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Darío III: el rey persa derrotado por Alejandro Magno

Publicado 4. julio 2025 Actualizado 16. junio 2026

¿Quién fue el rey persa que Alejandro derrotó?

El rey persa que Alejandro Magno derrotó fue Darío III, también conocido por su nombre de nacimiento Artashata o Codómano, y fue el último monarca del Imperio aqueménida. Su reinado, iniciado en 336 a. C., coincidió con la irrupción de la potencia macedónica en Asia, y los tres grandes enfrentamientos entre ambos hombres —el Gránico, Issos y Gaugamela— marcaron el fin de uno de los imperios más extensos de la Antigüedad. La derrota de Darío III no fue simplemente una derrota militar: supuso la disolución de un orden político que había dominado el mundo conocido durante más de dos siglos.

¿Quién fue el rey persa que Alejandro derrotó?

Ascenso al trono y contexto del Imperio persa

Darío III accedió al trono en 336 a. C. en circunstancias turbulentas. El poderoso visir Bagoas había envenenado a los dos reyes anteriores —Artajerjes III y Arsés— antes de verse obligado a matar a Arsés por intentar resistírsele. Bagoas eligió entonces a Codómano, un miembro lejano de la familia real aqueménida, creyendo que sería un gobernante manejable. Sin embargo, según las fuentes antiguas, Darío se negó a ser una marioneta y obligó al intrigante Bagoas a beber su propio veneno.

El Imperio que heredó era vasto: se extendía desde el mar Egeo hasta la India y desde Egipto hasta Asia Central. Sin embargo, presentaba signos de debilitamiento interno: las satrapías occidentales eran difíciles de controlar, la lealtad de los mercenarios griegos era volátil y la corte persa arrastraba décadas de intrigas palaciegas. Fue en este contexto en el que Alejandro de Macedonia, con apenas veintidós años, cruzó el Helesponto en 334 a. C. con un ejército de aproximadamente 35 000 soldados.

La batalla del Gránico (334 a. C.)

El primer choque entre las fuerzas macedónicas y el Imperio persa tuvo lugar en el río Gránico, en la actual Turquía noroccidental. Darío III no estuvo presente: el ejército persa fue comandado por los sátrapas locales y por el veterano mercenario griego Memnón de Rodas. Alejandro cruzó el río de frente en un ataque que sus propios generales consideraron temerario y logró una victoria decisiva. La derrota en el Gránico abrió a Alejandro las puertas de Asia Menor y privó a Persia de su primera línea de defensa occidental.

La batalla de Issos (333 a. C.)

Darío III decidió tomar personalmente el mando del ejército para la segunda campaña. Reunió una fuerza estimada por las fuentes antiguas en varios centenares de miles de hombres, aunque los historiadores modernos la cifran entre 100 000 y 150 000, y avanzó hacia el sur de Anatolia. El encuentro se produjo en Issos, en el golfo de Alejandreta (actual costa de Hatay, Turquía), en noviembre de 333 a. C.

La batalla fue un encuentro ajustado en su inicio, pero el terreno estrecho entre el mar y las montañas anuló la superioridad numérica persa. Alejandro lideró personalmente la carga de la caballería macedónica directamente hacia donde se encontraba Darío, en el centro de la formación enemiga. El gran rey, al ver que el frente se derrumbaba y que los macedonios se aproximaban a su posición, huyó en su carro, dejando abandonados en el campo de batalla a su madre, su esposa y sus hijos. La familia real persa fue capturada por Alejandro, quien según las fuentes trató a las prisioneras con respeto y consideración.

Tras Issos, Darío III envió embajadores a Alejandro para negociar la liberación de su familia y proponer un reparto del mundo conocido: ofreció territorios al oeste del Éufrates y una alianza matrimonial. Alejandro rechazó la propuesta, declarando que él ya era rey de toda Asia y que no había necesidad de negociar lo que ya poseía.

La batalla de Gaugamela (331 a. C.)

Tras la conquista macedónica de Fenicia, Gaza y Egipto, el enfrentamiento definitivo se produjo el 1 de octubre de 331 a. C. en la llanura de Gaugamela, cerca de la ciudad de Arbela (próxima a la actual Erbil, en el norte de Irak). Esta vez Darío eligió deliberadamente un terreno llano y despejado para neutralizar la táctica macedónica de envolvimiento y poder desplegar carros con guadañas y elefantes de guerra.

