Cómo identificar los síntomas de una infección de oído
La infección de oído, conocida médicamente como otitis, es una de las afecciones más frecuentes en consultas de medicina general y pediatría. Se produce cuando bacterias o virus colonizan alguna de las estructuras del oído —externo, medio o interno—, generando inflamación, acumulación de líquido y, en la mayoría de los casos, dolor significativo. Reconocer sus síntomas de manera temprana permite iniciar el tratamiento adecuado y evitar complicaciones como la pérdida de audición permanente.
Tipos de infección de oído y sus síntomas característicos
No todas las otitis son iguales. Según la zona anatómica afectada, se distinguen tres tipos principales, cada uno con un perfil sintomático diferente.
Otitis externa (oído del nadador)
La otitis externa afecta el conducto auditivo externo, la parte visible del oído que va desde el pabellón auricular hasta el tímpano. Es especialmente frecuente en personas que practican natación o que viven en climas húmedos, ya que la humedad prolongada altera la barrera protectora de la piel del conducto.
- Picor intenso en el interior del conducto auditivo, habitualmente el primer síntoma en aparecer.
- Dolor que aumenta al tocar o tirar del pabellón auricular o al masticar; este signo es muy orientativo de otitis externa frente a otros tipos.
- Enrojecimiento y tumefacción del conducto, que en casos moderados o graves puede obstruirlo parcialmente.
- Secreción acuosa o purulenta, a veces con mal olor.
- Pérdida auditiva temporal debida a la inflamación y al posible taponamiento del conducto.
Otitis media aguda
La otitis media es la forma más diagnosticada, sobre todo en niños menores de cinco años. Ocurre cuando la trompa de Eustaquio —el canal que comunica el oído medio con la garganta— se obstruye tras una infección respiratoria, permitiendo que bacterias o virus alcancen el espacio situado detrás del tímpano y provoquen la acumulación de líquido o pus.
- Dolor de oído profundo y pulsátil, que empeora al acostarse porque aumenta la presión intracraneal.
- Fiebre, especialmente frecuente en niños y a menudo superior a 38 °C.
- Sensación de oído taponado o de escuchar como si se estuviera bajo el agua.
- Hipoacusia transitoria causada por el líquido acumulado tras el tímpano, que amortigua la transmisión del sonido.
- Supuración espontánea a través del conducto si el tímpano se perfora; paradójicamente, el dolor suele ceder en ese momento al liberarse la presión.
- Malestar general, irritabilidad y dificultad para dormir, más evidentes en lactantes y niños pequeños.
Otitis interna (laberintitis)
La otitis interna es menos frecuente pero potencialmente más grave, ya que afecta al laberinto, la estructura del oído responsable tanto de la audición como del equilibrio. Sus síntomas difieren notablemente de los otros tipos y pueden confundirse con trastornos neurológicos.
- Vértigo intenso, con sensación de que el entorno gira, agravado por los movimientos de cabeza.
- Náuseas y vómitos asociados al vértigo.
- Pérdida de equilibrio e inestabilidad al caminar.
- Pérdida auditiva unilateral de mayor intensidad que en otros tipos, que en casos graves puede llegar a ser permanente.
- Acúfenos (tinnitus): pitidos o zumbidos continuos en el oído afectado.
- En algunos casos, nistagmo (movimiento involuntario de los ojos).
Diferencias entre niños y adultos
El cuadro clínico varía según la edad. En adultos, los síntomas suelen ser más localizados y fácilmente verbalizados: dolor de oído, sensación de presión, disminución de la audición y, en ocasiones, secreción. En lactantes y niños pequeños, que no pueden describir el dolor, las señales son más inespecíficas:
- Tirarse de la oreja o rascársela con frecuencia.
- Llanto persistente sin causa aparente o irritabilidad inusual.
- Dificultad para conciliar el sueño o despertarse llorando.
- Fiebre sin foco claro.
- Pérdida de apetito (el movimiento de succión puede aumentar el dolor).
- Respuesta reducida a sonidos o llamadas, signo de pérdida auditiva transitoria.
