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¿Quiénes fueron los aliados en la Primera Guerra Mundial?

Publicado 21. mayo 2026

¿Quiénes fueron los aliados en la Primera Guerra Mundial?

La Primera Guerra Mundial enfrentó a dos grandes bloques de potencias entre 1914 y 1918. Uno de esos bloques fue el de los aliados, también conocidos como las Potencias de la Entente, que agrupó a naciones de los cinco continentes en torno a un objetivo común: detener el expansionismo de Alemania, el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Otomano. Conocer quiénes formaron este bando, por qué se unieron y qué papel desempeñó cada uno permite entender mejor la complejidad de un conflicto que transformó el mundo para siempre.

Los orígenes de la alianza: la Triple Entente

El núcleo del bando aliado se articuló en torno a la Triple Entente, una alianza diplomática formada antes del estallido de la guerra por tres grandes potencias europeas: Francia, el Reino Unido y Rusia. A diferencia de la Triple Alianza que unía a Alemania, Austria-Hungría e Italia, la Entente no era un pacto de asistencia militar automática, sino una serie de acuerdos y tratados que comprometían a sus miembros a consultarse mutuamente y a actuar de forma coordinada.

Los antecedentes de esta alianza se remontan a finales del siglo XIX. Francia y Rusia firmaron una alianza militar en 1894, preocupadas ambas por el poder creciente de Alemania. El Reino Unido, que hasta entonces había mantenido una política de "espléndido aislamiento", se aproximó primero a Francia mediante la Entente Cordiale de 1904 y posteriormente a Rusia con el Convenio Anglo-Ruso de 1907. Así quedó configurada la Triple Entente que serviría de base al bando aliado.

Las tensiones previas al conflicto

Las décadas previas a 1914 estuvieron marcadas por una carrera armamentística sin precedentes, especialmente en lo que respecta a la construcción naval entre el Reino Unido y Alemania. Las crisis marroquíes de 1905 y 1911 pusieron a prueba la solidez de la Entente y demostraron que las grandes potencias europeas estaban dispuestas a arriesgar la guerra para defender sus intereses coloniales y de prestigio. El asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo el 28 de junio de 1914 fue la chispa que hizo estallar un barril de pólvora que llevaba años acumulándose.

Los tres grandes: Francia, Reino Unido y Rusia

Aunque el bando aliado acabó agrupando a decenas de naciones, el peso militar y político recayó principalmente en tres grandes potencias durante la primera fase del conflicto.

Francia

Francia entró en guerra el 3 de agosto de 1914, tras la declaración de guerra alemana. Para los franceses, el conflicto tenía una carga emocional especial: Alemania había humillado a Francia en la guerra franco-prusiana de 1870-1871, anexionando Alsacia y Lorena. La recuperación de estos territorios era un objetivo nacional de primer orden. El frente occidental, que discurría principalmente por territorio francés y belga, fue el escenario de los combates más encarnizados del conflicto: Verdún, el Somme, el Marne.

Francia movilizó aproximadamente 8,4 millones de soldados a lo largo de la guerra y sufrió más de 1,3 millones de muertos en combate, una cifra que representaba una proporción elevadísima de su población activa masculina. La experiencia de la guerra dejó una huella indeleble en la sociedad francesa y condicionó la política exterior del país durante décadas.

El Reino Unido

El Reino Unido declaró la guerra a Alemania el 4 de agosto de 1914, el mismo día en que las tropas alemanas cruzaron la frontera de Bélgica, un país cuya neutralidad el propio Reino Unido había garantizado por tratado en 1839. La invasión de Bélgica fue el detonante inmediato de la entrada británica en el conflicto.

El Imperio Británico era en 1914 la mayor potencia colonial del mundo, y esa condición tuvo implicaciones directas en la guerra: además del ejército metropolitano, decenas de miles de soldados procedentes de Australia, Canadá, Nueva Zelanda, India, Sudáfrica y otras colonias y dominios lucharon bajo la bandera aliada. La marina real británica jugó un papel decisivo en el bloqueo naval de Alemania, que contribuyó a debilitar progresivamente su economía de guerra.

Rusia

Rusia entró en guerra el 1 de agosto de 1914, movilizando lo que era en términos numéricos el ejército más grande del mundo. Sin embargo, la capacidad logística del Imperio Zarista era muy inferior a la de sus aliados occidentales. El frente oriental, que se extendía miles de kilómetros desde el mar Báltico hasta el mar Negro, fue escenario de grandes batallas y de enormes bajas rusas.

La situación interna de Rusia se deterioró progresivamente. Las derrotas militares, el desabastecimiento y el descontento social desembocaron en la Revolución de Febrero de 1917, que obligó al zar Nicolás II a abdicar. El gobierno provisional que lo sustituyó intentó continuar la guerra, pero la Revolución de Octubre de ese mismo año llevó a los bolcheviques al poder. Lenin firmó el Tratado de Brest-Litovsk con Alemania en marzo de 1918, retirando a Rusia del conflicto.

