Origen de la quimioterapia en el tratamiento del cáncer
La quimioterapia es hoy uno de los pilares fundamentales del tratamiento oncológico, pero su historia arranca de lugares insospechados: los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, los laboratorios secretos de la Segunda Guerra Mundial y los hospitales pediátricos de Boston en la posguerra. El camino desde los gases de combate hasta los fármacos capaces de inducir remisiones en pacientes con cáncer recorre casi medio siglo de observaciones, hipótesis audaces y ensayos clínicos pioneros.

El término «quimioterapia» y sus raíces en la microbiología
Antes de que nadie pensara en tratar tumores con fármacos, el médico alemán Paul Ehrlich acuñó el concepto de chemotherapy a comienzos del siglo XX para describir el uso de compuestos químicos capaces de atacar agentes infecciosos dentro del organismo. Ehrlich formuló su célebre idea de la «bala mágica» (Zauberkugel): una sustancia que, teóricamente, encontraría y destruiría a su objetivo biológico sin dañar los tejidos sanos del huésped. En 1910 su laboratorio presentó el Salvarsan (arsénico 606), primer tratamiento eficaz contra la sífilis desarrollado de manera sistemática. Ehrlich recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1908 por sus aportaciones a la inmunología. En ese momento, la diana de su quimioterapia eran los microorganismos, no las células cancerosas; sin embargo, el marco conceptual que estableció —una molécula química dirigida a células anómalas— resultaría decisivo décadas más tarde.
La Primera Guerra Mundial y los efectos del gas mostaza
El punto de partida involuntario de la quimioterapia oncológica se encuentra en los campos de batalla europeos de 1914-1918. Los médicos que atendían a los soldados expuestos al gas mostaza (sulfuro de diclorodietilo) documentaron un fenómeno llamativo: además de las terribles lesiones en piel y mucosas, esos pacientes sufrían una profunda destrucción de la médula ósea y del tejido linfoide. Los recuentos de glóbulos blancos caían de forma drástica y los ganglios linfáticos se reducían. Nadie extrajo entonces consecuencias terapéuticas, pero la observación quedó registrada en la literatura médica militar.
La Segunda Guerra Mundial y el nacimiento secreto de la mostaza nitrogenada
El siguiente capítulo se desarrolló bajo estricto secreto bélico. Ante el temor a que la guerra química se reanudara a escala masiva, el gobierno de Estados Unidos encargó a investigadores universitarios que estudiaran con rigor los efectos biológicos de los agentes tóxicos de combate. Los farmacólogos Louis S. Goodman y Alfred Gilman, de la Facultad de Medicina de Yale, fueron reclutados para ese programa.
Goodman y Gilman tomaron como punto de partida la observación de la Gran Guerra: si el gas mostaza destruía el tejido linfoide, ¿podría un derivado menos volátil actuar contra los linfomas? Sustituyeron el átomo de azufre del gas mostaza original por nitrógeno y obtuvieron la mostaza nitrogenada (mechlorethamina), un compuesto más estable y manejable. Los experimentos en ratones con tumores linfoides transplantados mostraron reducciones tumorales notables.
En 1942, junto al cirujano torácico Gustav Linskog, administraron por vía intravenosa la primera quimioterapia de la historia a un paciente con linfoma no hodgkiniano avanzado. El tumor se redujo de forma significativa durante varias semanas. Aunque la respuesta no fue duradera, la prueba de concepto quedó establecida: una molécula química podía encoger un cáncer en el ser humano.
Los resultados permanecieron clasificados hasta el fin de la contienda. En 1946, una vez levantado el secreto militar, Goodman, Gilman y sus colaboradores publicaron el informe que documentaba 67 ensayos clínicos con mostaza nitrogenada en la enfermedad de Hodgkin, linfosarcomas y diversas leucemias. En 1949, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó la mecloretamina como el primer fármaco quimioterápico reconocido oficialmente para neoplasias hematológicas.
El incidente de Bari (1943)
Un episodio colateral reforzó la evidencia sobre la mostaza nitrogenada. En diciembre de 1943, un bombardeo alemán sobre el puerto italiano de Bari alcanzó un buque aliado que transportaba en secreto bombas de gas mostaza. La exposición masiva de marineros y civiles permitió al médico militar estadounidense Stewart Francis Alexander realizar autopsias detalladas y confirmar la destrucción selectiva del tejido linfoide. Su informe, también clasificado inicialmente, aportó evidencia anatomopatológica que apoyaba el mecanismo de acción observado en Yale.
Sidney Farber y la quimioterapia de la leucemia infantil
Paralelamente al trabajo con mostazas nitrogenadas, el patólogo Sidney Farber, del Hospital Infantil de Boston, exploró una vía completamente distinta. Basándose en la observación de que el ácido fólico estimulaba la proliferación de células leucémicas, formuló la hipótesis inversa: bloquear el metabolismo del folato podría frenar el avance de la leucemia.
