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Cómo cuidan los canguros a sus crías en la naturaleza

Publicado 1. mayo 2025 Actualizado 16. junio 2026

¿Cómo cuidan los canguros a sus crías en la naturaleza?

Los canguros son uno de los ejemplos más llamativos de cuidado parental entre los mamíferos. Como marsupiales, han desarrollado a lo largo de millones de años un sistema reproductivo radicalmente distinto al de los mamíferos placentarios: sus crías nacen en un estado de desarrollo embrionario muy temprano y completan su crecimiento fuera del útero, protegidas y alimentadas en la bolsa marsupial de la madre. Este proceso, lejos de ser una solución provisional de la evolución, representa una estrategia sofisticada con adaptaciones fisiológicas que la ciencia sigue estudiando en detalle.

¿Cómo cuidan los canguros a sus crías en la naturaleza?

El nacimiento: una travesía de apenas unos centímetros

Tras una gestación de apenas 30 a 36 días en las especies más grandes —como el canguro rojo (Osphranter rufus) o el canguro gris oriental (Macropus giganteus)—, nace una cría denominada joey. El recién nacido mide aproximadamente un centímetro y pesa menos de un gramo, comparable en tamaño a un garbanzo o una judía. A pesar de su estado de desarrollo extremadamente inmaduro —los ojos y los oídos aún no están formados, las patas traseras son apenas unos brotes—, el joey dispone de un sistema nervioso y muscular funcional en las extremidades delanteras y en los pulmones.

Nada más nacer, la cría emprende un recorrido instintivo desde el canal del parto hasta la apertura de la bolsa marsupial, trepando entre el pelaje del abdomen materno mediante movimientos similares a la natación. La madre lame una franja de pelo en esa dirección para facilitar el trayecto, aunque no transporta activamente al joey ni interviene en su ascenso. Esta travesía de apenas unos centímetros dura entre tres y cinco minutos y, de no completarse con éxito, la cría no sobrevive.

La bolsa marsupial: una incubadora biológica

Una vez en el interior de la bolsa —denominada marsupio—, el joey localiza uno de los cuatro pezones y se adhiere a él. El pezón se dilata de inmediato dentro de la boca de la cría, lo que impide su separación accidental durante los primeros meses. Esta unión es tan firme que intentar separar al joey del pezón podría causarle daño.

El marsupio no es simplemente una cavidad de transporte: regula la temperatura, proporciona humedad y mantiene un ambiente protegido frente a patógenos del exterior. La madre limpia la bolsa activamente con su lengua para mantener la higiene. Durante los primeros meses, el joey permanece dentro de forma continua, sin asomar al exterior.

El tiempo de permanencia en la bolsa varía según la especie. En las grandes especies de canguros, el joey sale de la bolsa por primera vez entre los 190 y 235 días de vida, con un peso aproximado de 4 a 5 kilogramos. Sin embargo, durante varias semanas más sigue introduciéndose en ella para descansar o ante situaciones de amenaza.

Una lactancia a medida: leche diferente para cada etapa

Una de las adaptaciones más extraordinarias del canguro es su capacidad para producir simultáneamente dos tipos de leche con composiciones nutricionales distintas a través de dos pezones diferentes. Esta capacidad cobra especial relevancia cuando la madre tiene dos joeys en etapas de desarrollo distintas: uno dentro de la bolsa y otro que ya ha salido pero sigue dependiendo de la lactancia.

La leche destinada al joey recién nacido es rica en proteínas y factores de crecimiento que estimulan el desarrollo de órganos, piel y pelo. A medida que el joey crece, la composición se modifica progresivamente: aumenta el contenido en grasas para cubrir las necesidades energéticas de una cría cada vez más activa. La producción de ambas leches es independiente: cada glándula mamaria asociada a un pezón distinto fabrica la fórmula adecuada para el joey que lo ocupa, sin interferir con la otra.

