Causas de la sequía severa en el Cuerno de África
El Cuerno de África —región que comprende principalmente Somalia, Etiopía y Kenia— ha padecido en los últimos años las sequías más devastadoras de las que se tiene registro moderno. Entre 2020 y 2023, la zona encadenó hasta seis temporadas de lluvia consecutivamente fallidas, situación sin precedentes en cuatro décadas de datos climatológicos. El resultado fue una emergencia humanitaria de escala monumental, con más de 31 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria grave. Entender las causas de esta catástrofe requiere examinar tanto los mecanismos climáticos globales como los factores regionales que amplifican su impacto.
El fenómeno La Niña y la variabilidad del ENOS
La principal causa meteorológica de las sequías recurrentes en el Cuerno de África es el fenómeno climático conocido como La Niña, una de las dos fases del ciclo El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Durante La Niña, las aguas superficiales del océano Pacífico tropical oriental se enfrían, lo que altera los patrones de circulación atmosférica a escala global. En el este de África, este fenómeno suprime las precipitaciones durante la temporada de lluvias cortas (octubre-diciembre), que es crítica para la agricultura y la ganadería de subsistencia.
Lo que convirtió el episodio 2020-2023 en extraordinariamente destructivo fue la concatenación de tres eventos consecutivos de La Niña (2020-2021, 2021-2022 y 2022-2023), algo inusual en términos estadísticos. Cada temporada fallida agotó más las reservas de agua subterránea, los pastos y las cosechas, sin que hubiera margen de recuperación entre un año y el siguiente. El mismo ciclo comenzó a repetirse en 2024-2025, cuando nuevas lluvias fallidas desencadenaron una segunda ola de crisis.
También influye el Dipolo del Océano Índico: cuando las aguas del Índico occidental se calientan en exceso (fase positiva), generan lluvias abundantes al este de África, pero cuando este dipolo entra en fase negativa, contribuye a la reducción de precipitaciones en la región. La interacción entre ambos océanos crea condiciones de alta vulnerabilidad para el Cuerno de África.
El cambio climático como amplificador estructural
Aunque La Niña explica la variabilidad natural, los estudios científicos señalan al cambio climático antropogénico como el factor que transforma sequías históricas en catástrofes sin precedente. En abril de 2023, el consorcio científico World Weather Attribution publicó un análisis determinante: la sequía que devastó el Cuerno de África entre 2021 y 2022 habría sido prácticamente imposible en un mundo sin emisiones humanas de gases de efecto invernadero. De acuerdo con ese estudio, el calentamiento global centuplicó la probabilidad de que ocurriera una sequía de esa magnitud.
El mecanismo es doble. Por un lado, el calentamiento global altera los patrones de circulación atmosférica que regulan las lluvias monzónicas y la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT), el cinturón de precipitaciones que históricamente garantizaba las lluvias estacionales en la región. Por otro, las temperaturas más elevadas incrementan la evapotranspiración: aunque caiga algo de lluvia, el calor extrae más rápidamente la humedad del suelo y de la vegetación, haciendo que el mismo volumen de precipitación sea menos efectivo para sostener cultivos y ganado.
Un estudio publicado en 2025 en la revista ScienceDirect confirmó que la influencia humana sobre el clima aumentó de forma estadísticamente significativa la severidad de la sequía de 2021-2022, actuando sobre ambos componentes: menores precipitaciones y mayor temperatura superficial. Este trabajo reafirma la posición de que el Cuerno de África es una de las regiones del planeta donde el nexo entre cambio climático y crisis humanitaria resulta más directo y measurable.
Las temporadas de lluvia fallidas: un récord histórico
El Cuerno de África depende de dos temporadas de lluvia anuales: las lluvias largas (long rains, de marzo a mayo) y las lluvias cortas (short rains, de octubre a diciembre). Cuando falla cualquiera de ellas, la presión sobre comunidades pastorales y agrícolas es inmediata. Antes de 1999, la zona sufría una sequía grave aproximadamente cada cinco o seis años. Desde entonces, la frecuencia se ha acelerado: las lluvias escasas se producen, de media, cada dos o tres años.
El período 2020-2023 marcó un punto de ruptura: las varias cuencas hidrográficas de la región registraron los totales de lluvia más bajos desde 1981. Somalia llegó a encadenar seis temporadas consecutivas sin lluvias suficientes, el episodio de déficit hídrico más prolongado en más de cuatro décadas de registros modernos. Pozos y ríos se secaron, el ganado murió por millones y las cosechas fracasaron de forma sistemática.
