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Consecuencias del bombardeo de Hiroshima: víctimas, efectos y legado

Publicado 15. septiembre 2025 Actualizado 16. junio 2026

¿Qué consecuencias tuvo el bombardeo de Hiroshima?

El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, el bombardero estadounidense Enola Gay lanzó sobre la ciudad japonesa de Hiroshima la bomba atómica denominada Little Boy, un artefacto de uranio con una potencia equivalente a 15.000 toneladas de TNT. La detonación, producida a unos 600 metros de altitud sobre el centro urbano, desencadenó consecuencias de una escala sin precedentes en la historia de la guerra: destrucción masiva instantánea, muertes por decenas de miles, efectos radiológicos que se prolongaron durante décadas y una reconfiguración profunda del orden geopolítico mundial. Tres días después, el 9 de agosto, una segunda bomba cayó sobre Nagasaki, pero Hiroshima permanece como el símbolo central de la era nuclear y sus consecuencias.

¿Qué consecuencias tuvo el bombardeo de Hiroshima?

Destrucción inmediata y víctimas

La explosión destruyó aproximadamente el 70% de la ciudad en cuestión de segundos. La onda de presión, la radiación térmica y la radiación ionizante actuaron de forma simultánea sobre una población civil que, en su mayoría, no disponía de ningún tipo de refugio o aviso previo.

Las estimaciones sobre el número de muertos varían según la fuente, pero la Fundación de Investigación de Efectos de la Radiación (RERF, anteriormente ABCC) sitúa las muertes totales ocurridas en los primeros meses en una horquilla de entre 90.000 y 166.000 personas. De ellas, entre 70.000 y 80.000 fallecieron de forma instantánea o en las horas inmediatamente posteriores al impacto, víctimas de las quemaduras, el colapso de edificios y la exposición directa a la radiación a corta distancia del hipocentro. En un radio de 500 metros del punto de detonación, la tasa de mortalidad fue prácticamente del 100%.

Los fallecimientos por enfermedad de la radiación comenzaron a manifestarse aproximadamente una semana después del bombardeo, alcanzaron su pico entre la tercera y la cuarta semana, y se redujeron drásticamente a partir de las ocho semanas, cuando la mayoría de quienes habían recibido dosis letales ya habían muerto.

Efectos sobre la salud a largo plazo

Las consecuencias sanitarias del bombardeo se extendieron durante décadas entre los supervivientes, conocidos en japonés como hibakusha (literalmente, «personas bombardeadas»). Desde 1947, la RERF ha llevado a cabo un seguimiento longitudinal de aproximadamente 100.000 supervivientes, 77.000 de sus descendientes y más de 20.000 personas no expuestas a la radiación, constituyendo uno de los estudios epidemiológicos más amplios y prolongados de la historia.

Cáncer y leucemia

El riesgo de leucemia fue el efecto oncológico más temprano y mejor documentado. La RERF estima que el 46% de los casos de leucemia entre los supervivientes expuestos son atribuibles a la radiación de la bomba. El incremento del riesgo comenzó a manifestarse ya a partir del segundo año tras el bombardeo y alcanzó su máximo en la primera década. Para el resto de los cánceres —estómago, pulmón, hígado, mama, tiroides— el aumento de incidencia no se hizo estadísticamente visible hasta aproximadamente diez años después del ataque.

Enfermedades no oncológicas

Los estudios de seguimiento revelaron también un incremento moderado del riesgo de enfermedades cardiovasculares —insuficiencia cardíaca e ictus— así como de afecciones respiratorias como asma y bronquitis crónica, y trastornos gastrointestinales. En personas que recibieron exposiciones equivalentes a 2 grays o más, se estima que el 16% de las muertes por causas no cancerosas son atribuibles a la radiación.

Efectos en el desarrollo prenatal

Los fetos expuestos en el útero durante el bombardeo presentaron tasas elevadas de microcefalia, discapacidad intelectual y retraso en el desarrollo físico. Los casos más graves se concentraron en quienes se encontraban en las primeras semanas de gestación en el momento de la explosión.

Los hibakusha: discriminación y reconocimiento

Además de las secuelas físicas, los supervivientes sufrieron una profunda estigmatización social dentro del propio Japón. Durante décadas, los hibakusha fueron víctimas de discriminación laboral y matrimonial, al ser considerados enfermos crónicos o potencialmente «contaminados». El gobierno japonés no comenzó a establecer un sistema formal de reconocimiento y asistencia hasta 1957, con la promulgación de la Ley de Medidas para las Víctimas de la Bomba Atómica.

El número máximo de hibakusha oficialmente reconocidos alcanzó las 372.264 personas en 1981. A 31 de marzo de 2025, el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón registraba 99.130 hibakusha vivos, cifra que ha caído por primera vez por debajo de los 100.000 y que refleja el avance de la edad —los supervivientes tienen en su mayoría más de 85 años— y el fallecimiento natural de quienes vivieron los ataques siendo niños o jóvenes.

