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Huellas fosilizadas de dinosaurios: qué nos revelan sobre su vida

Publicado 17. junio 2025 Actualizado 15. junio 2026

Huellas de Eva
Huellas de Eva · philrickerby / Philip Rickerby · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia

Las huellas fosilizadas de dinosaurios, conocidas científicamente como icnitas, constituyen una de las fuentes de información más ricas y directas que la paleontología posee sobre estos animales. A diferencia de los huesos, que informan sobre anatomía y taxonomía, las icnitas son registros de comportamiento en tiempo real: capturas congeladas de movimiento, postura y, en ocasiones, de la vida social de criaturas que habitaron la Tierra hace entre 66 y 250 millones de años. La disciplina que las estudia, la paleoicnología, ha experimentado un auge notable gracias a las tecnologías digitales, y los hallazgos de 2025 y 2026 han renovado el interés científico y popular por este campo.

Qué es una icnita y cómo se forma

El término icnita proviene del griego ichnos (huella). Se aplica a cualquier evidencia fosilizada de actividad biológica: pisadas, rastros de arrastre, marcas de descanso o incluso impresiones de colas. Para que una huella se fosilice, deben darse condiciones concretas: el substrato ha de ser lo suficientemente blando para registrar la presión (barro, arena húmeda, ceniza volcánica), pero endurecerse después con la rapidez suficiente para conservar la forma antes de que la erosión o los propios animales la destruyan. Sobre esa impresión se depositan posteriormente sedimentos que, con el tiempo y la presión geológica, la litifican. El resultado es un molde en negativo que puede preservar con extraordinaria fidelidad detalles de la almohadilla plantar, las garras e incluso la textura de la piel.

Locomoción y postura

Uno de los primeros datos que se extraen de una icnita es el modo en que el animal se desplazaba. La disposición de las huellas izquierda y derecha —lo que los especialistas llaman el rastro— permite determinar si el dinosaurio era bípedo o cuadrúpedo, y si mantenía las extremidades bajo el cuerpo (postura parasagital, similar a la de los mamíferos y aves actuales) o extendidas lateralmente (como los cocodrilos). Las icnitas de terópodos y ornitópodos muestran sistemáticamente la primera configuración, lo que confirmó que los dinosaurios no avianos ya poseían una locomoción erguida y eficiente mucho antes de que esto pudiera deducirse únicamente de los esqueletos.

El análisis de la longitud de zancada —la distancia entre dos huellas consecutivas del mismo pie— permite, mediante fórmulas desarrolladas a partir del trabajo pionero del paleontólogo Alexander (1976) y refinadas por estudios posteriores, calcular la velocidad aproximada a la que se movía el animal. Se han estimado velocidades de entre 4 y 12 km/h para saurópodos en marcha tranquila, y de hasta 40 km/h en la carrera de pequeños terópodos. La morfología de la huella también informa sobre la distribución del peso: los saurópodos de gran tamaño presentan huellas traseras mucho más profundas que las delanteras, lo que indica que el centro de gravedad se situaba sobre las extremidades posteriores.

Identificación de grupos y especies

La forma de la huella actúa como una firma anatómica. Los terópodos —carnívoros bípedos como el Allosaurus o los dromeosáuridos— dejaban típicamente huellas tridáctilas con dedos alargados y garras puntiagudas. Los saurópodos producían impresiones circulares o semicirculares de gran diámetro, con dedos cortos y escasa penetración de las garras en el sustrato. Los ornitópodos como los hadrosaurios generaban huellas tridáctilas más anchas y redondeadas. Los ceratópsidos, cuadrúpedos con cuernos, dejaban una huella anterior más pequeña y redondeada junto a una posterior mayor.

No obstante, la atribución de una icnita a una especie concreta es siempre tentativa: dos dinosaurios de morfología diferente pueden dejar huellas similares si caminaban sobre sustratos distintos o si el animal era joven. Por ello, las icnitas reciben nombres propios de icnotaxones, independientes de la nomenclatura zoológica convencional, para evitar confusiones taxonómicas.

Comportamiento social: gregarismo y manadas mixtas

Quizás el hallazgo más sorprendente que las icnitas han aportado a la paleontología es la evidencia de comportamientos sociales complejos. Cuando varios rastros paralelos, con la misma orientación y longitudes de zancada similares, se superponen en un mismo nivel estratigráfico, la interpretación más parsimoniosa es que los animales se desplazaban juntos. Estas paleoautopistas o dinosaur highways se han documentado en numerosos yacimientos, desde el Jurásico de América del Norte hasta el Cretácico de España.

En julio de 2025, el Museo de Historia Natural de Londres publicó el análisis de un yacimiento con huellas de diferentes especies de dinosaurios moviéndose en la misma dirección y al mismo tiempo, presentándolo como la primera evidencia directa de manadas mixtas entre dinosaurios: distintas especies compartiendo desplazamiento, un comportamiento análogo al que hoy exhiben las grandes migraciones de ungulados africanos. Más aún, la variación de tamaños dentro de algunos rastros ha permitido inferir estructuras de edad dentro del grupo, con individuos juveniles situados entre los adultos, lo que sugiere cuidado parental activo o al menos protección pasiva del grupo.

