Cosmogonía hopi: la creación del mundo según los cuatro mundos
Los hopi, pueblo indígena que habita desde hace siglos en las mesetas del norte de Arizona (Estados Unidos), poseen una de las cosmogonías más elaboradas del continente americano. Su relato de los orígenes no describe una creación instantánea, sino un proceso de sucesivas etapas o mundos a través de los cuales la humanidad ha ido evolucionando y madurando. En esta visión, la tierra actual no es la primera morada de los seres humanos, sino la cuarta, alcanzada tras un largo viaje espiritual y moral a través de planos de existencia anteriores.

Taiowa: el creador infinito en el vacío primordial
Antes de que existiera nada —ni tiempo, ni forma, ni vida— solo había un espacio infinito y sin límites. En ese vacío absoluto moraba Taiowa (también escrito Tawa en algunas tradiciones de las mesas), la divinidad suprema del panteón hopi. Taiowa no tenía cuerpo ni localización; era puro pensamiento creador, una inteligencia sin principio ni fin que contenía dentro de sí el potencial de todo lo que habría de existir.
La primera acción de Taiowa fue crear lo finito a partir de lo infinito. Para ello concibió a Sotuknang, a quien los relatos hopi describen como su sobrino y lugarteniente. Sotuknang recibió el encargo de dar forma material al universo: reunir la materia dispersa en el espacio sin límites y edificar con ella nueve mundos sólidos; luego tomar las aguas y distribuirlas sobre esas esferas para crear tierra firme y océanos; finalmente, poner en movimiento el aire para que los vientos y las brisas circularan por ellos. Con estos tres elementos —tierra, agua y aire— el cosmos quedó estructurado, aunque aún vacío de vida consciente.
Kokyangwuti: la Abuela Araña y la canción de la creación
Una vez establecido el armazón del universo, Sotuknang creó a Kokyangwuti, la Mujer Araña o Abuela Araña (Spider Grandmother en inglés), figura central en la mitología de numerosos pueblos del suroeste de Norteamérica. Kokyangwuti actúa como mensajera e intermediaria entre el creador supremo y las criaturas, pero también como fuerza activa en la generación de la vida.
Siguiendo las instrucciones de Sotuknang, la Abuela Araña tomó tierra de distintos colores —amarilla, roja, blanca y negra— y la mezcló con su propia saliva para modelar con ella plantas, animales y, finalmente, seres humanos. La materia inerte, sin embargo, requería un paso más para convertirse en vida: el canto. Kokyangwuti entonó la Canción de la Creación, y junto a Taiowa hicieron vibrar con su voz el universo recién formado. Fue ese sonido sagrado, esa música primordial de vientos rugientes y aguas fluyentes, lo que insufló conciencia a los seres modelados en arcilla. Los primeros humanos despertaron envueltos en el manto de esa melodía.
Los cuatro mundos: la travesía de la humanidad
El elemento más característico de la cosmogonía hopi es la doctrina de los cuatro mundos sucesivos. La humanidad no fue creada directamente en la tierra que hoy habita: tuvo que atravesar tres mundos anteriores, aprendiendo en cada uno lecciones distintas y abandonándolos cuando el orden moral se corrompía irreversiblemente.
El Primer Mundo (Tokpela)
En el Primer Mundo, llamado Tokpela ('espacio sin fin'), Taiowa y Sotuknang colocaron a los primeros seres: criaturas semejantes a insectos, seres simples y primitivos que vivían en las entrañas de la tierra. Estas entidades tenían la capacidad de comunicarse y de distinguir el bien del mal, pero aún no habían desarrollado plena conciencia espiritual. Cuando la corrupción y el desorden se extendieron entre ellas, Sotuknang destruyó el Primer Mundo mediante el fuego —erupciones volcánicas y lluvias de llamas— mientras los pocos seres fieles al plan creador se refugiaban en el interior de la tierra bajo la protección de la Abuela Araña.
El Segundo Mundo (Tokpa) y el Tercer Mundo (Kuskurza)
Los sobrevivientes emergieron al Segundo Mundo (Tokpa, 'lugar oscuro'), donde adoptaron formas más humanas, construyeron aldeas y desarrollaron el comercio. Sin embargo, el apego a los bienes materiales los alejó de la relación armoniosa con el creador, y el mundo fue destruido esta vez por el frío: Sotuknang hizo girar el eje del cosmos, provocando hielos y cataclismos. De nuevo, solo los fieles sobrevivieron.
En el Tercer Mundo (Kuskurza) la humanidad alcanzó un nivel de organización mayor: levantó grandes ciudades y dominó tecnologías avanzadas. Pero también fue el mundo en el que los seres humanos se desviaron más profundamente del plan sagrado, entregándose a guerras, hechicería y vicios que corrompieron tanto a las personas como a la naturaleza. El Tercer Mundo fue aniquilado por el agua: un gran diluvio lo sumergió por completo.