Factores locales que agravan la vulnerabilidad
La sequía no opera en el vacío. Una serie de factores estructurales propios de la región amplifican su impacto:
- Deforestación y degradación del suelo: La pérdida de cobertura vegetal reduce la capacidad del terreno para retener la humedad y puede disminuir las precipitaciones locales. En Etiopía y Somalia, décadas de tala y sobrepastoreo han deteriorado gravemente los ecosistemas.
- Dependencia de la lluvia: La mayor parte de la agricultura en el Cuerno de África es de secano (rain-fed), sin sistemas de riego que puedan compensar los déficits de precipitación. La ganadería nómada es igualmente vulnerable a la desaparición de pastos.
- Infraestructura hídrica escasa: La región carece de embalses, sistemas de captación de agua y redes de distribución capaces de gestionar la variabilidad pluviométrica. Cuando llueve en exceso (como ocurrió paradójicamente en algunas zonas durante las fases El Niño intermedias), el agua se pierde sin ser aprovechada.
- Crecimiento demográfico: La presión sobre los recursos hídricos y los pastos aumenta a medida que la población crece, reduciendo el margen de resiliencia ante cada nuevo episodio seco.
El conflicto y la crisis humanitaria como catalizadores
Aunque el conflicto armado no es una causa climática, sí determina en gran medida cómo se traduce la sequía en sufrimiento humano. Somalia lleva décadas sometida a una guerra civil con presencia activa del grupo armado Al-Shabaab, lo que obstaculiza la distribución de ayuda humanitaria y desplaza a las poblaciones más vulnerables. Etiopía vivió entre 2020 y 2022 un devastador conflicto en la región de Tigray, que desorganizó la producción agrícola y agotó recursos institucionales justo cuando la sequía golpeaba con más fuerza.
A esto se sumó el impacto de la guerra en Ucrania (2022), que disparó los precios internacionales de los cereales y los combustibles, encareciendo los alimentos de importación en países ya al límite de sus capacidades de compra.
La situación en 2026
En 2026, el Cuerno de África no ha salido de la emergencia. Tras la catástrofe de 2021-2023, las lluvias fallidas de 2024 y 2025 han desencadenado una nueva ola de crisis. Según datos de organizaciones humanitarias, entre 20 y 25 millones de personas en Somalia, Etiopía y Kenia siguen necesitando asistencia alimentaria urgente, incluyendo más de 2,5 millones de niños. En Somalia, se estima que casi la mitad de los menores de cinco años requerirán tratamiento por desnutrición aguda antes de que termine junio de 2026.
La respuesta humanitaria se ve dificultada por los recortes de financiación internacional: en 2025, Somalia recibió apenas el 27 % de los fondos necesarios para atender la emergencia. El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (JRC) alertó en febrero de 2026 sobre la intensificación de la sequía en la región bajo las condiciones persistentes de La Niña, lo que indica que los patrones que generaron la crisis siguen activos.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la causa principal de la sequía en el Cuerno de África?
La causa principal es la combinación del fenómeno La Niña —que suprime las lluvias estacionales en la región— con el cambio climático antropogénico, que ha intensificado y prolongado los episodios de sequía. Los estudios científicos estiman que el calentamiento global centuplicó la probabilidad de sequías de la magnitud registrada entre 2021 y 2023.
¿Por qué fue tan excepcional la sequía de 2020-2023?
Porque encadenó hasta seis temporadas de lluvia consecutivamente fallidas, algo sin precedentes en más de cuatro décadas de registros. Tres eventos sucesivos de La Niña, combinados con temperaturas más altas y mayor evapotranspiración por el calentamiento global, impidieron cualquier recuperación entre una temporada y la siguiente.
¿Tiene el cambio climático responsabilidad científicamente demostrada en esta sequía?
Sí. Un estudio de World Weather Attribution (2023) concluyó que la sequía 2021-2022 habría sido prácticamente imposible sin las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Un análisis posterior publicado en ScienceDirect (2025) confirmó que la influencia humana aumentó de forma significativa su severidad, actuando tanto sobre las precipitaciones como sobre las temperaturas.
¿Cuántas personas han sido afectadas?
En el pico de la crisis de 2022-2023, más de 31,9 millones de personas necesitaban asistencia humanitaria urgente, entre ellas 17,2 millones en Etiopía, 8,25 millones en Somalia y 6,4 millones en Kenia. En 2026, la cifra total sigue situándose entre 20 y 25 millones de afectados.
¿Se espera que la situación mejore en los próximos años?
Las perspectivas son inciertas. Incluso si las lluvias volvieran a niveles normales, la recuperación de los medios de vida, el ganado y los cultivos tarda años. Además, las proyecciones climáticas indican que el Cuerno de África seguirá siendo más vulnerable a sequías extremas mientras continúe el calentamiento global, lo que convierte la adaptación estructural en una necesidad urgente junto con la respuesta humanitaria inmediata.