Entre 1947 y 1948, Farber trató a dieciséis niños con leucemia linfoblástica aguda usando aminopterina, un antagonista del ácido fólico sintetizado por el químico Yellapragada Subbarow. Diez de los dieciséis pacientes respondieron positivamente al tratamiento, logrando remisiones temporales. Cinco de ellos sobrevivieron entre cuatro y seis meses tras el diagnóstico, un resultado sin precedentes en una enfermedad que entonces era invariablemente fatal en semanas. La aminopterina fue el precursor directo del metotrexato, fármaco que sigue utilizándose en la oncología contemporánea.
Farber es considerado por la comunidad médica el padre de la quimioterapia oncológica racional, y sus trabajos en leucemia infantil sentaron las bases de la oncología pediátrica como especialidad.
La expansión farmacológica: décadas de 1950 a 1970
El éxito inicial con mostazas nitrogenadas y antimetabolitos desencadenó una búsqueda sistemática de nuevos agentes. En los años 1950 se incorporaron la 6-mercaptopurina y otros antimetabolitos. La década de 1960 trajo la vincristina (alcaloide de la vinca) y los primeros regímenes de poliquimioterapia: combinaciones de varios fármacos administrados simultáneamente para atacar el tumor desde distintos mecanismos y reducir la resistencia. El régimen MOPP (mecloretamina, vincristina, procarbazina y prednisona), desarrollado a finales de los años sesenta en el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos por Vincent T. DeVita y colaboradores, demostró por primera vez que el linfoma de Hodgkin podía curarse con quimioterapia.
En los años 1970 llegó el cisplatino, derivado del platino, que transformó el pronóstico de tumores sólidos como el de testículo y el de ovario. La combinación CMF (ciclofosfamida, metotrexato y 5-fluorouracilo), desarrollada en 1976 en el Instituto Nacional de Tumores de Milán, se convirtió en el estándar para el cáncer de mama con ganglios positivos. La quimioterapia dejaba de ser un recurso experimental para establecerse como tratamiento de primera línea.
Principios de acción y legado conceptual
El mecanismo común que subyace a los primeros fármacos —y que Ehrlich intuyó décadas antes— es la interferencia con procesos esenciales de la replicación celular. Las mostazas nitrogenadas actúan como agentes alquilantes, es decir, forman enlaces cruzados en el ADN e impiden que las células se dividan. Los antimetabolitos como el metotrexato bloquean enzimas necesarias para sintetizar bases nitrogenadas. Los alcaloides de la vinca inhiben la formación del huso mitótico. En todos los casos, las células de rápida división —entre ellas las células tumorales— son las más afectadas, aunque también sufren los tejidos sanos con alta tasa de renovación, lo que explica los efectos secundarios clásicos.
La comprensión de estos mecanismos, acumulada desde la Segunda Guerra Mundial hasta finales del siglo XX, permitió en décadas posteriores diseñar terapias dirigidas, inmunoterapias y fármacos con menor toxicidad sistémica, que en 2026 coexisten con la quimioterapia convencional en protocolos oncológicos cada vez más personalizados.
Preguntas frecuentes
¿Quién inventó la quimioterapia para el cáncer?
No existe un único inventor. Paul Ehrlich acuñó el término y el concepto a comienzos del siglo XX para tratar infecciones. Louis Goodman y Alfred Gilman administraron en 1942 el primer tratamiento intravenoso a un paciente con linfoma usando mostaza nitrogenada. Sidney Farber obtuvo en 1947-1948 las primeras remisiones documentadas en leucemia infantil con aminopterina. Los tres son considerados padres de la disciplina en distintas facetas.
¿Por qué la quimioterapia proviene de un gas de guerra?
La mostaza nitrogenada deriva del gas mostaza empleado como arma química en la Primera Guerra Mundial. Los médicos observaron que destruía el tejido linfoide en los soldados expuestos. Durante la Segunda Guerra Mundial, investigadores de Yale tomaron esa observación como hipótesis terapéutica y desarrollaron un derivado estabilizado capaz de reducir tumores linfoides, dando lugar al primer fármaco quimioterápico aprobado por la FDA en 1949.
¿Cuándo se aprobó el primer fármaco de quimioterapia?
En 1949, la FDA de Estados Unidos aprobó la mecloretamina (mostaza nitrogenada) como el primer agente quimioterápico oficial para neoplasias hematológicas. Este mismo año, el trabajo de Sidney Farber con aminopterina en leucemia infantil ya había demostrado la utilidad de los antimetabolitos como clase terapéutica diferente.
¿Qué diferencia hay entre quimioterapia e inmunoterapia?
La quimioterapia emplea fármacos citotóxicos que dañan o bloquean directamente el ciclo de replicación de las células cancerosas (y también de células sanas de rápida división). La inmunoterapia, desarrollada principalmente desde los años noventa, utiliza el propio sistema inmunitario del paciente para reconocer y destruir las células tumorales, con un perfil de toxicidad distinto y, en muchos casos, más selectivo.
¿Fue Sidney Farber el padre de la quimioterapia?
Farber es reconocido como el padre de la quimioterapia oncológica racional por sus ensayos con aminopterina en leucemia infantil entre 1947 y 1948, que demostraron por primera vez que un fármaco podía inducir remisiones en un cáncer hematológico. Su enfoque sistemático —hipótesis biológica, diseño del fármaco, ensayo clínico— estableció el método que la oncología médica sigue desde entonces.
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