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Propaganda en la guerra: influencia, técnicas e historia

Publicado 16. agosto 2025 Actualizado 24. junio 2026

¿Cuál es la influencia de la propaganda en la guerra?

La propaganda bélica es uno de los instrumentos más antiguos y eficaces que los estados y grupos armados han empleado para ganar conflictos tanto en el campo de batalla como en la conciencia colectiva. Su influencia abarca desde la movilización de la propia población hasta el debilitamiento de la moral enemiga, pasando por la legitimación de la violencia y el control de la narrativa sobre los hechos. En 2026, con conflictos activos en Ucrania, Oriente Próximo y el Sahel, la propaganda ha alcanzado dimensiones tecnológicas sin precedentes, integrando inteligencia artificial, deepfakes y algoritmos de redes sociales como armas de primer orden.

¿Cuál es la influencia de la propaganda en la guerra?

Qué es la propaganda bélica

La propaganda bélica es el conjunto de acciones comunicativas —mensajes, imágenes, relatos, símbolos— diseñadas para influir en las actitudes y comportamientos de una audiencia con fines militares o políticos. Se diferencia de la información por su carácter deliberadamente sesgado y su subordinación a un objetivo estratégico: ganar adhesión propia, sembrar desconfianza en el enemigo o justificar ante la comunidad internacional el uso de la fuerza.

Los destinatarios son múltiples. La propaganda interna apunta a la población civil y a los propios soldados para mantener la moral y garantizar el apoyo al esfuerzo bélico. La propaganda externa busca desmoralizar al adversario, captar aliados y moldear la percepción de actores neutrales. Ambas dimensiones operan simultáneamente en todo conflicto de escala relevante.

Orígenes y evolución histórica

El empleo deliberado de mensajes persuasivos en contextos de guerra se remonta a la Antigüedad: Julio César difundió sus victorias militares a través de De Bello Gallico con una cuidada construcción de su propia imagen. Sin embargo, la propaganda como sistema organizado y de masas nació en el siglo XX.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918)

El conflicto de 1914-1918 representa el primer despliegue industrial de propaganda a escala nacional. Los gobiernos beligerantes crearon organismos específicos —como el War Propaganda Bureau británico o el Commissariat à l'Information francés— para producir carteles, panfletos, películas y telegramas destinados a reclutar soldados, vender bonos de guerra y mantener el apoyo civil. El cartel de Lord Kitchener con la leyenda "Your Country Needs You" se convirtió en uno de los iconos más reconocibles de este período. La propaganda también se lanzó sobre las tropas enemigas mediante globos y aviones que arrojaban octavillas, una táctica de guerra psicológica que buscaba erosionar la voluntad de combate.

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

El nazismo elevó la propaganda al rango de ciencia de Estado. Joseph Goebbels, ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, sistematizó técnicas de manipulación emocional, control absoluto de los medios y construcción del enemigo como figura deshumanizada. Paralelamente, los aliados respondieron con sus propias máquinas propagandísticas: los documentales de Frank Capra para Estados Unidos, la BBC para el frente europeo o las emisiones de Radio Londres para la Francia ocupada. La Segunda Guerra Mundial demostró que el control de la narrativa era una dimensión tan decisiva como la superioridad en armamento.

La Guerra Fría (1947-1991)

El enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética se libró fundamentalmente en el terreno ideológico. La CIA financió publicaciones culturales, emisoras de radio como Radio Free Europe y películas de Hollywood que proyectaban el modelo de vida occidental. Moscú respondía con sus propios aparatos de influencia, el llamado dezinformatsiya, que incluía la fabricación de documentos falsos y campañas de intoxicación informativa dirigidas a opiniones públicas de terceros países.

Funciones estratégicas de la propaganda en la guerra

La propaganda bélica cumple varias funciones diferenciadas que se refuerzan mutuamente:

  • Legitimación del conflicto: justifica ante la propia población y la comunidad internacional el recurso a la fuerza, presentándolo como inevitable, defensivo o moralmente necesario.
  • Reclutamiento y movilización: estimula el alistamiento voluntario y el apoyo económico al esfuerzo bélico mediante apelaciones al patriotismo, el miedo o la solidaridad.
  • Deshumanización del adversario: facilita la violencia al construir al enemigo como amenaza absoluta, subhumana o moralmente reprobable, reduciendo las inhibiciones psicológicas de los combatientes y los civiles.
  • Debilitamiento de la moral enemiga: difunde mensajes que siembran dudas, miedo o desconfianza entre los soldados y la población civil rivales, con el objetivo de acelerar la rendición o la deserción.
  • Gestión de la opinión internacional: proyecta una imagen favorable ante aliados potenciales, organizaciones multilaterales y medios de comunicación extranjeros.

Mecanismos psicológicos

La eficacia de la propaganda bélica se apoya en procesos cognitivos y emocionales bien documentados. La repetición sistemática de un mensaje —principio de la saturación informativa— favorece su interiorización incluso cuando el receptor conoce su origen propagandístico. La apelación al miedo activa respuestas de supervivencia que reducen el pensamiento crítico. La creación de una identidad de grupo fuerte —"nosotros" frente a "ellos"— apela a mecanismos evolutivos de cohesión tribal.

La guerra posee, además, una dimensión emocional que la propaganda explota: el duelo por los caídos propios, la indignación ante las atrocidades reales o construidas del adversario, el orgullo nacional. Los estudios académicos sobre conflictos del siglo XX han señalado que, a medida que una guerra se prolonga, el mantenimiento de la moral interior se convierte en un factor tan crítico como el abastecimiento logístico.