La diapausia embrionaria: un embrión en espera

Los canguros poseen otra adaptación reproductiva sin paralelo entre la mayoría de los mamíferos: la diapausia embrionaria (también llamada implantación diferida). Poco después del parto, la hembra puede ser fecundada de nuevo, pero el nuevo embrión —detenido en la fase de blástula, con unas cien células— queda en estado de latencia dentro del útero hasta que la bolsa quede disponible.

Si el joey que ocupa la bolsa muere, el embrión en espera retoma su desarrollo de inmediato y nace en cuestión de semanas. Si el joey sobrevive, el embrión permanece suspendido hasta que aquel abandona definitivamente la bolsa. Este mecanismo permite a la hembra tener simultáneamente hasta tres descendientes en distintas fases: un embrión en diapausia, un joey dentro de la bolsa y un juvenil que ya ha salido pero aún mama del exterior.

La salida de la bolsa y la independencia progresiva

Cuando el joey empieza a asomar la cabeza por la bolsa, lo hace de forma exploratoria durante períodos cortos. Gradualmente aumenta el tiempo que pasa fuera hasta que, entre los ocho y los doce meses de vida —dependiendo de la especie—, deja de caber dentro y la madre contrae la musculatura del marsupio para impedirle el acceso.

Tras la salida definitiva, el juvenil continúa regresando junto a la madre para mamar desde el exterior durante varios meses más, hasta aproximadamente el año y medio de vida. En este período aprende comportamientos de forrajeo, rutas de pastoreo y señales sociales del grupo, pues los canguros son animales gregarios que viven en manadas llamadas mobs. La madre no abandona activamente al joven, pero paulatinamente la dependencia se reduce hasta la separación natural.

El papel exclusivo de la madre

El cuidado de las crías recae de forma exclusiva en la hembra. Los machos no participan en ninguna fase de la crianza: no protegen a las crías, no contribuyen a la alimentación ni mantienen vínculos estables con las hembras con las que se aparean. La estructura social de los canguros no incluye parejas estables; los machos compiten entre sí por el acceso a las hembras en celo, y su rol se limita a la reproducción.

Las hembras, en cambio, sostienen un vínculo prolongado con su descendencia. Pueden reconocer a sus crías por el olor y las llaman mediante vocalizaciones suaves cuando perciben peligro cercano. Ante la presencia de un depredador —dingos, águilas cuñas u ocasionalmente humanos—, la madre puede expulsar al joey de la bolsa para huir con mayor velocidad, aunque en circunstancias normales su respuesta prioritaria es la huida conjunta.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo permanece el joey dentro de la bolsa?

En las grandes especies de canguros, el joey permanece dentro de la bolsa entre 8 y 10 meses. Tras la salida, continúa regresando a ella ocasionalmente durante algunas semanas más y sigue mamando desde el exterior hasta los 12-18 meses de vida.

¿Cómo llega el recién nacido a la bolsa si es tan pequeño?

El joey recién nacido trepa de forma instintiva desde el canal del parto hasta la abertura de la bolsa marsupial, guiado por el olfato y apoyándose en sus extremidades delanteras, que ya son funcionales. La madre no lo transporta; lame el pelaje para facilitar el recorrido, pero el joey realiza el ascenso por sí solo.

¿Qué es la diapausia embrionaria en los canguros?

Es un mecanismo por el que un embrión fecundado queda detenido en fase de blástula dentro del útero, sin implantarse ni desarrollarse, hasta que la bolsa marsupial queda libre. Permite a la hembra tener siempre un "embrión de reserva" listo para desarrollarse si la cría actual no sobrevive.

¿Puede una madre canguro alimentar a dos crías a la vez?

Sí. Gracias a que cada glándula mamaria funciona de forma independiente, una hembra puede producir simultáneamente leche de distinta composición: una más rica en proteínas para el joey recién nacido que ocupa la bolsa, y otra más grasa para el juvenil que ya ha salido pero sigue mamando desde el exterior.

¿Los canguros machos cuidan a sus crías?

No. El cuidado parental en los canguros es responsabilidad exclusiva de la hembra. Los machos no participan en la crianza en ninguna de sus fases: no protegen a los joeys, no aportan alimento ni mantienen vínculos con la descendencia.

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