El Sipapu: la puerta al Cuarto Mundo
Antes de que las aguas cubrieran el Tercer Mundo, la Abuela Araña guió a los seres humanos rectos hasta una apertura en el cielo. Según los relatos más difundidos, hizo crecer un tallo de bambú hueco que ascendía hasta el Cuarto Mundo; los elegidos treparon por el interior de ese tubo vegetal hasta alcanzar la nueva tierra. Ese punto de paso recibe el nombre de sipapu, término que puede traducirse aproximadamente como 'lugar de emergencia' o 'ombligo de la tierra'. La tradición hopi identifica el sipapu simbólicamente con el Gran Cañón del Colorado, lugar donde los ancestros ascendieron a este mundo.
El sipapu no es únicamente un episodio mítico: tiene una dimensión ritual permanente. Cada kiva —la cámara ceremonial subterránea donde los hopi realizan sus rituales— contiene un pequeño orificio en el suelo que representa ese umbral entre mundos. Cada vez que un hopi desciende a la kiva, recapitula simbólicamente el viaje de emergencia de sus ancestros.
Masauwu y la vida en el Cuarto Mundo
Al llegar al Cuarto Mundo, los hopi se encontraron con Masauwu (también escrito Maasaw), una figura ambivalente que era a la vez dios de la muerte, guardián del fuego y señor de la superficie terrestre. Masauwu advirtió a los recién llegados que este mundo era distinto a los anteriores: más áspero, con desiertos abrasadores, montañas escarpadas y valles profundos; un entorno difícil en el que la vida requeriría esfuerzo continuo y humildad constante. Fue él quien entregó a los clanes hopi sus responsabilidades y sus territorios, y quien les transmitió las tablillas sagradas que codificaban las normas de conducta para esta nueva etapa.
La dureza del Cuarto Mundo es, en la visión hopi, intencional: el creador diseñó un entorno desafiante para que los seres humanos no olvidaran las lecciones de los mundos anteriores ni cayeran de nuevo en la complacencia y la corrupción que llevaron a aquellos a su destrucción.
Vigencia y transmisión de la cosmogonía hopi
La cosmogonía hopi no es un relato fosilizado. En 2026, las comunidades hopi de las tres mesas de Arizona —First Mesa, Second Mesa y Third Mesa— continúan transmitiendo estas narrativas mediante ceremonias como el Wuwutsim (rito de iniciación masculina), las danzas de los kachinas y los relatos orales de los ancianos. Las organizaciones culturales hopi trabajan activamente para que las nuevas generaciones accedan a estas tradiciones sin que la exposición masiva las distorsione o comercialice.
Cabe señalar que los hopi son cautelosos respecto a la divulgación de ciertos aspectos de sus ceremonias y mitos: algunos elementos se consideran sagrados y reservados a iniciados. Las versiones públicamente conocidas del relato de los cuatro mundos representan, por tanto, las capas que la comunidad ha considerado apropiado compartir con el mundo exterior.
Preguntas frecuentes
¿Quién es el dios creador en la mitología hopi?
El creador supremo en la cosmogonía hopi es Taiowa (también llamado Tawa), una divinidad sin cuerpo ni forma que existía en el vacío primordial antes de que hubiera tiempo o materia. Taiowa creó a Sotuknang como su agente para dar forma física al universo y, a través de él, a Kokyangwuti (la Abuela Araña) para generar la vida.
¿Qué son los cuatro mundos de los hopi?
Son cuatro planos de existencia sucesivos por los que ha atravesado la humanidad según la cosmogonía hopi. Los tres primeros fueron destruidos (por fuego, hielo y diluvio respectivamente) cuando los seres humanos se corrompieron moralmente. El Cuarto Mundo es el actual, al que los ancestros hopi llegaron emergiendo a través del sipapu, una abertura entre mundos.
¿Qué papel tiene la Abuela Araña (Kokyangwuti) en la creación hopi?
Kokyangwuti es la figura divina que modela la vida concreta: mezcla tierra de distintos colores con su saliva para crear plantas, animales y seres humanos, y los anima cantando la Canción de la Creación junto a Taiowa. Además, actúa como guía y protectora de los humanos en sus migraciones de un mundo a otro, especialmente en el tránsito hacia el Cuarto Mundo.
¿Qué es el sipapu en la tradición hopi?
El sipapu es la abertura o portal a través del cual los ancestros hopi emergieron del Tercer Mundo al Cuarto, trepando por el interior de un tallo de bambú hueco. La tradición lo identifica simbólicamente con el Gran Cañón. Cada kiva (cámara ceremonial subterránea hopi) tiene un pequeño orificio en el suelo que representa el sipapu, recordando a los participantes su origen y su viaje espiritual a través de los mundos.
¿Cómo se crearon los seres humanos según los hopi?
Según la cosmogonía hopi, la Abuela Araña (Kokyangwuti) modeló a los seres humanos con tierra de cuatro colores —amarillo, rojo, blanco y negro— mezclada con su propia saliva. Para darles vida, entonó junto a Taiowa la Canción de la Creación, una melodía sagrada que insufló conciencia y aliento a las figuras de arcilla. Esta diversidad de colores en el origen explica, dentro del mito, la existencia de los distintos grupos humanos.