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Quién pintó El Juicio Final y cuál es su historia

Publicado 11. octubre 2025 Actualizado 16. junio 2026

¿Quién pintó El Juicio Final y cuál es su historia?

El Juicio Final es uno de los temas más recurrentes en la historia del arte occidental, pero cuando se pronuncia ese nombre, la mente vuela casi inevitablemente hacia la monumental pared del altar de la Capilla Sixtina, en el Vaticano. Allí, entre 1536 y 1541, Miguel Ángel Buonarroti creó el fresco más grande del siglo XVI, una obra que lo consumió durante cuatro años y que acabó desatando una de las polémicas artísticas más sonadas del Renacimiento. Pero la historia de este tema no comienza ni termina en Roma: pintores flamencos, italianos y del norte de Europa abordaron la misma escena bíblica con resultados igualmente fascinantes.

Miguel Ángel y el fresco de la Capilla Sixtina

El encargo que daría origen a la obra más célebre sobre el Juicio Final partió del papa Clemente VII, poco antes de su muerte en 1534. Su sucesor, el papa Pablo III Farnesio, ratificó el proyecto en 1535 y convenció a un Miguel Ángel que ya rondaba los sesenta años para que tomara los pinceles de nuevo. El artista había concluido la bóveda de la misma capilla casi veinticinco años antes, en 1512, y el regreso a ese espacio implicaba un sacrificio enorme: para colocar el nuevo fresco en la pared del altar fue necesario destruir frescos anteriores de Pietro Perugino, antiguo maestro del propio Miguel Ángel, así como otras pinturas del ciclo original.

Los trabajos comenzaron en 1536 y el fresco fue desvelado el 31 de octubre de 1541, festividad de Todos los Santos. La obra mide aproximadamente 13,70 metros de alto por 12 metros de ancho y alberga más de cuatrocientas figuras dispuestas en una composición giratoria y violenta, sin la calma ordenada que caracterizaba el arte religioso de épocas anteriores. En el centro, un Cristo juez de aspecto atlético y sin barba —inspirado más en Apolo que en los retratos convencionales de Jesús— levanta el brazo derecho en un gesto de condena mientras su madre, la Virgen María, se retira hacia él con expresión de resignación. A su alrededor, los bienaventurados ascienden a los cielos y los condenados son arrastrados al infierno por demonios, mientras el barquero Caronte, figura extraída de la mitología clásica y de Dante Alighieri, transporta a los réprobos hacia el Hades.

El contexto histórico: Reforma y Saqueo de Roma

La elección del tema no fue casual. El encargo original se gestó en un momento de profunda crisis para la Iglesia católica: la Reforma Protestante de Lutero sacudía los cimientos religiosos de Europa y el Saqueo de Roma de 1527, perpetrado por tropas del emperador Carlos V, había humillado a la Santa Sede ante el mundo cristiano. El Juicio Final se convertía así en un mensaje teológico y político: la humanidad entera respondería ante Dios, sin distinción de rango ni poder. Miguel Ángel, influenciado por las predicaciones del fraile Girolamo Savonarola y por el neoplatonismo florentino, dotó a la obra de una angustia existencial que rompía con el optimismo renacentista de sus décadas anteriores.

La controversia de los desnudos

Desde el mismo momento en que se descubrió el fresco, la polémica estalló. Miguel Ángel había optado por representar a prácticamente todas las figuras desnudas, siguiendo una tradición teológica que asociaba la desnudez a la condición original del alma ante Dios. Sin embargo, el maestro de ceremonias pontificio Biagio da Cesena no tardó en calificarlo de obsceno, apropiado para baños públicos pero no para una capilla papal. Según Giorgio Vasari, el artista se tomó una venganza memorable: pintó el rostro de Cesena en el personaje de Minos, el juez del infierno de la mitología griega, cubriéndolo con orejas de asno y envolviéndolo con una serpiente que le muerde los genitales. Cuando Cesena protestó ante el papa, Pablo III respondió, con ironía, que su jurisdicción no alcanzaba hasta el purgatorio, y que por lo tanto no podía hacer nada por él.

La controversia se agravó con el paso de los años. El Concilio de Trento (1545-1563), que estableció las normas artísticas de la Contrarreforma, decretó que las imágenes religiosas debían ajustarse a criterios de decoro y evitar cualquier representación que pudiera inducir a la lascivia. El 21 de enero de 1564, pocos días antes de la muerte del propio Miguel Ángel, se ordenó cubrir los genitales de las figuras con "paños de pureza". El encargado de llevar a cabo la tarea fue el pintor Daniele da Volterra, quien pasó a la historia con el apodo de Il Braghettone ("el calzonero"). En algunos casos, como el de santa Catalina y san Blas, las figuras fueron directamente repintadas en nuevas posiciones. Algunas de estas adiciones fueron eliminadas durante la gran restauración de los años ochenta y noventa del siglo XX, aunque otras permanecen.

