Qué sonidos hacían los dinosaurios? Lo que dice la ciencia
Durante décadas, el imaginario popular estuvo moldeado por los rugidos ensordecedores de Jurassic Park: dinosaurios que vociferaban como leones gigantes, sacudiendo el suelo con cada grito. Sin embargo, la paleontología moderna ha desmontado sistemáticamente esa imagen. Los fósiles más recientes y las simulaciones por ordenador apuntan a una realidad muy distinta: los dinosaurios probablemente emitían sonidos graves y resonantes, trinos, murmullos con la boca cerrada o llamadas similares a las de las aves actuales. En 2026, el campo de la bioacústica paleontológica es uno de los más activos dentro de la ciencia prehistórica, impulsado por dos hallazgos excepcionales de laringes fosilizadas.

El problema de fosilizar el sonido
El mayor obstáculo para estudiar la voz de los dinosaurios es que los tejidos blandos casi nunca se conservan en el registro fósil. Los órganos productores de sonido —laringe, tráquea, sacos de aire— están formados principalmente por cartílago, que se descompone con mucha más rapidez que el hueso. Esto significa que, durante más de un siglo de paleontología, los científicos no disponían de evidencia anatómica directa sobre cómo fonaban estos animales.
Para llenar ese vacío, los investigadores han recurrido a dos estrategias complementarias. La primera consiste en comparar la biología de los parientes vivos más cercanos a los dinosaurios: las aves —que son en realidad dinosaurios aviares que sobrevivieron a la extinción del Cretácico— y los crocodílidos, el otro gran linaje de arcosaurios vivos. La segunda estrategia emplea modelos tridimensionales obtenidos mediante tomografía computarizada de cráneos fósiles para simular el flujo de aire y las frecuencias acústicas que habrían producido determinadas estructuras anatómicas.
Los dos hallazgos que cambiaron el debate
Pinacosaurus grangeri (2023): la primera laringe no aviar
En 2023, un equipo internacional de paleontólogos describió la primera laringe fosilizada perteneciente a un dinosaurio no aviar. El ejemplar correspondía a Pinacosaurus grangeri, un anquilosaurio —dinosaurio acorazado— de finales del Cretácico hallado en el desierto del Gobi, en Mongolia. La caja vocal presentaba una morfología sorprendentemente similar a la de las aves modernas, lo que sugería que este animal de tres toneladas podría haber producido sonidos articulados, posiblemente chasquidos o llamadas agudas, en lugar de los rugidos graves que el cine le habría adjudicado.
Pulaosaurus qinglong (2025): confirmación desde el Jurásico
En julio de 2025 se publicó en la revista PeerJ la descripción del segundo dinosaurio no aviar con laringe osificada conservada: Pulaosaurus qinglong, descubierto en la provincia de Hebei (China) y datado en el Jurásico Superior. El espécimen, de apenas 60 centímetros de longitud y probablemente juvenil, pertenecía a un grupo de ornitisquios herbívoros y preservó una estructura vocal frágil que normalmente nunca llega a fosilizarse. Al comparar esa laringe con las de aves y cocodrilos actuales mediante tomografías y modelos en 3D, los investigadores concluyeron que el animal pudo producir chirridos, trinos o llamadas cortas, alejándose radicalmente del rugido estereotipado. El Pulaosaurus retrocede la evidencia directa de aparatos vocales aviariformes hasta el período Jurásico, extendiendo casi cien millones de años el linaje de dinosaurios con capacidad acústica similar a la de las aves.
Vocalizaciones de boca cerrada: el modelo del cocodrilo
Más allá de los hallazgos de laringes, una línea de investigación basada en la comparación con cocodrilos y caimanes sugiere que muchos dinosaurios —especialmente los grandes terópodos como el Tyrannosaurus rex— producían sonidos con la boca cerrada. Este tipo de vocalización, llamada closed-mouth vocalization en inglés, es común en aves grandes actuales como el emú, el casuario o el avestruz: el animal infla sacos de tejido en el cuello o la garganta y emite un retumbo de baja frecuencia que puede viajar largas distancias sin abrir la boca. Los cocodrilos también producen retumbos similares durante el cortejo.
Según esta hipótesis, el rugido amenazante de Jurassic Park es zoológicamente incorrecto, ya que los mamíferos —leones, tigres, osos— son los que rugen con la boca abierta de esa manera. Los dinosaurios, como arcosaurios que eran, habrían seguido un patrón acústico más próximo al de sus parientes reptiles y al de las aves, con sonidos retumbantes y de baja frecuencia, posiblemente en el rango del infrasonido, imperceptibles para el oído humano pero capaces de comunicar presencia o estado reproductivo a grandes distancias.