Síntomas de alarma: cuándo acudir al médico con urgencia
La mayoría de las otitis medias en niños mayores y adultos se resuelven de manera espontánea en pocos días. Sin embargo, determinados síntomas requieren atención médica inmediata:
- Dolor muy intenso que no cede con analgésicos habituales.
- Fiebre alta persistente (superior a 39 °C más de 48 horas).
- Supuración de pus o sangre por el oído.
- Vértigo intenso, pérdida de equilibrio o vómitos repetidos.
- Enrojecimiento, hinchazón o sensibilidad dolorosa detrás de la oreja (posible mastoiditis).
- Parálisis facial.
- Pérdida de audición que no mejora tras la resolución de la infección.
- Síntomas que empeoran pasados dos o tres días de tratamiento.
Cómo se distingue una otitis de otros problemas de oído
El dolor al tirar de la oreja es el signo más fiable para diferenciar una otitis externa de una media: si el dolor aumenta claramente al manipular el pabellón, apunta a otitis externa; si el oído duele desde dentro sin que el tacto externo lo agrave, se orienta más a otitis media. La presencia de vértigo o acúfenos intensos sin dolor notable sugiere afectación del oído interno. En cualquier caso, solo un médico puede realizar el diagnóstico definitivo mediante otoscopia, visualización directa del tímpano y el conducto auditivo.
Factores de riesgo que facilitan la infección
Conocer los factores predisponentes ayuda a interpretar mejor los síntomas en contexto:
- Edad: los niños entre 6 meses y 5 años son el grupo más vulnerable a la otitis media por la anatomía de su trompa de Eustaquio, más horizontal y corta.
- Infecciones respiratorias recientes: resfriados, gripes o faringitis preceden frecuentemente a la otitis media.
- Exposición prolongada al agua: baños en piscinas, mar o duchas repetidas favorecen la otitis externa.
- Uso incorrecto de bastoncillos: pueden erosionar la piel del conducto y abrir la puerta a gérmenes.
- Tabaquismo pasivo: exponer a niños al humo del tabaco aumenta su riesgo de otitis media.
- Asistencia a guarderías: el contacto frecuente con otros niños eleva la exposición a patógenos respiratorios.
- Inmunodeficiencias o enfermedades crónicas que reducen la respuesta del sistema inmunitario.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si mi hijo tiene una infección de oído?
En niños pequeños, los indicios más habituales son tirarse de la oreja, llanto persistente, fiebre sin causa aparente, dificultad para dormir y menor respuesta a los sonidos. En niños más mayores, suelen quejarse directamente de dolor de oído. Ante la duda, un médico puede confirmarlo con una otoscopia en minutos.
¿Puede haber infección de oído sin fiebre?
Sí. La fiebre es más frecuente en niños y en casos bacterianos, pero muchas otitis, especialmente las externas y algunas medias de origen vírico, cursan sin fiebre o con febrícula leve. La ausencia de fiebre no descarta la infección.
¿La otitis puede causar pérdida de audición permanente?
La mayoría de las otitis provocan una pérdida auditiva transitoria que se resuelve al eliminar la infección. Sin embargo, infecciones repetidas, otitis medias crónicas con efusión o una otitis interna grave pueden dañar estructuras del oído y derivar en pérdida auditiva permanente. Por ello es importante tratar las infecciones a tiempo y hacer seguimiento.
¿Cuánto tiempo duran los síntomas de una infección de oído?
En otitis media aguda no complicada, el dolor suele mejorar en 24-72 horas. La resolución completa de la infección puede tardar entre 7 y 14 días. La otitis externa responde al tratamiento tópico en 7-10 días. La otitis interna tiene una evolución más variable y puede prolongarse semanas o meses.
¿Qué diferencia hay entre una otitis media y una otitis externa?
La otitis externa afecta el conducto auditivo externo (la parte accesible del oído) y suele manifestarse con picor, dolor al tocar la oreja y secreción. La otitis media afecta el oído medio (detrás del tímpano) y se caracteriza por dolor interno pulsátil, fiebre y sensación de oído tapado. El signo más práctico: si tirar del pabellón auricular aumenta el dolor, es probable otitis externa.