Emperadores romanos de origen norteafricano: Septimio Severo y Macrino
Cuando en el año 193 d. C. el general Lucio Septimio Severo marchó sobre Roma al frente de sus legiones del Danubio, no solo se hizo con el control del Imperio romano más grande de la historia: también rompió un tabú de más de dos siglos. Por primera vez, un hombre nacido en el norte de África accedía al trono imperial. Septimio Severo, oriundo de Leptis Magna —en la actual Libia—, es el más célebre de los emperadores romanos de ascendencia norteafricana, pero no fue el único. Unas décadas después, Macrino, nacido en la Mauritania actual, alcanzaría también la púrpura, aunque por un camino muy distinto y con un reinado mucho más breve.

Leptis Magna: la cuna del primer emperador africano
Lucio Septimio Severo nació el 11 de abril de 145 d. C. en Leptis Magna, una próspera ciudad portuaria de la provincia de Africa situada en la costa de lo que hoy es Libia, a unos cien kilómetros al sureste de Trípoli. La ciudad era en aquella época uno de los núcleos comerciales más importantes del Mediterráneo occidental, famosa por sus aceites, sus cereales y su arquitectura monumental. Severo procedía de una familia de rango ecuestre y senatorial que llevaba generaciones instalada en la élite local: su bisabuelo ya había obtenido la ciudadanía romana, y varios parientes suyos habían ejercido magistraturas en Roma.
Su ascendencia era mixta. Por línea paterna, provenía de una estirpe púnica y bereber profundamente romanizada; por línea materna, de emigrantes itálicos establecidos en África desde hacía generaciones. Esta dualidad marcaría su imagen pública: antes de convertirse en emperador, era frecuentemente menospreciado en los círculos senatoriales de Roma por su acento norteafricano —el latín con resonancias púnicas que nunca llegó a abandonar del todo— y por su origen provinciano.
Carrera política y ascenso al poder
La trayectoria de Septimio Severo dentro de la administración imperial fue metódica y brillante. Cursó estudios en Roma, ejerció como abogado, obtuvo el rango de senador y fue desempeñando sucesivos cargos en las provincias: gobernador en Sicilia, en la Galia y, finalmente, en Panonia Superior, una de las provincias militarmente más importantes del Imperio, en la frontera del Danubio.
La oportunidad llegó en 193 d. C., el llamado Año de los Cinco Emperadores. Tras el asesinato de Pértinax y la ignominiosa subasta del trono por parte de la Guardia Pretoriana —que lo vendió al mejor postor, el senador Dídio Juliano—, varias legiones en distintos frentes proclamaron a sus propios generales. Septimio Severo, al mando de las legiones panónicas, marchó sobre Roma antes de que sus rivales pudieran hacerlo. El Senado, atemorizado, decretó la muerte de Dídio Juliano y reconoció a Severo como Augustus en abril de 193. Le esperaban aún dos guerras civiles contra los otros pretendientes —Pescenio Níger en Oriente y Clodio Albino en Occidente—, de las que saldría victorioso, consolidando un poder absoluto y sin concesiones.
El reinado de Septimio Severo (193-211)
Durante casi dos décadas al frente del Imperio, Septimio Severo transformó profundamente las estructuras del poder romano. Su política se sustentó en tres ejes: el fortalecimiento del ejército, la reducción del poder del Senado y la consolidación de una nueva burocracia imperial. Aumentó el sueldo de los soldados, les permitió casarse legalmente durante el servicio activo y favoreció el ascenso de provinciales —en especial africanos y orientales— a los cargos más altos de la administración.
En política exterior, dirigió campañas exitosas en Britania —donde murió en la ciudad de Eboracum, la actual York, en febrero de 211— y en Mesopotamia, donde fundó la provincia de Mesopotamia y extendió la frontera oriental del Imperio. También reforzó las defensas en África del Norte, su tierra natal, y embelleció Leptis Magna con monumentales construcciones que aún hoy asombran a los arqueólogos.
Su matrimonio con Julia Domna, princesa de la influyente familia sacerdotal de Emesa (Siria), fue determinante en el tono cultural de su reinado: la corte severa fue un hervidero intelectual donde convivieron filósofos, juristas y teólogos de todo el Imperio. El jurista Papiniano, uno de los más grandes de la historia del derecho romano, fue su prefecto del pretorio.