Paleoecología y reconstrucción del ambiente

Las icnitas no solo informan sobre el animal que las produjo, sino también sobre el entorno en que vivía. La sedimentología asociada a las huellas —tipo de grano, laminación, presencia de rizaduras o grietas de desecación— permite reconstruir si el paleoambiente era una llanura costera, un lago somero, una llanura de inundación o un delta fluvial. En yacimientos donde se conservan tanto huellas de herbívoros como de carnívoros, la disposición relativa de los rastros ha permitido proponer escenarios de emboscada o persecución, aunque estas interpretaciones siempre deben tomarse con cautela metodológica.

Hallazgos recientes destacados (2025–2026)

En septiembre de 2025 se anunció el descubrimiento de aproximadamente 20.000 huellas de dinosaurio en las paredes casi verticales del Parque Nacional de Stelvio, en los Alpes italianos, a más de 2.000 metros de altitud. Las icnitas datan del Triásico superior, hace unos 210 millones de años, y constituyen uno de los yacimientos de fósiles de traza más ricos del período Triásico en el mundo. La ubicación en alta montaña, y la posterior inclinación tectónica de las capas sedimentarias, explica que las huellas aparezcan hoy en posición casi vertical.

En 2025, investigadores del Reino Unido revelaron cientos de huellas adicionales en la denominada "autopista jurásica" de una cantera de Oxfordshire, ampliando un rastro colectivo ya descubierto el año anterior. Y en abril de 2026, Science Daily recogió el análisis de huellas de 132 millones de años de antigüedad cuyo estudio está reescribiendo la distribución geográfica de algunos grupos de dinosaurios, al documentar la presencia de terópodos de gran tamaño en regiones donde anteriormente no se conocían restos óseos.

En el ámbito tecnológico, en 2026 empezó a ganar atención DinoTracker, una aplicación de inteligencia artificial que analiza fotografías de huellas fósiles y predice el grupo de dinosaurio productor con una precisión comparable a la de los métodos tradicionales. Herramientas como esta complementan el escaneado tridimensional de alta resolución, ya implantado en los principales yacimientos, que permite crear modelos digitales permanentes de las huellas y compartirlos con investigadores de todo el mundo sin necesidad de acceso físico.

Ventajas frente a los restos óseos

Las icnitas ofrecen información que los esqueletos no pueden proporcionar. Los huesos registran la anatomía del individuo en un momento de su vida, pero no su movimiento ni su relación con otros individuos. Una huella, en cambio, es el registro de un instante de conducta. Además, dado que se forman en vida del animal y en superficie, no están sujetas al mismo sesgo tafonómico que afecta a los huesos: un dinosaurio puede dejar miles de huellas a lo largo de su existencia, pero solo un esqueleto. En consecuencia, los yacimientos de icnitas suelen estar mejor distribuidos geográficamente que los de restos óseos, ofreciendo una imagen más completa de la paleobiogeografía de los dinosaurios.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una icnita?

Una icnita es una huella o rastro fosilizado producido por un organismo vivo. En el caso de los dinosaurios, se trata principalmente de pisadas conservadas en sedimentos endurecidos que datan del Triásico, el Jurásico y el Cretácico. La ciencia que las estudia se denomina paleoicnología.

¿Es posible calcular la velocidad de un dinosaurio a partir de sus huellas?

Sí. Usando la longitud de zancada y una estimación de la longitud de la extremidad del animal —que se deduce del tamaño de la propia huella—, los paleontólogos aplican fórmulas biomecánicas para obtener una velocidad aproximada. Los resultados van desde unos 4 km/h para saurópodos en marcha tranquila hasta más de 40 km/h para pequeños terópodos en carrera.

¿Pueden las huellas revelar si los dinosaurios vivían en grupos?

Sí. Cuando varios rastros paralelos del mismo nivel estratigráfico apuntan en la misma dirección y presentan longitudes de zancada similares, indican desplazamiento simultáneo en grupo. En julio de 2025 se publicó evidencia de manadas mixtas —distintas especies caminando juntas—, una conducta social hasta entonces solo inferida por comparación con animales actuales.

¿Por qué las icnitas y los huesos de un mismo dinosaurio rara vez se encuentran juntos?

Porque se forman en contextos tafonómicos muy distintos. Las huellas se producen en superficies activas (orillas, llanuras de inundación) y quedan enterradas rápidamente por nuevos sedimentos. Los huesos, en cambio, tienden a acumularse en lugares donde los cadáveres quedan atrapados: fondos lacustres, márgenes de ríos o depósitos eólicos. La probabilidad de que ambas evidencias coincidan en el mismo yacimiento es baja.

¿Qué papel tiene la inteligencia artificial en el estudio moderno de las icnitas?

En 2026, herramientas como DinoTracker permiten analizar fotografías de huellas y asignarlas a grupos de dinosaurios con una precisión comparable a la clasificación manual de expertos. Combinadas con el escaneado 3D y los modelos computacionales, estas tecnologías están democratizando el acceso al estudio de las icnitas y acelerando el análisis de grandes yacimientos.

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