición parte precipitadamente. Este detalle cobra importancia porque Elpénor es la primera sombra que se acerca a la fosa en el inframundo, antes incluso que el propio Tiresias, y suplica a Odiseo que regrese a enterrarlo y celebre los ritos funerarios apropiados. Su aparición introduce el tema central del canto: los lazos que unen a los vivos con los muertos y las obligaciones que no cesan con la muerte.

El ritual necromántico y la llegada de las sombras

Odiseo sigue las instrucciones de Circe con exactitud. Al llegar al borde del Océano, ejecuta las libaciones y sacrifica los animales. La sangre comienza a llenar la fosa y de inmediato acuden las sombras en una procesión impresionante: jóvenes muertos en combate, viejos, mujeres, guerreros con sus heridas aún visibles en las armaduras espectrales. Odiseo, espada en mano, debe mantener a raya a las sombras hasta que llegue Tiresias y beba la sangre necesaria para hablar con lucidez.

La profecía de Tiresias

Tiresias de Tebas, el adivino ciego que vivió siete generaciones y a quien Atenea concedió el don de la profecía incluso en el Hades, es el interlocutor principal de la escena. Una vez que bebe la sangre, reconoce a Odiseo y le comunica las verdades que el héroe necesita escuchar. Le advierte que Posidón no ha olvidado la cegación de Polifemo y que los obstáculos del viaje de regreso son consecuencia directa de esa ofensa. Le anuncia que si sus compañeros respetan los rebaños sagrados del dios Sol Helios en la isla de Trinacria, llegará a Ítaca, aunque tarde y solo. Pero si los devoran, perderá a todos sus hombres y llegará a casa en un barco ajeno, para encontrar problemas graves: los pretendientes que acosan a Penélope y dilapidan su hacienda.

El encuentro con Anticlea: el dolor filial

Uno de los momentos emocionalmente más intensos del Canto XI es el encuentro de Odiseo con la sombra de su madre Anticlea, quien ha muerto durante la larga ausencia del héroe. Odiseo no sabía que su madre había fallecido y al verla experimenta una mezcla de shock, dolor y ternura que Homero describe con una economía expresiva extraordinariamente eficaz.

El abrazo imposible

Anticlea le cuenta a su hijo todo lo que ha ocurrido en Ítaca durante su ausencia: la situación de Penélope, la tristeza de su padre Laertes, el crecimiento de Telémaco. Pero cuando Odiseo intenta abrazarla, la sombra se disuelve entre sus brazos. «Tres veces me acerqué a ella con el deseo de abrazarla, tres veces se me escapó de las manos como una sombra o un sueño», narra Odiseo. La imposibilidad del contacto físico entre vivos y muertos queda formulada aquí con una precisión que conmueve tanto por su verdad emocional como por su coherencia teológica: en el Hades homérico, los muertos son imágenes privadas de sustancia, privadas de la calidez y la presencia que definen la vida.

La naturaleza del alma según Homero

El episodio de Anticlea plantea de manera implícita una concepción del alma que difiere notablemente de las ideas que desarrollará la filosofía platónica posteriormente. Para Homero, el alma o psique es el principio vital del individuo, pero al separarse del cuerpo pierde sus atributos personales y se convierte en una sombra que deambula sin objeto en el reino subterráneo. La inmortalidad homérica no es gloriosa ni reconfortante: es una existencia disminuida y vacía, comparable a un sueño sin despertar.

Los grandes héroes de Troya en el inframundo

Tras la conversación con Anticlea, Odiseo se encuentra con las sombras de numerosos héroes y personajes míticos. Estos encuentros constituyen un desfile de la memoria heroica griega y, al mismo tiempo, una reflexión sobre la caducidad de la gloria.

El encuentro con Agamenón

Agamenón, el rey de Micenas y comandante supremo de la expedición griega a Troya, aparece en el inframundo como víctima del asesinato más infame de la épica: el perpetrado por su esposa Clitemnestra y su amante Egisto en el momento de su regreso a casa. Agamenón narra a Odiseo con amargura los detalles de su muerte y le advierte que desconfíe de las mujeres, pues incluso la más virtuosa puede convertirse en una trampa. El contraste entre el destino de Agamenón y el que espera a Odiseo en Ítaca es uno de los recursos dramáticos más trabajados de la Odisea: Penélope es el contrapunto fiel de la pérfida Clitemnestra.

La renuncia de Aquiles

El encuentro con Aquiles es, filosóficamente, el más significativo del Canto XI. Aquiles, el héroe por excelencia de la Ilíada, el guerrero que eligió una vida breve pero gloriosa en lugar de una existencia larga y oscura, aparece en el Hades como un soberano de los muertos, pero despojado de toda la grandeza que tuvo en vida. Cuando Odiseo le elogia por su honor entre los difuntos, Aquiles responde con la declaración más desgarradora del poema: preferiría ser el más humilde siervo de un labrador vivo que reinar sobre todos los muertos del inframundo. La gloria póstuma, ese ideal que definió su elección de vida, ha perdido todo su brillo en el reino de las sombras. Solo una noticia le devuelve algo de energía: saber que su hijo Neoptólemo se ha distinguido en combate.

El silencio de Áyax

El encuentro con Áyax Telamonio es de naturaleza radicalmente diferente. Áyax murió por su propio mano, incapaz de soportar la humillación de haber perdido las armas de Aquiles ante Odiseo en un juicio celebrado tras la muerte del Pelida. En el Hades, Áyax se niega a dirigir la palabra a Odiseo y se aleja en silencio, manteniendo su rencor más allá de la muerte. Este episodio breve y tenso es una de las escenas más memorables del poema: el silencio de Áyax dice más que cualquier discurso sobre la profundidad de las heridas que puede infligir la injusticia percibida.