La dinastía Severa: el legado africano en el trono de Roma
Septimio Severo fundó la dinastía Severa, que gobernó el Imperio entre 193 y 235 d. C. Sus hijos Caracalla y Geta heredaron el trono en 211, aunque Caracalla asesinó a su hermano apenas unos meses después. A través de la línea siria de Julia Domna y sus sobrinas, la dinastía continuó con emperadores como Heliogábalo y Alejandro Severo. Aunque los sucesores de Septimio Severo eran en su mayor parte de ascendencia siria por vía materna, todos ellos llevaban sangre norteafricana a través del fundador de la estirpe. La dinastía Severa representó una ruptura definitiva con la tradición de los emperadores itálicos y abrió el Imperio a las élites provinciales.
Macrino: el segundo emperador de origen norteafricano
Apenas seis años después de la muerte de Septimio Severo, otro hombre de origen norteafricano alcanzó la cumbre del poder romano, aunque por caminos muy distintos. Marco Opelio Macrino nació hacia el año 165 d. C. en Cesarea de Mauritania —la actual Cherchell, en Argelia—, en el seno de una familia de origen bereber y condición ecuestre modesta. Su educación jurídica le abrió las puertas de la burocracia imperial, hasta que bajo Caracalla llegó a ser prefecto del pretorio, el cargo más poderoso tras el del propio emperador.
En abril de 217, Caracalla fue asesinado durante una campaña contra los partos. La sospecha recayó sobre Macrino, que habría instigado el magnicidio al enterarse de que el emperador planeaba eliminarlo. Tres días después del asesinato, las legiones de Oriente lo proclamaron Augustus. Con ello, Macrino se convirtió en el primer emperador romano que nunca había ocupado un cargo senatorial y, al mismo tiempo, en el segundo nacido en el norte de África en gobernar Roma.
Su reinado fue, sin embargo, fugaz y desastroso. Firmó una paz humillante con los partos, recortó los salarios militares y no supo ganarse la lealtad de las tropas. En junio de 218, las legiones sirias se rebelaron en favor del joven Heliogábalo, presunto nieto de Septimio Severo. Macrino fue derrotado en la batalla de Antioquía, capturado y ejecutado. Había reinado apenas catorce meses.
Significado histórico
La irrupción de emperadores norteafricanos en el siglo III no fue un accidente. Refleja la madurez política y cultural de las provincias africanas, plenamente integradas en el mundo romano tras siglos de conquista y romanización. África del Norte aportó al Imperio no solo cereales y aceite, sino intelectuales, juristas, militares y, finalmente, emperadores. El caso de Septimio Severo fue especialmente poderoso como símbolo: un hombre burlado por su acento púnico llegó a ser el amo de Roma y a redefinir el Imperio a su imagen, provinciana, militar y multicultural. Su herencia influyó en los debates posteriores sobre identidad romana y ciudadanía universal, culminados precisamente bajo su hijo Caracalla con el famoso Edicto de Caracalla de 212, que concedía la ciudadanía romana a todos los hombres libres del Imperio.
Preguntas frecuentes
¿Quién fue el primer emperador romano de origen africano?
El primer emperador romano nacido en el norte de África fue Lucio Septimio Severo, oriundo de Leptis Magna (actual Libia), que gobernó entre 193 y 211 d. C. Fue también el fundador de la dinastía Severa.
¿Cuántos emperadores romanos eran de origen norteafricano?
Los dos emperadores nacidos en el norte de África fueron Septimio Severo (Leptis Magna, Libia) y Macrino (Cesarea de Mauritania, actual Argelia). Sus sucesores en la dinastía Severa —Caracalla, Geta, Heliogábalo, Alejandro Severo— tenían ascendencia africana por línea paterna, aunque sus madres eran de origen sirio.
¿De dónde era exactamente Septimio Severo?
Septimio Severo nació en Leptis Magna, una ciudad romana en la costa de la provincia de Africa, situada en el territorio de la actual Libia. Su familia tenía raíces púnicas y bereberes romanizadas, con influencia itálica por línea materna.
¿Qué fue el Edicto de Caracalla y qué relación tiene con el origen africano de los Severos?
El Edicto de Caracalla (212 d. C.) concedió la ciudadanía romana a todos los hombres libres del Imperio. Aunque sus motivaciones fiscales fueron determinantes, el decreto se enmarca en la visión universalista de la dinastía Severa, cuyo fundador había llegado al poder desde una provincia africana y era consciente del valor político de integrar a los provinciales en el orden romano.
¿Por qué se burlaban del acento de Septimio Severo?
Septimio Severo habló siempre el latín con un acento marcado por las influencias del púnico, la lengua semítica derivada del fenicio que aún se hablaba en las ciudades costeras del norte de África en su época. Los senadores romanos, orgullosos del latín clásico, lo utilizaban para subrayar su condición de advenedizo provincial, algo que él nunca dejó de rebatir con su éxito político y militar.