Los aliados que se incorporaron en los primeros meses

La guerra se fue ampliando rápidamente durante los meses siguientes a su inicio, incorporando a nuevas naciones al bando aliado.

Serbia: el origen del conflicto

Serbia fue en muchos sentidos el punto de partida de la guerra. El asesinato del archiduque en Sarajevo fue perpetrado por un estudiante bosnio con vínculos con grupos nacionalistas serbios, lo que provocó el ultimátum austro-húngaro a Serbia. Cuando Serbia respondió de forma ambigua, Austria-Hungría le declaró la guerra el 28 de julio de 1914. Rusia, que se consideraba protectora de los pueblos eslavos, comenzó a movilizarse en apoyo de Serbia, desencadenando la cadena de declaraciones de guerra.

A pesar de ser un país pequeño con recursos limitados, el ejército serbio ofreció una resistencia tenaz. Fue invadido y derrotado en 1915, pero las tropas serbias lograron retirarse a través de Albania hasta Corfú, donde se reorganizaron y regresaron al combate en el frente de Macedonia.

Bélgica: la nación invadida

Bélgica era un país neutral cuando Alemania le exigió paso libre para sus tropas el 2 de agosto de 1914. El rey Alberto I rechazó el ultimátum y Alemania invadió el país al día siguiente. Esta decisión tuvo consecuencias estratégicas decisivas: proporcionó a los aliados un argumento moral poderoso para justificar la guerra ante la opinión pública internacional y precipitó la entrada del Reino Unido en el conflicto.

La resistencia belga y las historias de atrocidades cometidas por el ejército alemán en pueblos y ciudades del país generaron una ola de indignación internacional que facilitó el reclutamiento de voluntarios en el Reino Unido y reforzó la cohesión del bando aliado.

Japón: la dimensión asiática

Japón declaró la guerra a Alemania el 23 de agosto de 1914, invocando el Tratado de Alianza Anglo-Japonesa de 1902. Su participación en el conflicto europeo fue limitada en términos militares directos, pero tuvo consecuencias geopolíticas importantes: Japón aprovechó la guerra para apoderarse de las colonias alemanas en el Pacífico y ampliar su influencia en China, sembrando tensiones que se manifestarían con toda su virulencia décadas después.

La incorporación de Italia y otros aliados en 1915-1916

A pesar de ser miembro de la Triple Alianza junto a Alemania y Austria-Hungría, Italia declaró su neutralidad al inicio del conflicto, argumentando que el pacto era de naturaleza defensiva y que Austria-Hungría había sido quien atacó primero. Las negociaciones secretas con ambos bandos culminaron en abril de 1915 con la firma del Tratado de Londres, por el que los aliados prometían a Italia importantes compensaciones territoriales a cambio de su entrada en guerra.

Italia declaró la guerra a Austria-Hungría el 23 de mayo de 1915. Su participación abrió un frente alpino y adriático que inmovilizó importantes fuerzas austro-húngaras. La batalla de Caporetto en 1917, en la que los austros y alemanes infligieron una derrota catastrófica a Italia, fue un momento de crisis que exigió el apoyo urgente de Francia y el Reino Unido.

Portugal y Rumanía

Portugal se unió formalmente a los aliados en marzo de 1916. Su participación estuvo motivada tanto por la alianza histórica con el Reino Unido como por el temor a perder sus colonias africanas si Alemania ganaba la guerra. Tropas portuguesas combatieron en el frente occidental y en los frentes africanos de Mozambique y Angola.

Rumanía entró en guerra en agosto de 1916, atraída por las promesas aliadas de obtener territorios habitados por población de etnia rumana, especialmente en Transilvania (entonces bajo soberanía austro-húngara). La campaña rumana fue inicialmente desastrosa: el ejército alemán y austro-húngaro ocupó gran parte del país, incluyendo Bucarest. Sin embargo, Rumanía se reorganizó y regresó al combate en 1917.

Estados Unidos: el aliado que cambió el rumbo de la guerra

Cuando estalló la guerra en 1914, Estados Unidos proclamó su neutralidad bajo la presidencia de Woodrow Wilson. Durante casi tres años, la nación norteamericana mantuvo relaciones comerciales con ambos bandos, aunque el bloqueo naval británico dificultaba enormemente el comercio con Alemania.

Varios factores impulsaron el giro estadounidense hacia los aliados. El hundimiento del transatlántico Lusitania por un submarino alemán en mayo de 1915, con 1.198 víctimas entre las que había 128 ciudadanos estadounidenses, generó una ola de indignación en el país. El descubrimiento del telegrama Zimmermann en 1917, en el que Alemania proponía a México una alianza militar con promesas de recuperar Texas, Nuevo México y Arizona, fue el detonante definitivo.