El catálogo de mujeres ilustres y los grandes pecadores

El Canto XI incluye también un extenso catálogo de mujeres de la mitología griega que Odiseo encuentra en el inframundo: Tiro, Alcmena, Epicasta (la madre de Edipo), Fedra, Procris y muchas otras. Este catálogo femenino funciona como un inventario de los grandes amores y tragedias de la tradición mítica y ha sido objeto de debate académico, ya que algunos estudiosos lo consideran una interpolación tardía añadida al poema homérico original.

Los grandes castigados: Tántalo, Sísifo y Ticio

Odiseo también contempla a los grandes pecadores de la mitología sometidos a castigos eternos. Ve a Tántalo sumergido hasta el cuello en un estanque, con ramas cargadas de frutos sobre su cabeza, pero sin poder alcanzar nunca ni el agua ni la comida; a Sísifo empujando eternamente su roca cuesta arriba por una ladera, viendo cómo rueda de nuevo hacia abajo cada vez que está a punto de alcanzar la cima; y a Ticio, el gigante que atacó a Leto, con los buitres devorando eternamente su hígado regenerable. Estas visiones de castigo eterno constituyen la vertiente moral del Hades homérico: un espacio donde las transgresiones más graves contra los dioses y el orden cósmico tienen consecuencias que no cesan jamás.

Significado literario y filosófico del episodio

El Canto XI de la Odisea, la nekyia, representa mucho más que un catálogo de anécdotas mitológicas. Es un experimento literario de extraordinaria originalidad que permite a Homero explorar los límites de la condición humana: la relación entre los vivos y los muertos, el valor real de la fama y la gloria, la naturaleza del alma y la irreversibilidad de la muerte.

La katabasis como arquetipo literario

El descenso al inframundo, conocido en griego como katabasis, es un motivo arquetípico que Homero popularizó de manera definitiva para la tradición literaria occidental. Antes que él, el descenso de Gilgamesh al reino de los muertos en la epopeya mesopotámica muestra que el motivo es más antiguo que la Grecia arcaica. Después de Homero, el Canto XI influyó directamente en el libro VI de la Eneida de Virgilio, donde Eneas desciende al inframundo guiado por la Sibila de Cumas, y en el tercer libro del Inferno de Dante, quien a su vez construyó su viaje al Averno sobre el modelo virgiliano. La huella de la nekyia homérica en la literatura universal es, por tanto, inconmensurable.

Una reflexión sobre el sentido de la vida

En último término, el descenso de Odiseo al inframundo funciona como una pregunta radical sobre el sentido de la existencia humana. El héroe que ha sobrevivido a la guerra de Troya, a los ciclopes, a los lestrigones y a la hechicería de Circe, se encuentra frente al único enemigo que nadie puede vencer: la muerte. Las conversaciones con las sombras le recuerdan que todo lo que valora, el hogar, la familia, la tierra natal, existe en el tiempo perecedero de los vivos, y que es precisamente esa finitud lo que lo hace precioso e irrenunciable. Odiseo sale del inframundo con una determinación renovada: quiere vivir, quiere volver a casa, quiere ser un hombre entre los hombres.

Preguntas frecuentes

¿En qué canto de la Odisea aparece el descenso de Odiseo al inframundo?

El descenso de Odiseo al inframundo está narrado en el Canto XI de la Odisea, conocido con el término griego nekyia, que significa evocación de los muertos. Es uno de los cantos más largos y literariamente ricos de todo el poema.

¿Por qué Odiseo baja al inframundo?

Odiseo desciende al inframundo siguiendo las instrucciones de la hechicera Circe, quien le indica que solo el adivino Tiresias puede revelarle el camino seguro de regreso a Ítaca y el modo de aplacar la cólera del dios Posidón, que persiste en obstaculizar su vuelta a casa.

¿Qué profecía recibe Odiseo de Tiresias?

Tiresias le advierte que si sus compañeros respetan los rebaños sagrados del dios Sol Helios en la isla de Trinacria, llegará a Ítaca, aunque tarde y solo. También le anuncia que encontrará a los pretendientes de Penélope usurpando su hacienda y le indica que para aplacar definitivamente a Posidón deberá realizar un ritual específico tierra adentro, donde nadie conozca el mar.

¿Qué ocurre cuando Odiseo intenta abrazar a su madre?

Cuando Odiseo intenta abrazar a la sombra de su madre Anticlea, esta se disuelve entre sus brazos como si fuera humo o sueño. El héroe lo intenta tres veces sin éxito. Anticlea le explica que así son los muertos en el Hades: sombras sin cuerpo que ya no pueden ser tocadas por los vivos.

¿Qué dice Aquiles sobre la muerte y la gloria en el Canto XI?

Aquiles le confiesa a Odiseo que preferiría ser el más humilde siervo entre los vivos que reinar sobre todos los muertos del inframundo. Esta declaración supone una inversión radical de los valores heroicos que guiaron su vida: la gloria póstuma, por la que eligió morir joven en Troya, ha perdido todo su sentido ante la experiencia directa de la muerte.

¿Qué influencia tuvo la nekyia de Homero en la literatura posterior?

La influencia del Canto XI de la Odisea en la literatura occidental es fundamental. Virgilio modeló el descenso al inframundo de Eneas en el libro VI de la Eneida siguiendo el esquema homérico. Dante, a su vez, construyó el viaje al Infierno de la Divina Comedia sobre la tradición virgiliana. El motivo de la katabasis, el descenso al mundo de los muertos seguido de un regreso transformador, se convirtió en uno de los arquetipos narrativos más duraderos de la cultura occidental.