Historia oculta de la Plaza Roja de Moscú: secretos y misterios
La Plaza Roja de Moscú es uno de los espacios públicos más reconocibles del planeta: escenario de desfiles militares, sede del mausoleo de Lenin y telón de fondo de la Catedral de San Basilio con sus cúpulas abigarradas. Sin embargo, bajo esa imagen de poder y solemnidad se acumulan capas de historia que la narrativa oficial tiende a silenciar: ejecuciones en masa, bibliotecas perdidas, redes de túneles secretos y una semántica que nada tiene que ver con el comunismo. Lo que hoy se muestra a los turistas es solo la superficie de un lugar que ha funcionado durante siglos como escenario del miedo, la propaganda y el misterio.
El nombre que no significa lo que parece
El error más extendido sobre la Plaza Roja es su nombre. La mayoría de los visitantes occidentales asume que el término «roja» alude al color del comunismo o al de los ladrillos del Kremlin. Ninguna de las dos interpretaciones es correcta. La denominación proviene de la palabra rusa Кrásnaya (красная), que en el ruso antiguo no significaba «roja» sino «hermosa» o «bella». Originalmente el epíteto se aplicaba a la Catedral de San Basilio, cuya primera denominación popular fue «la hermosa iglesia», y con el tiempo el nombre se desplazó hacia la plaza adyacente.
Antes de recibir ese nombre, la plaza era conocida como Pozhar, que en ruso significa «fuego» o «incendio». Una designación que, lejos de ser poética, describía con crudeza la función original del espacio: fue creada precisamente para evitar incendios. En 1493, el gran príncipe Iván III ordenó derribar todas las edificaciones situadas en un radio de 200 metros alrededor de las murallas del Kremlin. Lo que surgió fue un descampado estratégico, no una plaza de honor. Solo con el tiempo, ese vacío urbanístico se convirtió en el corazón ceremonial de Rusia.
El lugar de los cráneos: ejecuciones y terror público
Durante siglos, la Plaza Roja no fue un espacio de celebración sino de castigo. En su centro existía —y aún existe— una plataforma circular de piedra conocida como Lobnoye Mesto, literalmente «el lugar de los cráneos» o «el lugar de la frente», según distintas interpretaciones etimológicas. Desde ese podio se leían los edictos del zar, pero también se anunciaban las sentencias de muerte y, en determinados períodos, se llevaban a cabo las ejecuciones públicas ante la multitud.
El reinado de Iván IV, conocido como Iván el Terrible, marcó uno de los capítulos más sombríos de la plaza. En julio de 1570, el zar organizó en la Plaza Roja un espectáculo de terror sin precedentes: la ejecución pública de varios centenares de personas, entre ellas altos funcionarios acusados de traición. Los métodos empleados incluyeron hervir a los condenados en agua o aceite, colgarlos por los talones y mutilarlos lentamente. Según las crónicas, el propio Iván participó en los tormentos. El tesorero Nikita Funikov fue sumergido alternativamente en agua hirviendo y agua helada hasta que la piel se desprendió de su cuerpo; el secretario Iván Viskovaty fue colgado de los pies y despedazado vivo. El objetivo no era solo el castigo sino la demostración pública del poder absoluto del zar.
Esta tradición de ejecuciones en la plaza se prolongó hasta el siglo XVIII, cuando Pedro el Grande modernizó el Estado y trasladó la capital a San Petersburgo, aunque el espacio mantuvo su carga simbólica como escenario del poder coercitivo del Estado.
La biblioteca perdida de los zares
Una de las leyendas más persistentes vinculadas al Kremlin —y por extensión a la Plaza Roja— es la de la llamada Biblioteca Dorada o biblioteca perdida de Iván el Terrible. Según esta tradición, los zares moscovitas habrían acumulado a lo largo del siglo XV y XVI una colección extraordinaria de manuscritos griegos, latinos y egipcios, en parte procedentes de las bibliotecas de Constantinopla y Alejandría, transportados a Moscú tras la caída del Imperio Bizantino en 1453.
Se especula que esta biblioteca fue ocultada en cámaras subterráneas bajo el Kremlin para protegerla de los grandes incendios que devastaron Moscú en 1547, 1571 y 1626. Iván el Terrible, según la leyenda, mandó construir el escondite y ejecutó a todos los obreros que participaron en la obra para que nadie pudiera revelar su ubicación exacta.
A principios del siglo XX, el arqueólogo ruso Ignatiy Stelletsky dedicó décadas a buscar la biblioteca. Un artículo de The New York Times de 1929 recogió su trabajo y mencionó que había localizado documentos históricos que describían «dos grandes salas llenas de cofres del tesoro» bajo el Kremlin. Sin embargo, las autoridades soviéticas interrumpieron sus excavaciones y Stelletsky murió sin encontrar nada. En 2026, la biblioteca sigue siendo uno de los grandes misterios arqueológicos no resueltos de Europa: nunca se ha probado su existencia, pero tampoco ha podido ser descartada definitivamente.
El subsuelo secreto: túneles, bunkers y el Metro-2
Si la Plaza Roja guarda secretos en superficie, el subsuelo que se extiende bajo ella es aún más opaco. Moscú alberga una de las redes subterráneas más complejas del mundo, con múltiples niveles superpuestos de drenajes, ríos enterrados, búnkeres militares y galerías de origen medieval. Según exploradores urbanos que han accedido a partes de esta red, el subsuelo del centro de Moscú podría tener hasta quince niveles de profundidad, llegando a descender 700 metros en algunos puntos.