El Congreso de Estados Unidos declaró la guerra a Alemania el 6 de abril de 1917. La llegada de las tropas del Cuerpo Expedicionario Americano, frescos y bien pertrechados, revitalizó al bando aliado en un momento en que Francia y el Reino Unido acusaban el desgaste de tres años de guerra. La incorporación estadounidense fue uno de los factores determinantes en el resultado final del conflicto.

Grecia y otros aliados tardíos

Grecia vivió una grave crisis política interna entre los partidarios del rey Constantino I, que favorecía la neutralidad por sus vínculos dinásticos con Alemania, y el primer ministro Eleftherios Venizelos, que apoyaba la entrada en guerra junto a los aliados. Tras el desembarco aliado en Salónica en 1915 y la deposición forzosa del rey, Grecia se incorporó formalmente al bando aliado en junio de 1917.

China, Siam (actual Tailandia), Cuba, Brasil y otros países también declararon la guerra a Alemania, aunque su contribución militar directa fue mínima. Su incorporación tuvo sobre todo un valor simbólico y diplomático.

El papel de las colonias e imperios

Una de las características más distintivas del bando aliado fue su dimensión global. Francia y el Reino Unido movilizaron a millones de soldados procedentes de sus vastos imperios coloniales. India aportó más de un millón de combatientes al esfuerzo bélico británico. Los soldados senegaleses, marroquíes y argelinos lucharon bajo la bandera francesa. Los ANZAC (tropas de Australia y Nueva Zelanda) se ganaron una reputación legendaria en Gallipoli y en los campos de batalla de Flandes.

Esta dimensión imperial tuvo consecuencias que se manifestarían después de la guerra: las promesas de autonomía o independencia formuladas para obtener el apoyo colonial generaron expectativas que los imperios europeos no estaban dispuestos a satisfacer, sembrando el germen de los movimientos independentistas del siglo XX.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos países formaban el bando aliado en la Primera Guerra Mundial?

A lo largo del conflicto, más de veinte naciones declararon la guerra a las Potencias Centrales y se alinearon con el bando aliado. Los principales fueron Francia, el Reino Unido, Rusia (hasta 1917), Serbia, Bélgica, Japón, Italia (desde 1915), Portugal, Rumanía (desde 1916) y Estados Unidos (desde 1917). Además, el Imperio Británico movilizó a soldados de decenas de territorios coloniales y dominios.

¿Por qué Italia cambió de bando en la Primera Guerra Mundial?

Italia era miembro de la Triple Alianza con Alemania y Austria-Hungría desde 1882, pero cuando estalló la guerra en 1914 declaró su neutralidad, argumentando que el pacto era defensivo y que Austria-Hungría había actuado como agresora. Tras meses de negociaciones secretas, Italia firmó el Tratado de Londres con los aliados en abril de 1915, que le prometía importantes territorios (Trieste, el Trentino, Istria, parte de Dalmacia) a cambio de entrar en guerra. Italia declaró la guerra a Austria-Hungría el 23 de mayo de 1915.

¿Cuándo y por qué entró Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial?

Estados Unidos entró en la guerra el 6 de abril de 1917, tras más de dos años de neutralidad. Los principales factores fueron el hundimiento de barcos estadounidenses por los submarinos alemanes, la reanudación de la guerra submarina sin restricciones por parte de Alemania en febrero de 1917 y el descubrimiento del telegrama Zimmermann, en el que Alemania proponía a México una alianza contra Estados Unidos a cambio de recuperar Texas, Nuevo México y Arizona.

¿Qué papel tuvo Rusia en el bando aliado?

Rusia fue uno de los tres pilares originales de la Triple Entente y movilizó el ejército más numeroso del conflicto. Sin embargo, sus deficiencias logísticas y la inestabilidad política interna minaron su capacidad combativa. La Revolución de 1917 llevó a los bolcheviques al poder y estos firmaron el Tratado de Brest-Litovsk con Alemania en marzo de 1918, retirando a Rusia del conflicto y liberando a Alemania de la presión en el frente oriental.

¿Qué fue la Triple Entente y en qué se diferenciaba de la Triple Alianza?

La Triple Entente era la alianza diplomática formada por Francia, el Reino Unido y Rusia que constituyó el núcleo del bando aliado. A diferencia de la Triple Alianza (Alemania, Austria-Hungría e Italia), la Entente no era un tratado de asistencia militar automática sino un conjunto de acuerdos diplomáticos que comprometían a sus miembros a la consulta y la coordinación. Esto explica que el Reino Unido tardase unos días en declarar la guerra después de que Francia y Rusia ya lo hubieran hecho.

¿Qué pasó con las colonias de los países aliados después de la guerra?

Las colonias de los países aliados participaron masivamente en el esfuerzo bélico, aportando millones de soldados y enormes recursos materiales. Tras la victoria, las potencias coloniales no solo no concedieron la independencia prometida en algunos casos, sino que se repartieron las colonias alemanas entre ellas bajo el sistema de mandatos de la recién creada Sociedad de Naciones. Esta decepción fue uno de los catalizadores del nacionalismo anticolonial que se desarrolló a lo largo del siglo XX.