Por qué Nueva York se llama la Gran Manzana
La Gran Manzana —del inglés The Big Apple— es uno de los apodos más reconocidos del mundo y desde hace décadas identifica a la ciudad de Nueva York a nivel internacional. Sin embargo, el origen del término no tiene nada que ver con la fruta en sí: su historia entrelaza las carreras de caballos, el jazz y una campaña de turismo que rescató una expresión a punto de caer en el olvido.

El periodista deportivo que popularizó el apodo
La primera aparición documentada del apodo aplicado a Nueva York se remonta al 3 de mayo de 1921, en las páginas del diario New York Morning Telegraph. Su autor fue John J. Fitz Gerald, cronista deportivo especializado en hípica, que en sus columnas comenzó a referirse a la ciudad como «la Gran Manzana» para aludir a sus hipódromos y a los premios que ofrecían.
Según el propio Fitz Gerald explicó años después, escuchó la expresión por primera vez en Nueva Orleans, de boca de dos mozos de cuadra afroamericanos que hablaban de su próximo viaje a Nueva York. Para ellos, competir en los hipódromos neoyorquinos representaba alcanzar la cima del mundo de las carreras: la ciudad era el gran premio, la manzana más codiciada del árbol.
En 1924, Fitz Gerald publicó una frase que condensó esa idea con elocuencia: «The Big Apple. El sueño de todo jinete que alguna vez montó un pura sangre y la meta de todos los hombres de las carreras». En sus columnas, «la Gran Manzana» funcionaba como nombre propio para el circuito hípico de Nueva York, el circuito de mayor prestigio del país.
El jazz y la expansión del término
A finales de los años veinte, otros columnistas neoyorquinos comenzaron a adoptar el apodo fuera del ámbito de la hípica. Pero fue la escena musical de Harlem la que lo convirtió en un término de uso común en los años treinta. Los músicos de jazz —en buena parte migrantes del sur de los Estados Unidos— empleaban la expresión Big Apple para referirse a Nueva York como el destino que todo artista ambicionaba conquistar: actuar allí significaba haber llegado a lo más alto.
La expresión también dio nombre a un baile de swing que fue popular entre 1937 y 1938, lo que contribuyó a extender el término más allá de la jerga musical y a hacerlo familiar para el público general en todo el país.
El declive y el resurgimiento en los años setenta
Pese a su arraigo en las décadas anteriores, el apodo fue perdiendo vigencia a lo largo de los años sesenta. Nueva York atravesaba un período de imagen deteriorada —altas tasas de criminalidad, tensiones sociales y una percepción pública negativa— y la expresión Big Apple quedó relegada al uso anecdótico o nostálgico.
El punto de inflexión llegó a principios de los años setenta, cuando el Departamento de Convenciones y Turismo de la Ciudad de Nueva York —hoy denominado NYC Tourism + Conventions— puso en marcha una campaña publicitaria para mejorar la imagen de la ciudad y atraer visitantes. Bajo el liderazgo de su presidente Charles Gillett y con el apoyo creativo de la agencia Ogilvy & Mather, la campaña recuperó el apodo histórico y lo convirtió en el símbolo central de una nueva identidad turística.
La iniciativa fue un éxito rotundo. Manzanas rojas —tanto reales como representaciones gráficas— comenzaron a aparecer en carteles, souvenirs y publicidad institucional por toda la ciudad. El apodo quedó definitivamente asociado a Nueva York en el imaginario popular mundial, y desde entonces no ha dejado de emplearse.
Reconocimiento oficial y legado
En reconocimiento al papel de John J. Fitz Gerald en la difusión del apodo, el alcalde Rudolph W. Giuliani firmó en 1997 una ordenanza municipal que designó la esquina suroeste de la calle West 54th Street con Broadway como «Big Apple Corner» (la Esquina de la Gran Manzana). No es una elección arbitraria: Fitz Gerald vivió en esa misma esquina desde 1934 hasta su muerte en 1963.
En la actualidad, el apodo forma parte consustancial de la identidad de Nueva York. Aparece en el logotipo oficial de la ciudad, en incontables productos de merchandising y en el lenguaje cotidiano de decenas de millones de personas en todo el mundo. Lo paradójico, apuntado con frecuencia por los propios neoyorquinos, es que los residentes de la ciudad rara vez utilizan el término en el día a día: es sobre todo el mundo exterior quien llama así a Nueva York.
Otras teorías sobre el origen
Con el paso del tiempo han circulado otras hipótesis sobre el origen del apodo, aunque la mayoría de los historiadores las consideran menos fundamentadas. Una de ellas apunta a los burdeles y casas de juego del siglo XIX, donde se habría empleado la expresión para atraer clientes. Otra versión relaciona el término con la prosperidad agrícola del estado de Nueva York, gran productor de manzanas, y con la idea de que la metrópoli era el fruto más grande y valioso de esa abundancia. Ninguna de estas versiones cuenta con documentación comparable a la de Fitz Gerald, por lo que la teoría hípica sigue siendo la aceptada por los investigadores especializados, incluida la Biblioteca Pública de Nueva York, que fue decisiva en la localización y análisis de las columnas originales del periodista.
Preguntas frecuentes
¿Quién inventó el apodo «la Gran Manzana» para Nueva York?
El periodista deportivo John J. Fitz Gerald, cronista del diario New York Morning Telegraph, fue quien popularizó el término a partir de 1921. Él mismo explicó que lo escuchó de mozos de cuadra afroamericanos en Nueva Orleans, quienes usaban la expresión para referirse a los hipódromos de Nueva York como el destino más codiciado del mundo hípico.
¿Cuándo se usó por primera vez «la Gran Manzana» para referirse a Nueva York?
La primera aparición documentada es del 3 de mayo de 1921, en una columna de hípica publicada por Fitz Gerald en el New York Morning Telegraph.
¿Por qué el apodo desapareció y volvió a popularizarse?
El término cayó en desuso en los años sesenta, cuando Nueva York atravesaba una etapa de mala imagen pública. Fue rescatado a principios de los años setenta por el Departamento de Convenciones y Turismo de la ciudad mediante una campaña publicitaria que convirtió la manzana roja en símbolo turístico oficial de la metrópoli.
¿Existe algún reconocimiento oficial al origen del apodo?
Sí. En 1997, el alcalde Rudy Giuliani promulgó una ordenanza que designó la esquina de West 54th Street con Broadway como «Big Apple Corner», en homenaje a John J. Fitz Gerald, quien residió en ese lugar de 1934 a 1963.
¿Los habitantes de Nueva York llaman «la Gran Manzana» a su ciudad?
Raramente. El apodo es mucho más utilizado fuera de la ciudad que dentro de ella. Los neoyorquinos prefieren abreviaturas como «Nueva York», «la ciudad» o las iniciales «NYC» en el uso cotidiano.