Fósiles que revelan el comportamiento de los dinosaurios
El registro fósil no solo preserva huesos y dientes. También conserva huellas, nidos, excrementos, marcas de combate y rasguños rituales que, en conjunto, permiten reconstruir cómo vivían, se relacionaban y se reproducían los dinosaurios. Esta rama de la paleontología, apoyada en los denominados icnofósiles (fósiles de rastro) y en el análisis de patologías óseas, ha transformado radicalmente la imagen de los dinosaurios como animales solitarios y de comportamiento simple. En 2026, nuevos hallazgos continúan ampliando ese retrato con una precisión sin precedentes.

Icnofósiles: la huella del comportamiento
Los icnofósiles son evidencias físicas dejadas por un organismo durante su vida: huellas, madrigueras, marcas de mordeduras, nidos, excrementos fosilizados (coprolitos) y arañazos en el sustrato. A diferencia de los huesos, que revelan anatomía, los icnofósiles documentan acciones concretas: un animal que se desplazaba, comía, se reproducía o combatía.
Las huellas y rastros constituyen los icnofósiles más abundantes en el registro de dinosaurios. Un solo animal deja miles de huellas a lo largo de su vida; una serie de pisadas consecutivas —un rastro— permite calcular la velocidad de desplazamiento, el patrón de marcha y, en muchos casos, inferir si el animal viajaba en solitario o en grupo. En diciembre de 2025, paleontólogos de la Universidad de Loma Linda (California) describieron un yacimiento con 16.600 huellas de terópodos, el mayor número jamás documentado para ese grupo. La densidad y orientación de las pisadas apuntan a movimientos reiterados de numerosos individuos a través del mismo corredor, coherente con una ruta de paso habitual.
Comportamiento gregario: evidencias de vida en grupo
Determinar si los dinosaurios eran animales gregarios ha sido uno de los grandes desafíos de la paleontología conductual. Dos tipos de evidencia resultan especialmente decisivos: las acumulaciones masivas de huesos de una misma especie (bone beds) y los rastros paralelos de varios individuos.
En julio de 2025, un equipo internacional publicó los resultados del análisis de huellas halladas en el Parque Provincial de Dinosaurios de Alberta (Canadá), dentro de la Formación Dinosaur Park, con una antigüedad de unos 76 millones de años. Las huellas mostraban ceratópsidos y anquilosáuridos desplazándose juntos, en la misma dirección y con pasos sincronizados. Fue la primera evidencia directa de comportamiento de rebaño entre especies distintas en dinosaurios, comparable a las actuales manadas mixtas de ñus y cebras en la sabana africana. La presencia de huellas de tiranosáurido en las inmediaciones sugiere además posibles interacciones depredador-presa e incluso respuestas defensivas grupales.
En China, el análisis de especímenes de Bactrosaurus johnsoni de la Formación Iren Dabasu (Cretácico Superior) reveló que el conjunto fósil estaba dominado por crías y juveniles, lo que se interpreta como evidencia de segregación por edades dentro de la manada, un patrón coherente con comportamiento gregario estructurado.
Nidos, huevos y cuidado parental
El descubrimiento de nidos fosilizados ha aportado algunas de las pruebas más contundentes sobre el comportamiento reproductivo de los dinosaurios. El caso paradigmático es el de Maiasaura peeblesorum, un hadrosáurido del Cretácico Superior cuyo nombre significa "lagarto buena madre".
En 1978, el paleontólogo Jack Horner localizó en la Formación Two Medicine de Montana un yacimiento con decenas de nidos, huevos y crías —bautizado como Egg Mountain— que cambió la paleontología conductual de dinosaurios. El análisis de los esqueletos juveniles reveló que sus huesos no estaban completamente osificados al nacer: los recién nacidos no podían desplazarse por sí solos. Sin embargo, sus dientes mostraban desgaste, lo que indica que ya ingerían alimento. La conclusión fue que los adultos traían comida al nido durante semanas o meses, un comportamiento de cuidado parental análogo al de las aves actuales. La disposición en colonia de los nidos —separados entre sí aproximadamente la longitud de un adulto— apunta también a nidificación comunal, con grupos numerosos reproduciéndose de forma sincronizada en el mismo enclave.
Rituales de cortejo: las arenas de exhibición
Uno de los hallazgos más sorprendentes de las últimas décadas es la identificación de grandes rasguños rituales en el suelo como evidencia de comportamiento de cortejo. En Colorado (EE. UU.), investigadores documentaron cuatro yacimientos del Cretácico con marcas de arañazos de hasta dos metros de diámetro, realizadas con ambos pies por terópodos de tamaño considerable.
Mediante imágenes de alta resolución captadas con drones, se identificaron 35 de estas estructuras —denominadas Ostendichnus—, distribuidas en una zona amplia que los paleontólogos interpretan como una arena de exhibición o lek: un espacio donde los machos competían para atraer hembras, excavando y exhibiendo su vigor. Este comportamiento es casi idéntico al que muestran hoy diversas aves que nidifican en el suelo, algo que no sorprende dado que las aves son los dinosaurios terópodos que sobrevivieron a la extinción del Cretácico. Un artículo publicado en 2025 en Newsweek lo catalogó como "la mayor arena de apareamiento fósil del mundo".
