Causas de los incendios forestales en Australia 2019-2020
Entre septiembre de 2019 y marzo de 2020, Australia vivió la temporada de incendios más devastadora de su historia registrada. Conocida como Black Summer ("Verano Negro"), la catástrofe consumió más de 24 millones de hectáreas, causó la muerte directa de 33 personas y cerca de 450 más fallecieron por inhalación de humo, destruyó aproximadamente 6.000 edificaciones y provocó la muerte o el desplazamiento de más de tres mil millones de animales. La magnitud del desastre suscitó un debate científico y político de alcance global sobre sus causas, que resultaron ser múltiples y profundamente interconectadas.
Un contexto climático excepcional
Para comprender los incendios del Black Summer es imprescindible examinar las condiciones atmosféricas y oceánicas que precedieron a la temporada. 2019 fue, con diferencia, el año más seco en Australia desde que existen registros meteorológicos, iniciados en 1900. Las precipitaciones nacionales promediadas se situaron un 40% por debajo de la media histórica. A su vez, 2019 fue también el año más caluroso jamás registrado en el continente, con temperaturas que en diciembre de ese año superaron en 3 °C la media del siglo XX.
Este calor extremo y esta sequía no fueron producto del azar: respondieron a la convergencia simultánea de varios fenómenos climáticos de gran escala que, de manera excepcional, se alinearon de forma consecutiva durante dos años.
El Dipolo del Océano Índico positivo
Uno de los factores más determinantes fue la presencia de un Dipolo del Océano Índico (IOD, por sus siglas en inglés) positivo de intensidad extrema durante 2018 y 2019. Este fenómeno oceánico-atmosférico se produce cuando las aguas del Índico occidental, frente a las costas de África oriental, se calientan más de lo habitual mientras que las del sector oriental, próximas a Australia e Indonesia, se enfrían. El resultado es una reducción drástica de la humedad que normalmente llega a la costa sur y este de Australia durante el otoño y la primavera boreales (que son invierno y primavera australes).
El IOD positivo registrado en 2019 fue uno de los más intensos desde que se tienen datos instrumentales (a partir de 1911). Según investigaciones publicadas en Geoscience Letters, la ocurrencia consecutiva de eventos IOD positivos en 2018 y 2019, combinada con la presencia simultánea de El Niño del Pacífico Central esos mismos años, constituyó una coincidencia sin precedentes en el registro histórico, responsable de las condiciones extraordinariamente secas y calurosas que antecedieron a los incendios.
El Niño y la oscilación del sur
El fenómeno de El Niño, vinculado a la variabilidad de las temperaturas del Pacífico ecuatorial, contribuyó también a agravar la sequía. Aunque el episodio de El Niño de 2018-2019 fue de intensidad moderada, su efecto se sumó al del Dipolo del Océano Índico para reducir las lluvias en el este y noreste de Australia y elevar aún más las temperaturas. El período comprendido entre 2017 y 2019 se convirtió así en el trienio más seco registrado en el sureste australiano.
El cambio climático como amplificador estructural
Más allá de los fenómenos de variabilidad natural, la comunidad científica internacional ha identificado el cambio climático de origen humano como el factor de fondo que incrementó la probabilidad y la severidad de los incendios. La Universidad de Oxford publicó en marzo de 2020 que el cambio climático había hecho al menos un 30% más probable la ocurrencia de condiciones meteorológicas extremas como las que desencadenaron el Black Summer.
El CSIRO (Organización de Investigación Científica e Industrial del Commonwealth de Australia) señaló que la temperatura media en Nueva Gales del Sur ha aumentado aproximadamente 0,5 °C por década desde la década de 1980. Este calentamiento sostenido alarga y agrava las olas de calor, intensifica las sequías, eleva el índice de peligro de incendio y extiende la temporada de riesgo. Investigaciones publicadas en Communications Earth & Environment concluyeron que las condiciones meteorológicas del verano 2019-2020 fueron excepcionalmente raras en el contexto de los últimos dos mil años, y que el cambio climático es un factor clave en la creciente frecuencia de eventos de fuego de esa magnitud.
Las fuentes de ignición
Una distinción fundamental en el análisis de incendios forestales es la diferencia entre los factores que crean las condiciones propicias para el fuego y los que lo desencadenan directamente. En el caso del Black Summer, las principales fuentes de ignición fueron:
- Rayos secos: Una de las principales causas de inicio fue la caída de rayos durante tormentas eléctricas sin precipitación apreciable, un fenómeno favorecido por la extrema sequedad de la atmósfera. El incendio de Currowan, uno de los más grandes de la temporada, fue iniciado de esta manera.