Los hadrosaurios y sus crestas resonantes
El caso más documentado de bioacústica dinosauriana es el de los hadrosáuridos con cresta, en especial Parasaurolophus walkeri y Corythosaurus casuarius. Estas especies poseían crestas huecas sobre el cráneo que funcionaban como cámaras de resonancia, conectadas a las fosas nasales y a las vías respiratorias. Mediante modelos tridimensionales generados a partir de tomografías de cráneos fósiles, los investigadores han podido estimar las frecuencias que producirían esas estructuras al paso del aire.
En el caso del Parasaurolophus, los estudios calculan que P. walkeri generaría frecuencias de entre 48 y 240 Hz, mientras que P. cyrtocristatus alcanzaría entre 75 y 375 Hz, rangos graves y potentes que recuerdan al bramido de grandes mamíferos o al retumbo de un tronco hueco. La investigadora Courtney Brown lideró además un proyecto de reconstrucción de la voz del Corythosaurus mediante simulaciones acústicas de sus cámaras craneales, obteniendo un sonido grave y tubular, muy diferente de cualquier rugido convencional. Estos hallazgos refuerzan la idea de que las crestas de los hadrosaurios tenían una función acústica primaria en la comunicación intraespecífica, el reconocimiento de congéneres y posiblemente el cortejo.
Sauropodomorfos y comunicación por infrasonido
Para los grandes sauropodomorphos —los gigantescos dinosaurios de cuello largo como Brachiosaurus o Diplodocus— la hipótesis más extendida es la comunicación mediante infrasonido, es decir, frecuencias por debajo de los 20 Hz que el oído humano no detecta. Los elefantes actuales emplean este sistema para coordinar manadas a kilómetros de distancia. Dado que los saurópodos vivían en grupos y tenían estructuras corporales que habrían podido amplificar vibraciones de baja frecuencia, muchos bioacústicos consideran plausible que se comunicaran de manera similar. No existe evidencia fósil directa de ello, pero el modelo comparativo con megafauna actual lo sostiene como la hipótesis más coherente.
Lo que el cine inventó y lo que la ciencia descarta
Los efectos de sonido de Parque Jurásico (1993) fueron creados por el diseñador de sonido Gary Rydstrom mezclando vocalizaciones de animales modernos: tortugas marinas en celo, delfines, pingüinos, pingüinos, cachorros de tigre y elefantes, entre otros. El resultado fue dramáticamente efectivo, pero no tenía ninguna base paleontológica. El mítico rugido del T. rex de la película combina sonidos de elefante bebé, cocodrilo y tigre. En 2026, la comunidad científica coincide en que ese rugido —poderoso, mamífero, con la boca bien abierta— es la representación acústica menos probable para un tiranosáurido.
Lo que la ciencia descarta con mayor firmeza es precisamente esa imagen de dinosaurios que vocalizan como grandes felinos o úrsidos. Los dinosaurios no son mamíferos y su anatomía vocal no respondería a los mismos principios. Lo que la ciencia aún no puede afirmar con certeza es exactamente qué sonaba cada especie, ya que el registro fósil sigue siendo extremadamente escaso en lo que respecta a tejidos blandos del aparato fonador.
Preguntas frecuentes
¿Rugían los dinosaurios como en Jurassic Park?
No. La paleontología moderna descarta ese tipo de rugido mamífero. Los estudios apuntan a que los dinosaurios producían sonidos graves y resonantes con la boca cerrada, similares a los de cocodrilos o aves grandes como el emú, o llamadas articuladas parecidas a las de las aves en especies como el Pinacosaurus y el Pulaosaurus.
¿Qué fósiles demuestran cómo sonaban los dinosaurios?
Hasta 2026, solo dos dinosaurios no aviares conservaron la laringe fosilizada: Pinacosaurus grangeri, descubierto en Mongolia y descrito en 2023, y Pulaosaurus qinglong, hallado en China y publicado en 2025. Ambos presentan una anatomía vocal similar a la de las aves modernas.
¿Para qué servían las crestas huecas de los hadrosaurios?
Las crestas huecas de hadrosáuridos como Parasaurolophus o Corythosaurus funcionaban como cámaras de resonancia que amplificaban y modulaban el sonido al paso del aire. Habrían servido para la comunicación entre individuos de la misma especie, el reconocimiento visual y posiblemente el cortejo, generando frecuencias graves de entre 48 y 375 Hz según la especie.
¿Cómo estudian los científicos los sonidos de animales extintos?
Los investigadores usan dos métodos principales: la comparación con parientes vivos (aves y cocodrilos, ambos arcosaurios como los dinosaurios) y la reconstrucción digital mediante tomografías computarizadas de cráneos fósiles, que permiten simular el flujo de aire y las frecuencias acústicas en estructuras como crestas o laringes fosilizadas.
¿Podían todos los dinosaurios producir sonidos?
No se puede asegurar para todas las especies, dado que el registro fósil de tejidos blandos vocales es muy escaso. Lo más probable es que los dinosaurios sociales —hadrosaurios, ceratópsidos, sauropodomorphos gregarios— fueran los más activos acústicamente, mientras que algunos solitarios o de vida solitaria podrían haber dependido más de señales visuales o químicas.