Combate intraespecífico: lesiones óseas como testimonio
Los huesos fosilizados con patologías —fracturas curadas, tejido óseo reactivo periosteal, marcas de perforación— ofrecen otra ventana directa al comportamiento. El caso de Triceratops es especialmente ilustrativo. Varios cráneos presentan lesiones en la gorguera y en la región periorbital que muestran signos inequívocos de cicatrización en vida. La distribución espacial y la morfología de esas marcas son coherentes con el bloqueo de cuernos entre individuos de la misma especie, un comportamiento análogo al de ciervos o antílopes modernos que dirimen conflictos de dominancia.
Un modelo biomecánico del enfrentamiento entre dos adultos de Triceratops predice con precisión las zonas de mayor impacto si los animales cruzaran sus cuernos: las regiones de daño observadas en los fósiles coinciden exactamente con esas predicciones. Los cuernos y la gorguera de Triceratops, por tanto, cumplían una doble función: defensa ante depredadores y competencia intraespecífica por recursos o parejas. En 2006 se descubrieron en Montana los denominados "Dinosaurios Dueling", un Tyrannosaurus rex y un Triceratops hallados en posición de combate, lo que sugiere que ambos animales perecieron durante o inmediatamente después de un enfrentamiento real.
Coprolitos: dieta y uso del espacio
Los coprolitos —excrementos fosilizados— preservan restos no digeridos: fragmentos de hueso, escamas, tejido vegetal, semillas y, en ocasiones, moléculas biológicas. Más allá de identificar qué comía un animal, su distribución en un yacimiento permite localizar áreas de alimentación habitual o zonas de congregación. En carnívoros, la presencia de huesos con marcas de digestión ácida dentro de un coprolito permite vincular el rastro fecal con un depredador específico y determinar con qué frecuencia consumía hueso, un indicador indirecto de jerarquía alimentaria y estilo de caza.
Tecnología aplicada al análisis del comportamiento fósil
En 2026, las herramientas digitales han intensificado el análisis de estos fósiles. La fotogrametría y los escáneres de alta resolución permiten reconstruir en tres dimensiones huellas y nidos con un detalle antes imposible, preservando información que la excavación física podría destruir. La inteligencia artificial se aplica ya a la clasificación de rastros: la aplicación DinoTracker analiza fotografías de huellas y predice la especie productora con una precisión comparable a la de expertos humanos, lo que amplía el número de yacimientos analizables y democratiza el acceso a esta disciplina.
Preguntas frecuentes
¿Qué son los icnofósiles y por qué son clave para estudiar el comportamiento de los dinosaurios?
Los icnofósiles son fósiles producidos por la actividad de un organismo —huellas, nidos, excrementos, arañazos— en lugar de por sus restos corporales. Son esenciales porque registran acciones concretas: desplazamiento, alimentación, reproducción o combate. Mientras los huesos informan sobre anatomía, los icnofósiles informan sobre comportamiento.
¿Cómo saben los paleontólogos que algunos dinosaurios cuidaban a sus crías?
La evidencia más sólida proviene del yacimiento de Maiasaura en Montana (Egg Mountain). Los huesos de las crías no estaban osificados al nacer —no podían moverse solos—, pero sus dientes mostraban desgaste, lo que prueba que comían. Alguien tenía que traerles el alimento: ese alguien eran los adultos del nido.
¿Hay pruebas de que los dinosaurios vivían en manadas?
Sí. Los yacimientos con acumulaciones masivas de huesos de una misma especie (bone beds) y, sobre todo, los rastros paralelos de varios individuos moviéndose en la misma dirección constituyen evidencia directa de gregarismo. En 2025 se publicó el primer caso documentado de rebaño mixto entre especies distintas, hallado en Alberta, Canadá.
¿Qué revelan las huellas fósiles sobre la velocidad de los dinosaurios?
A partir de la longitud de zancada y la estimación del tamaño del animal, es posible calcular la velocidad aproximada. En general, los rastros preservados muestran velocidades de marcha moderada, pero algunos rastros de terópodos indican carreras de persecución o huida. La velocidad máxima inferida para Tyrannosaurus rex a partir de rastros e ingeniería biomecánica ronda los 12-20 km/h.
¿Cómo se identifica un comportamiento de cortejo en el registro fósil?
Los grandes rasguños (Ostendichnus) hallados en yacimientos de Colorado son el ejemplo mejor documentado. Su patrón —arañazos bilaterales repetidos en zonas amplias y abiertas— coincide con el comportamiento de "exhibición de nido" que realizan hoy diversas aves antes del apareamiento. La recurrencia de estas marcas en el mismo lugar a lo largo del tiempo apunta a arenas de cortejo utilizadas temporada tras temporada.