El Juicio Final de Hans Memling

Décadas antes de que Miguel Ángel empuñara el pincel en Roma, el pintor flamenco Hans Memling había creado su propia versión del tema. El tríptico conocido como El Juicio Final fue encargado hacia 1467 por Angelo di Jacopo Tani, agente de los Medici en Brujas, probablemente como exvoto personal destinado a una iglesia florentina. La tabla central mide 242 por 180 centímetros y presenta a Cristo entronizado sobre un arcoíris, con el arcángel san Miguel sosteniendo una balanza para pesar las almas. Las alas laterales muestran el paraíso a la izquierda y el infierno a la derecha, este último con una crudeza expresiva que anuncia el espíritu de El Bosco.

La obra nunca llegó a su destino. En 1473, durante su transporte marítimo, el barco que la llevaba fue capturado en el Báltico por el corsario Paul Beneke, al servicio de la ciudad de Danzig (hoy Gdańsk, Polonia). El tríptico fue depositado allí como botín de guerra y, pese a las reclamaciones de los Medici que se prolongaron durante décadas, nunca regresó a Italia. Hoy se conserva en el Museo Nacional de Gdańsk, donde es considerada la pieza más valiosa de la colección.

Otros pintores que abordaron el mismo tema

El Juicio Final fue un tema abordado por numerosos artistas a lo largo de los siglos. Fra Angelico pintó su versión entre 1425 y 1430, hoy en el Museo di San Marco de Florencia. El Bosco realizó varias obras relacionadas con el tema, incluyendo un tríptico del Juicio Final conservado en la Academia de Bellas Artes de Viena. Luca Signorelli, cuyas pinturas en la catedral de Orvieto (1499-1504) se consideran un precedente directo del Miguel Ángel de la Sixtina, mostró ya esa misma energía anatómica y dramática en la representación de los condenados. En el mundo protestante, Lucas Cranach el Viejo también afrontó el tema desde una perspectiva reformada.

La restauración de 2026

En febrero de 2026, los Museos Vaticanos iniciaron una restauración extraordinaria del fresco de Miguel Ángel. Los técnicos habían detectado la formación de una capa blanquecina difusa sobre la superficie de la pintura, resultado de la humedad y de las condiciones ambientales dentro de la capilla. Aunque la pátina no comprometía la estabilidad de la obra, alteraba la percepción visual al suavizar los contrastes y homogeneizar los colores originales. Durante los trabajos, que concluyeron en la primera semana de abril de 2026, los visitantes pudieron seguir accediendo a la Capilla Sixtina gracias a una reproducción de alta definición del fresco colocada sobre los andamios. Al finalizar los trabajos, el fresco recuperó el esplendor cromático que había mostrado tras la gran restauración de los años noventa.

El segundo Juicio Final de Miguel Ángel

En mayo de 2024, un equipo de investigadores encabezado por la especialista en arte renacentista Amel Olivares y el historiador del arte José Manuel del Río Carrasco confirmó, tras ocho años de estudios, la autenticidad de una segunda versión del Juicio Final atribuida a Miguel Ángel. La obra, realizada sobre lienzo de lino fino y de reducidas dimensiones (96,52 × 81,28 cm), habría sido pintada como obsequio personal al pintor florentino Alessandro Allori. Actualmente la pieza se custodia en una cámara acorazada en Ginebra, Suiza, propiedad de un grupo empresarial estadounidense que prefiere mantenerse en el anonimato.

Preguntas frecuentes

¿Quién pintó El Juicio Final en la Capilla Sixtina?

Lo pintó Miguel Ángel Buonarroti entre 1536 y 1541, por encargo del papa Pablo III, en la pared del altar de la Capilla Sixtina, en el Vaticano. La obra mide aproximadamente 13,70 metros de alto por 12 metros de ancho y contiene más de cuatrocientas figuras.

¿Por qué cubrieron los desnudos del Juicio Final?

El Concilio de Trento (1545-1563) estableció normas de decoro para el arte religioso y ordenó en enero de 1564 cubrir los genitales de las figuras. El encargado fue el pintor Daniele da Volterra, apodado Il Braghettone ("el calzonero"). Algunos de esos añadidos fueron retirados durante la restauración de los años noventa.

¿Dónde se puede ver el Juicio Final de Memling?

El tríptico de Hans Memling se conserva en el Museo Nacional de Gdańsk, en Polonia. Fue pintado hacia 1467 por encargo de un agente de los Medici en Brujas, pero fue capturado en el mar por un corsario de Danzig y nunca llegó a Italia.

¿Cuánto tardó Miguel Ángel en pintar el Juicio Final?

Miguel Ángel tardó aproximadamente cuatro años en completar el fresco, desde 1537 hasta su presentación el 31 de octubre de 1541. La obra fue pintada sobre el yeso húmedo de la pared del altar, utilizando la técnica del fresco.

¿Existe un segundo Juicio Final pintado por Miguel Ángel?

Sí. En 2024, investigadores confirmaron tras ocho años de estudio la existencia de una segunda versión del Juicio Final atribuida a Miguel Ángel, pintada sobre lienzo de lino y de pequeño formato. Actualmente se encuentra en una cámara acorazada en Ginebra (Suiza), propiedad de un grupo empresarial estadounidense.

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