En octubre de 2024, el Comité Nobel noruego otorgó el Premio Nobel de la Paz a Nihon Hidankyo, la organización japonesa de hibakusha fundada en 1956, en reconocimiento a sus décadas de testimonio público y campaña activa por la abolición de las armas nucleares. El comité destacó su papel en el mantenimiento del «tabú nuclear», definido como una condición previa para la paz de la humanidad.

Consecuencias políticas y geopolíticas

El bombardeo de Hiroshima —seguido tres días después por el de Nagasaki— precipitó la rendición de Japón. El 15 de agosto de 1945, el emperador Hirohito anunció por radio la aceptación de los términos de la Declaración de Potsdam, y el 2 de septiembre se firmó formalmente la capitulación a bordo del acorazado USS Missouri, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

En el plano estratégico, el uso de armas atómicas inauguró una nueva época en las relaciones internacionales. La Unión Soviética, que había contemplado el poder destructivo de la bomba, aceleró su propio programa nuclear y detonó su primer artefacto en 1949, desencadenando la carrera armamentística de la Guerra Fría. La doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD, por sus siglas en inglés) —según la cual el uso de armas nucleares garantizaría la aniquilación de ambos contendientes— pasó a definir el equilibrio del terror durante las décadas siguientes y continúa siendo un factor determinante de la seguridad global en 2026.

Hiroshima también tuvo consecuencias sobre el derecho internacional humanitario. El debate ético sobre el bombardeo deliberado de una población civil contribuyó al impulso de los Convenios de Ginebra de 1949 y, décadas después, al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), adoptado en 2017 y en vigor desde 2021.

Reconstrucción de la ciudad

La reconstrucción física de Hiroshima fue lenta y costosa. Los servicios de emergencia —tranvías, ferrocarril, suministro eléctrico— comenzaron a restituirse en los días inmediatos, pero la planificación urbana a gran escala no se materializó hasta agosto de 1949, con la aprobación de la Ley de Construcción de la Ciudad Memorial de la Paz de Hiroshima, que habilitó ayudas económicas del gobierno central. El presupuesto municipal era de 56 millones de yenes cuando los planes requerían 2.300 millones; la diferencia se cubrió mediante préstamos gubernamentales, loterías y donaciones de la diáspora japonesa en el exterior.

El inicio de la Guerra de Corea en 1950 actuó como acelerador económico, al generar demanda de producción industrial. En las décadas siguientes, Hiroshima se reconstruyó como una metrópolis moderna y diversificada, conocida hoy tanto por su industria —la sede de Mazda está en la ciudad— como por ser uno de los principales destinos del turismo de memoria en Asia. El Parque Memorial de la Paz y el Domo Genbaku —la cúpula de la bomba atómica, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996— reciben millones de visitantes al año.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas personas murieron en el bombardeo de Hiroshima?

Las estimaciones más fiables sitúan las muertes totales en los primeros meses entre 90.000 y 166.000 personas. De ellas, entre 70.000 y 80.000 fallecieron de forma instantánea o en las horas inmediatas a la explosión del 6 de agosto de 1945.

¿Qué enfermedades causó la radiación de la bomba atómica a largo plazo?

Los supervivientes presentaron tasas elevadas de leucemia (con un riesgo atribuible del 46%), así como mayor incidencia de cánceres de estómago, pulmón, hígado, mama y tiroides. También se documentaron aumentos del riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Los expuestos en el útero sufrieron microcefalia y discapacidad intelectual.

¿Cuántos supervivientes del bombardeo de Hiroshima quedan vivos?

A 31 de marzo de 2025, el gobierno japonés reconocía oficialmente 99.130 hibakusha (supervivientes de las bombas de Hiroshima y Nagasaki). Es la primera vez que la cifra cae por debajo de los 100.000, frente al máximo histórico de 372.264 registrado en 1981.

¿Qué consecuencias geopolíticas tuvo el bombardeo de Hiroshima?

Precipitó la rendición de Japón y el fin de la Segunda Guerra Mundial. A nivel estratégico, inauguró la era nuclear e impulsó la carrera armamentística entre Estados Unidos y la URSS durante la Guerra Fría, estableciendo la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD) como eje de la seguridad global.

¿Por qué recibió el Premio Nobel de la Paz 2024 una organización de supervivientes de Hiroshima?

El Nobel de la Paz 2024 fue otorgado a Nihon Hidankyo, organización japonesa de hibakusha fundada en 1956, por su labor de testimonio público y campaña activa por la eliminación de las armas nucleares. El Comité Nobel reconoció su papel esencial en el mantenimiento del tabú nuclear como condición para la paz mundial.

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