Darío concentró un ejército de composición diversa: infantes persas e indios, caballería bactriana y escita, carros con guadañas en los flancos. Las estimaciones modernas sitúan la fuerza persa entre 100 000 y 200 000 combatientes frente a unos 47 000 macedonios. A pesar de la cuidadosa preparación, Alejandro ejecutó una maniobra oblicua hacia el flanco derecho que atrajo a la caballería persa fuera de su posición, abriendo un hueco en el centro enemigo. A través de ese hueco, Alejandro lanzó una carga en cuña directamente hacia Darío.

Por segunda vez, el gran rey abandonó el campo de batalla antes de que la batalla concluyera. La huida de Darío desencadenó el pánico entre sus tropas, que se desbandaron. Gaugamela fue la batalla más decisiva de la campaña asiática: después de ella, Babilonia, Susa y Persépolis cayeron sin resistencia significativa.

La caída y muerte de Darío III

Tras Gaugamela, Darío se refugió en Ecbatana (actual Hamadán, Irán) con los restos de su ejército. Cuando Alejandro avanzó hacia allí, el rey persa huyó más al este, hacia las satrapías orientales. Fue en esta huida cuando sus propios nobles, encabezados por Beso, sátrapa de Bactriana, lo arrestaron y lo convirtieron en prisionero. En julio de 330 a. C., cuando las avanzadillas macedónicas estaban ya muy próximas, Beso y sus cómplices asesinaron a Darío III y abandonaron su cuerpo en el camino.

Alejandro encontró el cadáver del último gran rey aqueménida y ordenó que fuese transportado a Persépolis para recibir sepultura honorable con los honores propios de su rango. El gesto tenía un significado político preciso: Alejandro se presentaba no como conquistador extranjero sino como legítimo heredero y vengador del trono persa. Beso fue capturado posteriormente, juzgado y ejecutado por el asesinato de su propio rey.

Legado histórico

La derrota de Darío III marca el fin del Imperio aqueménida, que había existido desde 550 a. C. con Ciro el Grande. En apenas cuatro años de campaña (334-330 a. C.), Alejandro transformó el mapa político del mundo antiguo. Persia no desapareció como civilización —su lengua, su cultura y sus tradiciones administrativas sobrevivieron e influyeron en el propio Estado macedónico— pero su estructura imperial fue sustituida por el nuevo orden helenístico.

Darío III ha sido objeto de valoraciones diversas por parte de los historiadores. Las fuentes grecolatinas, en su mayoría favorables a Alejandro, tendieron a retratar al rey persa como un cobarde por sus huidas en Issos y Gaugamela. Estudios modernos matizan este juicio: Darío fue un gobernante capaz que heredó un imperio en declive, supo reorganizar recursos tras cada derrota y hubo de enfrentarse a un adversario de capacidades militares excepcionales. Su muerte a manos de sus propios nobles, y no del enemigo, añade una dimensión trágica a su figura histórica.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue el rey persa que Alejandro Magno derrotó?

Fue Darío III, el último rey del Imperio aqueménida, quien reinó desde 336 a. C. hasta su muerte en 330 a. C. Alejandro lo derrotó en tres grandes batallas: el Gránico (334 a. C.), Issos (333 a. C.) y Gaugamela (331 a. C.).

¿En qué batalla fue derrotado Darío III de forma definitiva?

La derrota definitiva de Darío III se produjo en la batalla de Gaugamela, el 1 de octubre de 331 a. C., en las llanuras próximas a la actual ciudad de Erbil (Irak). Tras esta batalla, el Imperio persa dejó de existir como entidad política unificada.

¿Cómo murió Darío III?

Darío III fue asesinado en julio de 330 a. C. por Beso, sátrapa de Bactriana, y otros nobles persas que lo habían tomado prisionero durante su huida de Alejandro. Su cuerpo fue hallado por las tropas macedónicas y recibió sepultura honorable por orden de Alejandro.

¿Por qué huyó Darío III en las batallas de Issos y Gaugamela?

En ambas batallas, la táctica de Alejandro consistió en dirigir su carga directamente hacia la posición del rey persa. Al ver comprometida su seguridad personal y el frente en derrumbe, Darío optó por retirarse para preservar su vida y reorganizar fuerzas. Las fuentes antiguas interpretaron estas huidas como cobardía; los historiadores modernos las leen también como decisiones estratégicas para evitar la captura.

¿Qué pasó con el Imperio persa tras la muerte de Darío III?

Tras la muerte de Darío III, Alejandro Magno se proclamó legítimo sucesor del Imperio aqueménida y continuó su campaña hacia el este, conquistando Bactriana, Sogdiana e India. El territorio persa quedó integrado en el Imperio macedónico y, tras la muerte de Alejandro en 323 a. C., fue repartido entre sus generales, los llamados Diádocos, dando lugar a los reinos helenísticos.

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