Propaganda digital y guerras del siglo XXI

La revolución digital transformó radicalmente las posibilidades y los riesgos de la propaganda bélica. Las redes sociales permiten la distribución instantánea y masiva de contenidos a coste casi nulo, mientras que los algoritmos de recomendación amplifican los mensajes que generan mayor reacción emocional, con independencia de su veracidad.

La guerra de Rusia contra Ucrania, iniciada en 2022 y prolongada hasta 2026, se convirtió en el primer gran laboratorio de propaganda digital en un conflicto convencional de alta intensidad. Ambos bandos desplegaron narrativas paralelas en plataformas como Telegram, YouTube y X, orientadas tanto a sus propias poblaciones como a audiencias internacionales. El informe de Seguridad Nacional de España de mayo de 2026 alertó específicamente del uso de inteligencia artificial en campañas de desinformación con componente bélico.

Deepfakes e inteligencia artificial generativa

En 2025, circularon más de ocho millones de vídeos falsos generados con herramientas de IA en el contexto de conflictos armados y crisis geopolíticas. Durante el episodio de tensión entre Israel e Irán, verificadores independientes detectaron vídeos producidos con IA que mostraban supuestos ataques en Tel Aviv y el aeropuerto Ben Gurión, difundidos masivamente antes de poder ser desmentidos. La velocidad de distribución supera sistemáticamente la de verificación, lo que convierte la desinformación visual en un arma de efecto inmediato.

El fenómeno del deepfake —vídeos o audios en los que el rostro o la voz de una persona real son sustituidos de forma convincente— añade una dimensión nueva: la posibilidad de atribuir declaraciones fabricadas a líderes enemigos o de mostrar escenarios inexistentes con apariencia de autenticidad. La agencia SINC y el laboratorio de investigación Digital Forensic Research Lab han documentado múltiples casos de este tipo en conflictos recientes.

Guerra cognitiva

El concepto de guerra cognitiva —desarrollado en ámbitos académicos y militares a partir de 2020 y consolidado como categoría operativa en 2025— va más allá de la desinformación puntual. Su objetivo no es simplemente hacer creer algo falso, sino alterar el marco mental con el que los ciudadanos interpretan la realidad, erosionando la confianza en las instituciones, los medios y los propios sistemas de verificación. El Instituto Minerva y el Real Instituto Elcano han identificado esta modalidad como uno de los principales vectores de desestabilización en el espacio europeo en 2026.

Límites y contramedidas

La propaganda, pese a su poder, no es omnipotente. Su eficacia decrece cuando la experiencia directa de la población contradice el relato oficial —como ocurrió en la Alemania nazi de los últimos años de la guerra o en la Unión Soviética en Afganistán. La credibilidad acumulada de una fuente, la pluralidad de medios accesibles y la educación mediática de la ciudadanía actúan como factores mitigadores.

Desde la sociedad civil y los estados democráticos, las respuestas incluyen el desarrollo del periodismo de verificación (fact-checking), marcos regulatorios para las plataformas digitales, alfabetización mediática en los sistemas educativos y estructuras de inteligencia dedicadas a detectar campañas de influencia extranjera. La Unión Europea reforzó sus mecanismos contra la desinformación en 2024-2025 a través del Digital Services Act y del grupo East StratCom de la diplomacia europea.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el objetivo principal de la propaganda en una guerra?

El objetivo principal es influir en las actitudes y comportamientos tanto de la propia población como del adversario. Internamente, busca mantener la moral, legitimar el conflicto y movilizar recursos humanos y económicos. Externamente, trata de desmoralizar al enemigo, captar apoyos internacionales y controlar la narrativa sobre los hechos del conflicto.

¿Cuándo se convirtió la propaganda bélica en un sistema organizado?

La propaganda bélica como sistema organizado y de masas surgió durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando los gobiernos beligerantes crearon organismos estatales específicos para producir y distribuir mensajes persuasivos a través de carteles, panfletos, prensa y cine. El nazismo la perfeccionó en la Segunda Guerra Mundial con la figura de Joseph Goebbels.

¿Qué papel juegan los deepfakes y la inteligencia artificial en la propaganda bélica actual?

En los conflictos de 2024-2026, la inteligencia artificial generativa permite crear vídeos y audios falsos con apariencia convincente —deepfakes— que atribuyen declaraciones inventadas a líderes o muestran escenarios inexistentes. En 2025 se documentaron más de ocho millones de vídeos falsos relacionados con conflictos armados. Su principal peligro es que la velocidad de distribución supera a la capacidad de verificación, amplificando el engaño antes de que pueda ser desmentido.

¿Puede la propaganda por sí sola ganar una guerra?

No. La propaganda es un instrumento auxiliar que puede acelerar victorias o prolongar derrotas, pero no sustituye a los factores militares, económicos y geopolíticos. Su eficacia también tiene límites: cuando la experiencia directa de la población contradice sistemáticamente el relato oficial, la credibilidad de la propaganda colapsa. Tampoco resulta igualmente eficaz en contextos con alta pluralidad de medios y educación mediática de la ciudadanía.

¿Qué es la guerra cognitiva y en qué se diferencia de la propaganda tradicional?

La guerra cognitiva es una forma avanzada de influencia que no busca solo hacer creer algo falso, sino alterar el marco mental con el que los ciudadanos interpretan la realidad, erosionando la confianza en instituciones, medios y sistemas de verificación. A diferencia de la propaganda tradicional —que difunde un mensaje concreto—, la guerra cognitiva opera de forma más difusa, aprovechando la sobreinformación, los algoritmos y la polarización emocional para fragmentar el consenso social y debilitar la cohesión de las sociedades objetivo.

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