El elemento más inquietante de esta geografía invisible es el denominado Metro-2, conocido también con la designación soviética D-6. Según testimonios, informes de inteligencia occidentales de los años noventa y las investigaciones de periodistas rusos, se trataría de un sistema ferroviario secreto paralelo al metro público, supuestamente construido por orden de Stalin durante la Guerra Fría. Su propósito habría sido garantizar la evacuación del Kremlin, del Estado Mayor y de otros órganos del poder soviético en caso de ataque nuclear.
Las líneas del Metro-2 supuestamente conectan el Kremlin con la sede del FSB (antigua KGB), con el Ministerio de Defensa, con el aeropuerto de Vnukovo y con búnkeres situados en las afueras de Moscú, extendiéndose a lo largo de aproximadamente 150 kilómetros a profundidades de entre 50 y 200 metros. Nunca ha sido confirmado oficialmente por el Gobierno ruso. Sin embargo, algunos vagones ciegos visibles desde ciertos tramos del metro público, accesos bloqueados con puertas blindadas y testimonios de empleados de mantenimiento han alimentado durante décadas la certeza de que algo existe bajo los pies de los visitantes de la Plaza Roja.
Una comunidad informal de exploradores urbanos rusos conocidos como «Diggers» (excavadores) ha documentado partes de esta red. Según sus relatos, es posible desplazarse bajo la Plaza Roja a unos 15 metros de profundidad mientras los turistas caminan por encima, sin que ninguno de los dos grupos sea consciente de la presencia del otro.
La necrópolis junto al muro
La muralla del Kremlin que da a la Plaza Roja no es solo un límite arquitectónico: es también un cementerio. En su interior y a sus pies descansan los restos de algunas de las figuras más influyentes de la historia soviética. Entre los enterrados en la llamada necrópolis del muro del Kremlin figuran el cosmonauta Yuri Gagarin, el escritor Máximo Gorki, los dirigentes soviéticos Leonid Brézhnev, Konstantín Chernenko y Yuri Andrópov, así como científicos, militares y altos funcionarios del régimen.
El caso más controvertido es el de Iósif Stalin. Tras su muerte en 1953, fue embalsamado y colocado junto al cuerpo de Lenin en el mausoleo de la Plaza Roja. Sin embargo, en 1961, durante el proceso de desestalinización impulsado por Nikita Jrushchov, su cuerpo fue retirado discretamente del mausoleo durante la noche y enterrado junto al muro, donde permanece hasta hoy. El propio mausoleo de Lenin sigue siendo objeto de debate en Rusia: desde los años noventa, sucesivos gobiernos han discutido la posibilidad de dar sepultura al fundador de la URSS, sin que ninguno haya tomado la decisión.
Episodios insólitos en el corazón del poder
En mayo de 1987, un adolescente alemán de diecinueve años llamado Mathias Rust aterrizó impunemente una avioneta Cessna 172 en las inmediaciones de la Plaza Roja, después de haber cruzado miles de kilómetros de espacio aéreo soviético supuestamente protegido. El incidente, que humilló a las fuerzas aéreas soviéticas y precipitó la destitución de docenas de oficiales militares de alto rango, reveló las grietas reales de un sistema que proyectaba una imagen de fortaleza inexpugnable.
Otro episodio poco conocido es el del desfile del 7 de noviembre de 1941. Con las tropas alemanas a apenas 20 kilómetros de Moscú y la ciudad al borde del colapso, Stalin ordenó celebrar el desfile aniversario de la Revolución de Octubre en la Plaza Roja como acto de propaganda destinado tanto al pueblo soviético como al mundo. Las unidades que desfilaron aquel día bajo la nieve partieron directamente desde la plaza hacia el frente de batalla.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama Plaza Roja si no tiene relación con el comunismo?
El nombre deriva del término ruso antiguo Krásnaya, que no significaba «roja» sino «hermosa» o «bella». Se aplicó primero a la Catedral de San Basilio y luego a la plaza. La asociación con el color rojo del comunismo es una coincidencia semántica, no un origen histórico.
¿Qué es el Metro-2 y pasa por debajo de la Plaza Roja?
El Metro-2 es un supuesto sistema ferroviario secreto construido bajo el mandato de Stalin para evacuar al gobierno soviético en caso de ataque nuclear. Se lo sitúa a profundidades de entre 50 y 200 metros y sus líneas conectarían el Kremlin con diversas instalaciones estratégicas. Nunca ha sido confirmado oficialmente, aunque hay indicios físicos en el metro público que apuntan a su existencia.
¿Existe realmente la biblioteca perdida de Iván el Terrible?
No ha sido probada ni descartada. La leyenda habla de una inmensa colección de manuscritos medievales oculta en cámaras subterráneas bajo el Kremlin. El arqueólogo Stelletsky la buscó en el siglo XX sin éxito. En 2026 sigue siendo uno de los grandes enigmas arqueológicos europeos sin resolver.
¿Quién está enterrado en la muralla del Kremlin junto a la Plaza Roja?
En la necrópolis del muro del Kremlin están enterrados destacados personajes soviéticos, entre ellos Yuri Gagarin, Leonid Brézhnev, Máximo Gorki y Josef Stalin, cuyo cuerpo fue trasladado allí desde el mausoleo en 1961 durante el proceso de desestalinización.
¿La Plaza Roja fue un lugar de ejecuciones?
Sí. Durante siglos fue el principal escenario de ejecuciones públicas en Moscú. La plataforma de piedra conocida como Lobnoye Mesto servía tanto para leer los edictos del zar como para aplicar sentencias de muerte, especialmente durante los reinados más violentos como el de Iván el Terrible en el siglo XVI.