- Accidentes e imprudencias: Actividades humanas como trabajos con maquinaria, quema de residuos fuera de control o chispas de vehículos causaron varios focos.
- Piromanía e incendios intencionados: Algunos focos fueron atribuidos a actos deliberados. No obstante, las investigaciones científicas y judiciales posteriores concluyeron que los incendios intencionados representaron una fracción menor del total y no fueron el factor causal predominante.
La acumulación de combustible forestal
Un factor estructural que agrava los incendios en Australia es la acumulación de material vegetal seco en el suelo y la vegetación de sotobosque. Los profesionales forestales australianos advirtieron en su informe al Senado, posterior a los incendios, que la reducción de las quemas preventivas controladas (conocidas como prescribed burning o hazard reduction burns) durante las décadas previas había permitido que la carga de combustible se acumulase en los montes hasta niveles peligrosos.
Esta perspectiva fue objeto de debate: mientras los gestores forestales señalaban la insuficiencia de las quemas de gestión, investigadores del CSIRO y otras instituciones subrayaron que la sequía extrema hacía que incluso montes sometidos a quemas preventivas recientes ardieran con igual intensidad, lo que limitaba la eficacia de esa medida ante condiciones climáticas tan extremas.
La convergencia de factores
El consenso científico destaca que el Black Summer no fue producto de una sola causa, sino de la convergencia simultánea de múltiples factores: el cambio climático elevó la temperatura de base y redujo la humedad ambiental de forma estructural; el IOD positivo y El Niño privaron al continente de precipitaciones clave durante los meses previos a la temporada de fuego; la sequía resultante desecó la vegetación hasta convertirla en material altamente inflamable; y las olas de calor récord con vientos fuertes crearon condiciones de propagación extraordinarias. Sobre este escenario, cualquier ignición —natural o humana— podía generar un incendio de dimensiones catastróficas.
Legado y perspectiva en 2026
Desde entonces, el Black Summer ha marcado profundamente la política de gestión de riesgos en Australia. En 2026, los análisis de riesgo de entidades como Moody's siguen citando los incendios de 2019-2020 como el punto de referencia para evaluar la exposición de Australia a catástrofes naturales. Las aseguradoras registraron reclamaciones por valor de 2.340 millones de dólares australianos, equivalentes al 44% del total de catástrofes naturales de esa temporada.
La investigación científica publicada en revistas como Nature ha confirmado que 816 especies de fauna y flora fueron gravemente afectadas, y que el impacto sobre la biodiversidad australiana podría dejar secuelas durante décadas. La aceleración del cambio climático, si no se mitiga, hace prever temporadas de fuego progresivamente más largas e intensas en Australia y en otras regiones del mundo con ecosistemas mediterráneos o de bosque templado seco.
Preguntas frecuentes
¿Cuál fue la causa principal de los incendios en Australia en 2019-2020?
No hubo una única causa. La combinación del cambio climático, un Dipolo del Océano Índico positivo de intensidad excepcional, la influencia de El Niño y la peor sequía registrada en Australia desde 1900 crearon condiciones de calor y aridez extremas. Sobre ese escenario, igniciones por rayos, accidentes o actividad humana desataron incendios de propagación imparable.
¿Influyó el cambio climático en el Black Summer?
Sí, de forma significativa. Según la Universidad de Oxford y el CSIRO australiano, el cambio climático de origen humano hizo al menos un 30% más probable que se produjeran las condiciones meteorológicas extremas del Black Summer, al elevar la temperatura base, agravar las sequías y extender la duración de la temporada de fuego.
¿Fueron los incendios intencionados la causa del Black Summer?
No. Aunque algunos focos fueron iniciados de forma deliberada, las investigaciones determinaron que los incendios intencionados fueron una causa minoritaria. El factor dominante fue la combinación de condiciones climáticas extremas —sequía, calor, viento— que hacían inevitable un desastre de esas proporciones ante cualquier fuente de ignición.
¿Qué es el Dipolo del Océano Índico y por qué importó en 2019?
El Dipolo del Océano Índico (IOD) es un fenómeno climático que alterna entre fases positivas y negativas según la diferencia de temperatura entre las aguas del Índico occidental y oriental. En su fase positiva, reduce drásticamente las lluvias en el sur y sureste de Australia. El IOD de 2019 fue uno de los más intensos en más de un siglo y cortó el suministro de humedad que normalmente modera la sequedad australiana en primavera.
¿Cuántas hectáreas quemó el Black Summer?
Los incendios del Black Summer arrasaron más de 24 millones de hectáreas, una superficie superior a la del Reino Unido. Fue la mayor área quemada en un solo evento de incendios en ningún bioma forestal del mundo en al menos dos décadas.